El software del Museo del Prado desvela los secretos de las momias egipcias de la necrópolis tebana

La misión hispano-egipcia del proyecto C2 investiga en Luxor si en esa sepultura se reenvolvieron cuerpos de faraones como Ramsés II. Los vendajes aparecen entre las piedras de la entrada.

Unos fragmentos de tela asoman entre las piedras de una tumba de Luxor. Podrían ser los vendajes de una reina egipcia que vivió hace más de 3.000 años. Y en el centro de la investigación hay una herramienta que no esperarías encontrar en un yacimiento: el software del Museo del Prado ayuda a leer los vendajes.

La misión que ha puesto en marcha esa maquinaria es hispano-egipcia. Excava en la necrópolis tebana, la gran área funeraria de la orilla occidental del Nilo, y centra sus esfuerzos en el valle que los investigadores conocen como el Escondite de las momias reales. Allí, el equipo del proyecto C2 trabaja con una hipótesis sugerente: que una de las sepulturas perteneció a Ahmose Inhapi, reina de la XVII dinastía.

Los primeros indicios son esos trozos de venda que aparecen entre los bloques. «.

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Porque si esos vendajes son lo que parecen, la tumba no sería solo el descanso de una reina. El equipo sospecha que en esa sepultura se desvendaron y volvieron a reentelar los cuerpos de faraones tan célebres como Ramsés II o Tutmosis III. Es decir: la tumba pudo funcionar como un taller de urgencia para las momias egipcias más veneradas del país.

Conviene saber que la historia egipcia guarda episodios así. Ante el saqueo continuo de las necrópolis, los sacerdotes de la XXI dinastía trasladaron y reenvolvieron cuerpos reales para ponerlos a salvo. Documentar ese ir y venir de vendas es documentar una operación de rescate de hace tres milenios.

Una venda no es un envoltorio: es un documento que dice quién tocó el cuerpo, cuándo y con qué prisa.

Qué se ha encontrado en la tumba de Ahmose Inhapi

De momento, lo que hay sobre la mesa son fragmentos de tela y muchas preguntas. Un conjunto de fragmentos aparecieron entre los bloques de la entrada, y cada trozo de venda se documenta como si fuera una pieza de museo. Lo es, en realidad.

Ahmose Inhapi no es un nombre cualquiera. Su título remite a la familia real tebana que, al final de la XVII dinastía, libró la guerra contra los hicsos y abrió el camino hacia el Imperio Nuevo. La reina pertenece a la dinastía que expulsó a los hicsos, una época de conflicto, alianzas y propaganda en la que enterrar bien a los muertos era también un gesto político.

La hipótesis del reentelado encaja con ese mundo. Si los cuerpos de Ramsés II y Tutmosis III pasaron por aquí, la sepultura de Inhapi sería una pieza clave para reconstruir el mapa del traslado de las momias reales, el mismo que acabó depositando decenas de cuerpos en el escondite de Deir el-Bahari.

Cómo ayuda el software del Museo del Prado a la misión

Aquí llega la parte técnica. La información difundida hasta ahora no detalla cómo funciona la herramienta del Prado, pero sí confirma su papel: la misión la emplea para estudiar los vendajes de la tumba. Un dato que dice mucho de cómo ha cambiado la arqueología.

Un vendaje es información pura. La trama de la tela, el grosor, el número de vueltas, la resina que la fija, la posición de cada pliegue: todo eso permite reconstruir la secuencia en que se envolvió un cuerpo e incluso detectar si hubo una segunda intervención siglos después. Gestionar miles de fragmentos así exige bases de datos potentes y criterios de comparación muy finos.

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Ahmose Inhapi

Ahí encajan los programas de documentación que los grandes museos llevan años desarrollando para sus propias colecciones. El Museo del Prado presta su herramienta a la misión egipcia y, con ella, una manera de trabajar que nació entre vitrinas y que ahora sirve para leer el subsuelo de Luxor. Quien quiera conocer esa línea de trabajo puede consultarla en la web oficial del Museo del Prado.

Por qué esta investigación importa más allá de Luxor

El valle de los Reyes y sus alrededores llevan dos siglos siendo excavados, y aun así seguimos aprendiendo cosas nuevas. El hallazgo del escondite de Deir el-Bahari en 1881 ya demostró que los egipcios movieron a sus faraones de sitio para protegerlos. Lo que ahora se investiga en la necrópolis tebana añade una capa anterior: no solo el traslado, también la manipulación de los vendajes.

En ese terreno, la arqueología española tiene mucho que decir. Misiones como el Proyecto Djehuty, del CSIC, llevan años trabajando en la orilla occidental con equipos mixtos y publicaciones científicas. La misión hispano-egipcia del proyecto C2 se suma a esa tradición y lo hace, además, con tecnología cedida por una de las grandes pinacotecas europeas.

Ese cruce, una pinacoteca clásica prestando software a una excavación en Egipto, es la noticia de fondo. El museo deja de ser un lugar donde las obras duermen y se convierte en socio técnico de la investigación. El estudio de los vendajes puede reescribir un capítulo entero de las momias reales.

La investigación sigue abierta. Los resultados llegarán con las publicaciones del equipo, y merece la pena seguirles la pista: cuando se estudia una venda con este nivel de detalle, las sorpresas son parte del método.

Ficha técnica

  • Título: Tumba atribuida a la reina Ahmose Inhapi (necrópolis tebana).
  • Autor o autora: Misión hispano-egipcia del proyecto C2, codirigida por José Ramón Pérez-Accino y Hissam el-Leithy.
  • Qué puedes ver: Fragmentos de vendajes de momia localizados en la entrada de la sepultura y el trabajo de documentación realizado con el software del Museo del Prado.
  • Recinto y ciudad: Necrópolis tebana, Luxor (Egipto); software del Museo Nacional del Prado, Madrid.