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1Tendemos a minimizarlos porque, usualmente, igual que llegaron se irán. Un día tras muchos vaivenes

Tendemos a minimizarlos porque, usualmente, igual que llegaron se irán. Un día tras muchos vaivenes y vigilia, las pesadillas dejarán de incomodar a todo el mundo. Pero debemos saber que en casos extremos se convierten en verdaderos problema de conducta con aderezos como pataletas, malos hábitos y rebeldía. Otras veces llega a provocar pis en la cama mareos y dolores de barriga. La psicóloga infantil y pedagoga Montse Domènechen, detalló estrategias para solucionar el entuerto en su libro 'La vacuna contra el miedo' (Plaza Janés). ¿Qué son los terrores nocturnos? ¿Por qué estas recurrentes pesadillas? Manifestaciones emocionales que expresan la inseguridad o el temor hacia experiencias desconocidas o que no están bajo el control de la persona que las sufre. Al fin y al cabo ellos están comenzando a conocer el mundo.Y existe un riesgo evidente en no ponerles coto. Hay un riesgo de que si no ayudamos a nuestro hijo a superar sus temores en la edad infantil, más adelante y durante toda su vida se pueden convertir en inseguridades y fobias. Según Doménech: “Este conjunto de sentimientos es ancestral y en realidad es un fenómeno positivo porque nos defiende de posibles peligros. Pero como en todas las facetas de la vida, hay niños con excesivo miedo y otros que son temerarios”. Pero debemos saber que muchas veces, “detrás de un niño miedoso muchas veces hay padres miedosos que, de manera inconsciente, han transmitido el miedo a sus hijos”, comenta la terapeuta. ¿El primer remedio antes de avanzar? Control parental sobre lo que el niño visualiza a través de la televisión o internet y explicarle las imágenes crueles o violentas que no se explican y pueden herir su sensibilidad. ¿Repasamos los miedos? Maldita oscuridadEs el más frecuente entre los niños y genera tanta desorientación que en algunas ocasiones puede comportar que el pequeño sufra una especie de ataque de ansiedad cuando llega la hora de irse a dormir. Detrás del asunto está la imaginación de los niños que llegan a convertir la sillita de su mesa en un monstruo de dos cabezas. Según la autora del libro, “detrás de este temor tan frecuente se esconde en realidad otro: los pequeños tienen miedo de desconectar de los padres, no es que la oscuridad por si misma les provoque terror”. La psicóloga propone varias técnicas y juegos que pueden ayudar a evitar este mal trago al niño. Por ejemplo, acompañándolo durante un rato y hacerle ver que la oscuridad es bonita porque invita a imaginar cosas preciosas. Básicamente, acostumbrarse a jugar con la penumbra.

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