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Las campañas siempre son un momento para el encuentro con simpatizantes, amigos y ciudadanos anónimos. ¿Qué le han trasladado durante estos días?

El problema que estamos afrontando en esta campaña es que los españoles, los andaluces y los granadinos llevamos en campaña casi un año. Empezamos con las autonómicas, posteriormente las generales y ahora las municipales. Tal y como está la situación, noto en la calle cierto hartazgo. Por lo que respecta a nuestra formación política, creo en la remontada, pero después de lo que nos ocurrió el 28 de abril, la gente tiene ganas de sacarse la espina de lo que pasó. Se han dado cuenta de que si el centro derecha va dividido, gana la izquierda y creo que ahora nuestros resultados pueden ser mucho más favorables que hace unas semanas.

¿Podría hacernos un resumen de las líneas principales de su programa?

La Gran Granada es, sin lugar a dudas, el programa de referencia para nuestra ciudad. El alcalde no ha presentado nada. Otros partidos plantean ideas muy etéreas, salvo alguna muy puntual, aunque es respetable que cada uno lleve lo que quiera. Las propuestas más serias, sólidas y solventes son las del Partido Popular, como el teleférico de Sierra Nevada. Creemos en un transporte ecológico que una Granada con nuestra Sierra. Nuestro objetivo es generar empleo, riqueza y una subida del Producto Interior Bruto para los granadinos. Por ejemplo, con el túnel subterráneo; cuatro kilómetros que atraviesan de norte a sur la ciudad, que tiene 1.000 aparcamientos para vehículos, 250 para autobuses y que permitirá una ciudad más habitable donde puedas pasear y disfrutar del centro de Granada sin la congestión del tráfico. Además, tenemos muchas esperanzas en conectar con medios mecánicos la ciudad con la Alhambra y el Albaicín. Lo necesitamos. El ejemplo de Toledo es un éxito rotundo. Teniendo Granada el monumento más visitado, no obtenemos la repercusión económica y el trabajo que podría generar. Ese problema hay que solventarlo, al igual que el cierre del anillo.

Me preocupa mucho la calidad del aire de Granada. Somos la tercera ciudad más contaminada de España después de Barcelona y Madrid. El aire que estamos respirando no es puro. Esa boina negra que se pone justo encima de la capital tiene un motivo y está claro: el tráfico de vehículos. Estamos soportando cada día 150.000 vehículos en la Circunvalación y 75.000 vehículos en la Ronda Sur, es decir, más de 200.000 vehículos todos los días en los atascos. El año pasado se calcula que en ese espacio se vertieron a la atmósfera 400.000 toneladas de CO2. Hay que cuidar la calidad del aire. No es lógico que una ciudad como Granada sea la tercera ciudad más contaminada de España. Este problema hay que arreglarlo como sea y el cierre del anillo permitiría a la ciudad descongestionar el tráfico, evitar un 50% las emisiones de CO2 a la atmósfera y reducir los problemas de contaminación en Granada.

¿Cuál es su iniciativa estrella, aquella que destacaría sobre el resto?

Los dos proyectos estrella del Partido Popular son el teleférico a Sierra Nevada y los accesos mecánicos al Albaicín y a la Alhambra porque nos reportan una fuente de riqueza y empleo a la ciudad que permitirían darle oportunidades a muchos jóvenes, devolviendo nuestra Sierra y nuestro patrimonio a los granadinos. Aspiro a llevar a Granada al lugar donde siempre estuvo. Estas dos iniciativas son las que ayudarían más y mejor a que los jóvenes se queden en Granada, tengan su empleo no precario y puedan alquilar o comprar su vivienda, formar su familia y vivir emancipados. El problema de Granada es que nueve de cada diez jóvenes menores de 30 años viven todavía con sus padres.

¿En qué se diferencia su propuesta para gobernar Granada del resto de candidatos?

Nuestras propuestas son creíbles, posibles y serias. Generan riqueza y empleo y proyectan a Granada. La ciudad está ahora mismo paralizada. Por ejemplo, en la Calle Mesones hay muchos locales que se alquilan o se venden, algo nunca visto en los últimos 30 años. Desde el Partido Popular de Granada ofrecemos propuestas para crear empleo y que nuestros hijos se puedan quedar en Granada. El año pasado, 10.500 jóvenes de nuestra ciudad se marcharon porque no tenían oportunidades en nuestra tierra. Granada tenía 280.000 habitantes hace 20 años. Ahora, estamos por los 230.000 y bajando. Necesitamos más empresas que generen riqueza y sinergias en la ciudad.

¿Cuál es la primera medida que tomará si es elegido alcalde de Granada?

Poner en marcha un plan en la Zona Norte para evitar el problema de extrema gravedad con un barrio que tiene cortes de luz permanentemente y graves problemas de seguridad. Y, desde desde luego, no podemos convertir a Granada en la capital de la marihuana, tal y como titulaba un periódico nacional. Hay que hablar con las Fuerzas de Seguridad y desarrollar un plan para integrar al barrio de Almanjáyar, a su buena gente trabajadora que he visitado esta campaña. Por ejemplo, he conocido el caso de un matrimonio mayor. No se puede permitir que estén 18 horas sin luz. Entre otros muchos problemas, no pueden tener nada en los frigoríficos y vuelven a comprar neveras de gas butano, que ya se habían perdido, para mantener sus alimentos y no tirar la compra. Y con la llegada del verano, va a peor. La situación es tercermundista y, como alcalde, no lo voy a tolerar.

¿Dónde se ve el día siguiente a las elecciones?

El día siguiente a las elecciones yo voy a seguir igual, con mi familia y en mi casa. Estaré donde me pongan los granadinos. Si el domingo me dicen que tire para adelante, sea valiente y ponga la Gran Granada en marcha, pues ahí voy a estar. Y si estiman que otros proyectos les seducen más, estaré donde diga mi partido. Sinceramente, soy un tío muy normal. La gente se piensa que los políticos somos de una manera extraña, pero no estamos por encima del bien y del mal, ni andamos dos palmos sobre el suelo. No he sido un hombre que haya creado conflicto y problema. Todo lo contrario. He procurado aplicar la política con mucha humanidad, pero los estereotipos son los que son y comprendo que te pueden marcar. Cuando no conoces a una persona, crees que es así por lo que te han comentado. Además, la empatía es la empatía y no puedo gustarle a todo el mundo después de tantos años en la vida pública.

La vocación de servicio es mi razón de ser. Recuerdo la historia de María, una señora que llevaba 20 años sin poder salir de su habitación y a la que arreglamos su calle cuando ganamos la Diputación de Granada, dos días después de tomar posesión en el cargo. Cuando llegué a inaugurar la calle, ella estaba en silla de ruedas. Me cogió de las manos y empezó a besármelas. Aquello me sobrecogió, me puse de rodillas a su nivel y le dije que, por favor, no hiciera eso, que era yo quien tenía que besarle las manos a ella por habernos despertado las conciencias de que hay personas que sufren como ella, sin enterarnos. Son momentos hermosos.

Me ataca mucha gente, me dan muchos palos. Pero mis principios son éstos y yo no soy como Groucho Marx. Por eso no tengo complejos. En un reciente debate electoral, replicaba a Francisco Cuenca que no se equivocara hablando de izquierdas y derechas. Las personas son buenas o malas y la pobreza no es de izquierdas o derechas, es pobreza. Mis años de experiencia me han permitido saber discernir entre lo importante y lo urgente. Primero lo importante y después, lo urgente.

Hay una frase de un poema de Ramón de Campoamor que he repetido mucho en mi carrera política y que junto a la frase de Federico García Lorca, cuando dijo que “en Granada, dos y dos no son cuatro” es, para mí, la mejor frase que se ha escrito: “En este mundo traidor, nada es verdad ni nada es mentira. Todo es según el color del cristal con el que se mira”. Al final, todo va a su sitio. Todo tiene su orden natural y, para mí, es una experiencia apasionante. Llevo muchos años en la vida pública y me gustaría culminar mi carrera política dándole a mi ciudad todo lo que ella me ha dado, que ha sido mucho.