Francia se enfrenta a una de las crisis sociales más severas bajo la administración de Emmanuel Macron, tras la rápida escalada de unas protestas estudiantiles iniciadas a principios de octubre que han derivado en un estallido a nivel nacional. La convergencia de movilizaciones de diversos sectores desembocó este sábado en una jornada de extrema tensión, caracterizada por incendios de edificios, saqueos y violentos choques con las fuerzas de seguridad, lo que ha llevado al Ejecutivo a decretar toques de queda parciales en varias localidades.
Los disturbios han dejado un saldo importante y un país conmocionado. Hasta el momento, el balance provisional reporta el fallecimiento de una persona por paro cardíaco, cerca de 2.400 detenciones y unos 600 policías, gendarmes y bomberos heridos. A nivel económico, el impacto es devastador: la Federación del Comercio y de la Distribución calcula pérdidas que podrían alcanzar los cientos de millones de euros tras el saqueo de aproximadamente 1.500 establecimientos.
Vamos a continuación cuáles son los motivos y reivindicaciones.
2La pérdida de poder adquisitivo y el precio de la energía
El precio de la energía es el detonante inmediato. El instituto estadístico francés (Insee) situó la inflación en el 3,1% interanual en septiembre, la más alta desde enero de 2024, y el componente energético se disparó un 21,3%, frente al 16,7% de agosto y el 12,6% de julio. El gasóleo acumula una subida del 44,1% en doce meses, la gasolina del 25,7% y el gas natural del 19%, mientras el combustible líquido de calefacción lo hace un 64,6%. En el surtidor, el diésel ronda los 2,35 euros por litro, después de pasar de 1,70 a 2,40 euros en apenas medio año. El origen está fuera de Francia: el bloqueo del estrecho de Ormuz desde finales de febrero y la guerra en Oriente Próximo han empujado el barril por encima de los 106 dólares. A ello se suma el gas, cuyo precio de referencia subió un 6,3% el 1 de octubre y acumula cerca del 30% en lo que va de 2026.
El encarecimiento golpea a una economía ya debilitada. El poder adquisitivo de los hogares cayó un 0,7% en 2025 y las previsiones apuntan a otro retroceso este año —el Insee calcula una contracción del 0,4%—, con salarios que no han recuperado el terreno perdido. Vivienda, calefacción e iluminación absorben en torno a un tercio del presupuesto familiar, y la ONPE estimaba ya en 2023 que alrededor del 10% de los hogares vivía en pobreza energética. Con el paro en el 8,3% y el crecimiento revisado al 0,4%, el malestar une a quienes no llegan a fin de mes con transportistas, agricultores y pescadores para quienes el gasóleo es un coste de producción; el mismo combustible que en 2018 hizo estallar a los chalecos amarillos. Las ayudas anunciadas —liberación de 10 millones de barriles de reservas estratégicas y 20 céntimos por litro para grandes conductores— se consideran insuficientes, y la protesta exige subidas de salarios y pensiones y la congelación de precios básicos mientras el Gobierno prepara recortes de unos 43.000 millones de euros.
