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No odiarás tu trabajo después de ver lo que hacen en China

Ya sabemos que China no es el lugar ideal para vivir. Pese a la pujanza de su industria, pese al crecimiento económico constante a un ritmo elevadísimo, el país esconde múltiples miserias e injusticias. China no es un estado democrático, y ni siquiera se esfuerza en disimular lo contrario. La disidencia es perseguida y encarcelada, los medios de comunicación críticos censurados y la población, atenazada de miedo, prefiere callar para no meterse en problemas. No es precisamente el país en el que soñaríamos vivir.

En los últimos años se ha hecho cada vez más visible otro de los puntos oscuros del régimen chino: los trabajos forzados. La región de Xinjiang, en el noroeste del país, es una zona de mayoría musulmano que el Estado quiere “chinificar” a toda costa. Para ello, además de la represión política y la “reeducación”, el gobierno chino ha decidido emplear a los uigures, la etnia que vive en esa zona, en trabajos semiesclavos. O esclavos del todo.

La prensa internacional ha recogido varios escándalos sobre este tema en los últimos tiempos. Y cada cual es más escalofriante que el anterior. A principios del pasado mes de julio, por ejemplo, las autoridades aduaneras de Estados Unidos se incautaron de 13 toneladas de pelucas y extensiones capilares procedentes de China, valoradas en más de 700.000 euros. Todo indicaba que ese pelo les había sido extraído a los uigures recluidos en campos de concentración y trabajos forzados en Xinkiang.

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“El Partido Comunista Chino ha caído hasta sus cotas más bajas si al final resulta que este envío altamente sospechoso de 13 toneladas de cabello humano resulta estar vinculado a los campos de concentración uigures”, declaró John Ullyot, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca.

Veto a los productos de Xinjiang

Según una investigación del Instituto Australiano de Política Estratégica, China ha construido en tres años 380 centros de detención en la provincia de Xinjiang. Hasta un millón de personas permanecen encerradas en estas prisiones, donde son forzados a trabajar en diversas industrias y ocupaciones. Incluso se ha llegado a acusar a China de robarle sus órganos a estos presos para venderlos en el mercado negro internacional. 

Ante la abrumadora evidencia de los atropellos cometidos por China, Estados Unidos ha tomado cartas en el asunto. El pasado mes de septiembre Mark Morgan, el comisionado interino del Servicio de Aduanas y Protección de Fronteras, anunció que quedaban prohibidas las importaciones de distintos productos elaborados en región de Xinjiang. “El gobierno chino abusa sistemáticamente al pueblo Uigur”, aseguró Morgan, “el trabajo forzado representa un abuso atroz de los derechos humanos”. Entre los productos vetados se incluyen algodón, ropa y dispositivos electrónicos de cinco compañías específicas.

China, por su parte, hace como que la cosa no va consigo y niega la mayor. Pekín niega la existencia de centros de trabajo forzados, y dice que se trata de lugares de “formación profesional para combatir el extremismo”. Shohrat Zakir, gobernador de la región Xinjiang, los llama “campos de reeducación” y defiende su eficacia. Asegura que, todos los internos, encuentran un trabajo al quedar en libertad.

La industria del pelo

Esta misma semana, la CNN ha publicado un reportaje especial en el que ahonda en el tema. “Oro negro. Cómo la demanda global de pelo está relacionada con los trabajos forzados en Xinjiang”. Se trata de un trabajo de varios meses en el que han colaborado más de una decena de periodistas. Una investigación esclarecedora que demuestra que China está robándole el pelo a sus ciudadanos para venderlo luego en el extranjero.

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Además, la industria de la venta de pelo está en auge desde hace unos años. Solo en Estados Unidos, el sector movió más de 2.500 millones de dólares en 2018. Es sobre todo la población negra la que consumo estos productos. En su mayoría, este pelo que se vende en Nueva York o Washington proviene de China.

El reportaje de CNN recoge el testimonio de Lowe Davis, una mujer que tiene una tienda en la que pone pelo a los clientes. “Me quedé en shock al saber que ese pelo viene del trabajo forzado”, reconoce, “y yo no quiero participar ni apoyar nada que vaya contra los valores que defiendo”. 

Y, según la información recogida por CNN, el robo de pelo es solo lo más leve que les pasa a los uigures allí recluidos. Los periodistas se entrevistaron con personas que huyeron de esos campos, quienes aseguran que a las mujeres en los campos se las tortura, viola y esteriliza.

China, consciente de su poderío económico y tecnológico, niega las acusaciones y sigue a lo suyo. 

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