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El Real Madrid, vigente campeón de la Champions League, se despide de su competición fetiche tras caer estrepitosamente ante el Ajax por un gol a cuatro.

Ambiente enrarecido en Concha Espina. Los pupilos de Solari llegaban a la cita más importante de la presente temporada con la moral por los suelos, pero con la convicción (al menos sobre el papel) de dar el do de pecho necesario para salvar la campaña. El 1-2 de la ida cosechado en Ámsterdam, no exento de sufrimiento y, por qué no decirlo, de algo de polémica, hacía presagiar que los blancos avanzarían a los cuartos de final.

Pese a ello, las cosas se torcieron nada más arrancar la contienda. Siete minutos tardaría Ziyech en perforar el fondo de las mallas de la meta defendida por Courtois, que fue un gigante de principio a fin, pero que nada pudo hacer para frenar las acometidas de un Ajax que iba lanzado hacia la remontada. Corría el minuto 18, poco antes de alcanzar el ecuador del primer acto, cuando se produjo el segundo zarpazo de la noche por parte de los holandeses.

En esta ocasión, Neres se beneficiaría de un magistral pase filtrado por Tadić para resquebrajar la zaga madridista y enmudecer por completo a los seguidores que se congregaron en las gradas del Santiago Bernabéu. Solari contemplaba atónito cómo la sinfonía orquestada por Erik ten Hag ejecutaba a la perfección la obra maestra liderada por el eterno Johan Cruyff desde el cielo.

0-2 para el actual segundo clasificado de la Eredivisie, justo por detrás del PSV. El Ajax se había quitado todos los complejos y demostró que saltó al tapete verde del templo merengue sin tapujos, ni complejos. Sin nada que perder, pero mucho que ganar. Suena a tópico, si bien es cierto que la fantasía (y no hablamos de la película de Mickey Mouse) se estaba transformando en realidad a mayor velocidad que evolucionaban los Pokémon o los Digimon en nuestros tiempos mozos (puede que no tan mozos).

El entreacto supuso una auténtica bomba de oxígeno para el cuadro madridista. Todo hacía indicar que el técnico argentino daría con la tecla para ajustar sus piezas, aunque conviene destacar que Bale (en detrimento de Lucas) y Asensio (en lugar de Vinícius) habían ingresado al terreno de juego antes del descanso. Tanto el galés como el mallorquín reemplazaron al ‘17’ y al brasileño con motivo de las lesiones padecidas por ambos futbolistas, dolencias sin duda originadas por la carga de minutos acumulados durante la última semana (dos Clásicos frente al FC Barcelona en Copa y Liga).

Parecía que el Real Madrid daba un paso al frente, haciendo gala de su triple corona consecutiva en el Viejo Continente (cuatro entorchados en cinco años). Nada más lejos de la realidad. Un espejismo más drástico que lo acontecido en el Johan Cruyff Arena hace menos de un mes. Tadić iba a confirmar los peores presagios del madridismo. El serbio sirvió en bandeja de plata el segundo tanto de la noche a su compañero Neres, pero se disfrazó de Juan Palomo para ponerle la puntilla al mejor club del siglo XX.

El 0-3 que reflejaba el luminoso del santuario blanco (minuto 62) supuso un auténtico varapalo para la parroquia merengue. Las fuerzas físicas escaseaban. El estado anímico era similar al de un paciente ingresado por depresión crónica. El Madrid necesitaba terapia, pero no precisamente de choque. Asensio dejó de estar tan ausente como durante la gran mayoría del curso balompédico 2018-2019 para otorgar un halo de esperanza a los suyos, apaciguando las sombras para reflejar un leve destello de luz al final del túnel (minuto 70 de la confrontación).

Dos minutos. 120 segundos. Eso fue lo que tardó Schøne en firmar el 1-4 (a la postre definitivo) que campearía en el electrónico del Bernabéu tras el pitido decisivo del colegiado. El danés botó un magistral lanzamiento de libre directo desde el perfil zurdo del ataque holandés, rememorando los fantasmas del pasado de un Courtois que ya encajó una diana realmente similar bajo las botas de Leo Messi allá por el año 2012 (en aquel momento, el belga militaba en el Atlético de Madrid del ‘Cholo’ Simeone y el duelo se celebró en el mítico Vicente Calderón).

Poco más que añadir. Ajax y Tottenham son los dos primeros planteles que han sellado su billete directo a cuartos de la máxima competición de clubes en Europa (y prácticamente en el planeta Tierra) después de deshacerse de Madrid y Dortmund, respectivamente. Los hombres dirigidos por Ten Hag son el fiel reflejo de la ilusión y la esperanza, de ese alumno aventajado que te encandila con una simple carantoña y al que no puedes regañar por muchas travesuras que haya cometido.

De Jong (fichado por el Barça para la próxima temporada), De Ligt (en la órbita azulgrana), Tadić, Onana (criado en La Masía), Ziyech, Schøne, Neres o el sempiterno Huntelaar (antiguo inquilino de la Casa Blanca) son varios de los baluartes de la joya de la corona comandada por Erik ten Hag desde el banquillo y patentada por don Johan Cruyff (allá dondequiera que esté). La leyenda renace. El estilo permanece. El fútbol es el deporte rey. El Ajax sonríe. El madridismo llora resignado. Lopetegui respira aliviado (mal de muchos, consuelo de tontos). Solari queda pendiente de un hilo, en la cuerda floja, como si de un trapecista se tratase. Y, mientras tanto, el auténtico responsable, el mandamás que está sentado en el palco, volverá a tirar de su chequera para ocupar el vacío dejado por Cristiano Ronaldo y Zidane al concluir el curso 2017-2018.

Los candidatos a suceder a los merengues en el trono europeo esbozan una sonrisa de oreja a oreja, empezando por sus rivales en nuestro país: Atlético de Madrid y FC Barcelona. No nos olvidemos de los multimillonarios proyectos de PSG o Manchester City, de dos históricos como Liverpool o Bayern (solamente uno seguirá en pie en cuartos) o de la ‘Cenicienta’ de la presente edición de la Champions: Oporto o Roma. Los portugueses cuentan en sus filas con uno de los mejores guardametas de todos los tiempos, Iker ‘El Santo’ Casillas. Los italianos ya obraron la machada el año anterior al derrocar a la escuadra culé en el Olímpico, duelo de infausto recuerdo para los aficionados del cuadro blaugrana. ¿Quién será el nuevo rey de Europa?