3Vitamina D: solo tiene evidencia si hay déficit, no como seguro universal
La vitamina D es probablemente el suplemento más vendido del mundo y también el que más se ha desligado de su indicación original. Su gran reclamo comercial —huesos fuertes, inmunidad, energía, prevención de cáncer o de caídas— se apoya en estudios observacionales que asocian niveles bajos de 25(OH)D con más enfermedad, pero no demuestran que subir esos niveles con una pastilla cambie el pronóstico. Cuando se han hecho ensayos aleatorizados serios, el resultado ha sido decepcionante: la US Preventive Services Task Force cerró 2024 con una recomendación de grado D contra la suplementación con vitamina D, con o sin calcio, para prevenir caídas y fracturas en adultos de 60 años o más que viven en la comunidad, y los grandes ensayos con más de 20.000 participantes no han encontrado efectos claros en la prevención de enfermedades.
La guía de la Endocrine Society de 2024 marca bien dónde está la raya. No recomienda suplementar por encima de la ingesta diaria recomendada (600 UI, 15 µg, hasta los 70 años; 800 UI después) a adultos sanos menores de 75 años, ni medir rutinariamente la 25(OH)D en la población general, y da por superado el umbral de 30 ng/mL que durante años se vendió como "nivel óptimo": no existe evidencia de ensayos clínicos que defina qué cifra hay que alcanzar. Sí sugiere suplementación empírica en cuatro supuestos concretos: niños y adolescentes de 1 a 18 años (raquitismo), embarazadas, mayores de 75 años y prediabetes de alto riesgo. Fuera de ahí, el déficit es real y frecuente —un análisis de 130.030 muestras en un hospital de Barcelona encontró un 34,2% por debajo de 20 ng/mL—, pero el problema es que casi todos los ensayos reclutaron a gente que ya tenía niveles suficientes, así que la pregunta de si tratar a quien de verdad está bajo sigue sin respuesta clara.
