La escritora Isabel Allende vuelve a ocupar un lugar destacado en la actualidad literaria tras convertirse en la ganadora del Premio Planeta 2026. El reconocimiento permite recuperar una de las entrevistas más personales que concedió a la revista Lecturas, publicada en 2007, en la que habló de su carrera, su familia y la pérdida de su hija Paula. En aquella conversación con la también escritora Milena Busquets, la autora chilena repasó algunas de las experiencias que marcaron su trayectoria y explicó cómo la escritura le permitió afrontar uno de los momentos más difíciles de su vida.
Desde Estados Unidos, donde residía entonces, Isabel Allende respondió a preguntas sobre su oficio, la maternidad, el feminismo y sus relaciones personales. También recordó el año de sufrimiento que vivió mientras Paula permanecía ingresada en un hospital de Madrid. “Me sentí impotente cuando Paula, mi hija, enfermó, porque estaba atrapada en un hospital, en una situación que no podía controlar, no tenía ningún poder para salvar a mi hija. Fue un año de impotencia completa”. Sus palabras reflejaban la experiencia de una madre que tuvo que enfrentarse a una situación que escapaba por completo a su control.
Isabel Allende recupera una entrevista marcada por la pérdida de su hija

La conversación publicada por Lecturas en 2007 permite acercarse a una faceta íntima de Isabel Allende. La escritora acababa de presentar La suma de los días, un libro situado entre la autobiografía y las memorias, y habló con Milena Busquets sobre las experiencias personales que alimentaban su literatura. El diálogo abordó desde sus hábitos de escritura hasta las circunstancias familiares que habían condicionado su manera de entender la vida.
Nacida en Lima, Perú, en octubre de 1942, Isabel Allende es periodista y escritora, además de sobrina del presidente chileno Salvador Allende, asesinado tras el golpe militar de 1973. Antes de consolidarse como novelista, trabajó como periodista en Chile hasta ese mismo año. Su carrera literaria comenzó con La casa de los espíritus, a la que siguieron títulos como De amor y de sombras, Eva Luna y El plan infinito, una obra relacionada con la vida de su segundo marido, William Gordon, conocido como Willie.
En la entrevista, Milena Busquets quiso saber qué llevaba a Isabel Allende a escribir. La autora explicó que no concebía la literatura como una actividad ocasional, sino como su profesión y una costumbre que le permitía conservar sus experiencias. “Porque escribir es mi oficio, no sé hacer otra cosa; este es mi trabajo. Y además tengo el hábito de escribir todo lo que pasa. Se lo escribo a mi mamá en una carta diaria y siento que, si no he escrito esa carta, lo que ha ocurrido se me va a olvidar mañana. Como ocurre con los sueños, que se olvidan rápidamente si uno no los escribe, y es como no haberlo vivido, o no haberlo soñado. Por eso para mí es importante escribir, para sentir que he vivido, para entender, para organizar la realidad dentro de mi cabeza y de mi corazón”.
La escritora también reconoció que, pese a definirse como una persona sociable, necesitaba estar sola para desarrollar su trabajo. “Yo soy gregaria, pero sí, la literatura requiere soledad. Y en esa soledad, en ese silencio, uno empieza a ver las conexiones, las relaciones entre las cosas, las intenciones de las personas, cómo las cosas se repiten, cómo todo es circular. Y si vives lo suficiente, alcanzas a ver que cada historia tiene un vuelco y un final”.
La enfermedad de Paula y el dolor que Isabel Allende convirtió en literatura
Uno de los momentos más duros de la entrevista llegó cuando Milena Busquets le preguntó si alguna vez se había sentido paralizada ante las circunstancias. Isabel Allende respondió recordando la enfermedad de su hija Paula, que permaneció casi un año en coma en un hospital de Madrid antes de morir en 1992, a los 28 años.
“Me sentí impotente cuando Paula, mi hija, enfermó, porque estaba atrapada en un hospital, en una situación que no podía controlar, no tenía ningún poder para salvar a mi hija. Fue un año de impotencia completa. Pero luego, al escribir el libro, pude entender la situación, aceptarla, y vivir la tristeza con tranquilidad, igual como se vive la alegría”.
La pérdida tuvo un efecto profundo en la autora y dio lugar a Paula, uno de sus libros más íntimos y personales, dedicado a su hija. En la conversación con Lecturas, Isabel Allende explicó que escribir le permitió ordenar lo sucedido y encontrar una forma de convivir con la tristeza. No presentó la literatura como una solución inmediata al duelo, sino como una manera de comprender una experiencia que había alterado su vida.
La muerte de Paula también está relacionada con el trabajo de la fundación creada en su homenaje. Al hablar de cómo afrontaba la pérdida de sus seres queridos, la escritora señaló que su respuesta pasaba por mantener vivo el recuerdo y dedicar parte de su actividad a otras personas. “En mi caso, escribiendo, recordando. Tengo una fundación que alimento con cada libro que escribo. Hacemos trabajo con mujeres y niñas inmigrantes en el campo de la salud, la educación y la protección. En esa fundación, que fue creada en homenaje a Paula, cada vez que firmo los cheques o que llevo una carta, Paula está presente, está ahí, siempre”.
Isabel Allende explica qué lugar ocupa la maternidad en su vida

La maternidad fue otro de los asuntos centrales de la entrevista. Preguntada por la importancia que había tenido en su trayectoria, Isabel Allende afirmó que ser madre había sido esencial para ella, aunque rechazó que todas las mujeres tuvieran que seguir ese camino para sentirse realizadas.
“Para mí ha sido esencial, pero no creo que una mujer, para realizarse, tenga necesariamente que ser madre; hay mujeres que no tienen hijos y que están perfectamente realizadas. Yo tuve los hijos muy joven, sin pensar, porque en aquella época uno no planificaba la familia. Una se quedaba embarazada y listo. Pero esos dos niños que tuve y la maternidad me definieron como mujer. Cuando te digo que soy la matriarca es porque soy madre de Nicolás, abuela, suegra... Hago todos los roles maternales, en todas las generaciones”.
Su respuesta mostraba la importancia que concedía a los vínculos familiares, pero también la libertad de cada mujer para construir su propia vida. Isabel Allende se describía como una matriarca que desempeñaba diferentes funciones dentro de su entorno familiar y que encontraba en esas relaciones una parte fundamental de su identidad.
La escritora también fue contundente al hablar del feminismo. “Absolutamente. Me parece que cualquier mujer joven que niega ser feminista y que goza de todos los privilegios del feminismo tendría que recapacitar y pensar que también lo puede perder todo”. Con esta afirmación, defendió la importancia de reconocer los derechos conquistados y de no dar por garantizados los avances en igualdad.
La conversación abordó, además, la diferencia entre el amor hacia los hijos y el que se siente por una pareja. “El amor por los hijos es totalmente incondicional. Uno les tapa todo, miente para protegerlos, mata para protegerlos. Con un hombre no, si un hombre te falla, dejas de amarlo”. La respuesta reflejó la distinción que establecía entre el vínculo materno y una relación sentimental, en la que consideraba necesario que existieran unas condiciones para mantener el amor.
La escritora habla del amor, su matrimonio y la familia que eligió
La vida sentimental de Isabel Allende también tuvo espacio en la entrevista. Tras separarse de su primer marido, Miguel Frías, en 1986, la escritora contrajo matrimonio con William Gordon en julio de 1988. Desde entonces, ambos compartieron su vida en California, donde residía la autora cuando respondió a las preguntas de Milena Busquets.
Al preguntarle por la idea recurrente de encontrar al hombre de su vida, Isabel Allende reconoció que había cambiado su manera de entender las relaciones. “Sí, pero es una utopía. Tuve un hombre que yo creí que iba a ser el hombre de mi vida, que fue el padre de mis hijos, y después nos separamos y nos fuimos cada uno por su lado. Y después apareció Willie. A mí me parece que los hombres son como árboles de Navidad, que hay que colgarles bolas de colores para que brillen, y ponerles luces, porque quizá los seres humanos en general son como árboles de Navidad y uno les cuelga virtudes y características que tal vez son inventos de uno, no sé. Yo he tenido suerte con Willie, porque por lo menos ha sido muy paciente conmigo. Y parece que realmente me quiere”.
La autora también explicó qué acuerdos consideraba importantes para que un matrimonio funcionara. “Cuando Willie y yo decidimos casarnos, nos planteamos qué tipo de relación íbamos a tener. Decidimos que sería un matrimonio monógamo, porque lo otro no funciona. Ese fue uno de los requisitos básicos. La otra cosa era que cada uno tiene su jardín secreto, su vida, sus gustos, su trabajo; hay que dejar espacio para el otro”.
Su visión de la familia tampoco se ajustaba necesariamente al modelo tradicional. La escritora explicó que, después del golpe militar en Chile, sus familiares quedaron repartidos por diferentes lugares del mundo y nunca volvieron a reunirse como antes. Con el tiempo, construyó un círculo de personas con las que mantenía una relación elegida y no impuesta por los vínculos de parentesco.
“La familia que me fue dada salió desparramada por el mundo después del golpe militar (en Chile) y nunca se volvió a juntar. Me he tenido que hacer una familia. El grupo de gente que somos no estamos forzados a estar juntos como las familias tradicionales. Nosotros nos hemos escogido unos a otros; estamos juntos por elección, entonces es mucho más fácil. Nosotros nos gustamos”.
La infancia y los recuerdos como origen de sus historias
La entrevista también permitió conocer el peso que la infancia tenía en la forma de escribir de Isabel Allende. Cuando Milena Busquets le preguntó si los recuerdos de sus primeros años constituían el origen de buena parte de su obra, la autora respondió afirmativamente y explicó que las experiencias infantiles podían dejar una huella duradera.
“Sí. Las impresiones que uno tiene de la primera infancia son esenciales. Uno no tiene ningún poder para controlar su realidad, depende de los demás. Yo creo que los que eventualmente se convierten en escritores son personas que de niños eran especialmente sensibles y solitarios. Las impresiones que reciben todos los niños son doblemente fuertes y poderosas en este tipo de sensibilidad y por eso uno recurre tanto a la infancia, la tiene tan presente. Hay cosas que aprendí de las que nunca me he podido desprender, como un sentido estoico de la vida, la disciplina, el deber, la responsabilidad, el trabajo. Cosas heredadas de mi abuelo vasco, que me arruinó la vida muchos años”.
Esas experiencias, según explicó, continuaron presentes en su forma de entender el mundo. La disciplina y el sentido de la responsabilidad que atribuyó a la educación recibida se mezclaron con los recuerdos personales que después trasladó a sus novelas. La infancia, por tanto, aparecía en su explicación como una etapa decisiva para comprender tanto su carácter como su manera de observar a los demás.
La autora también habló de la importancia de disfrutar de los pequeños detalles cotidianos. Al describir la vitalidad que atraviesa sus libros, destacó su deseo de vivir y prestar atención a las experiencias sencillas que encontraba a su alrededor.
“Sí, las ganas de vivir. Y de gozar de lo que hay. Hay tanto que es sensual en la vida, los olores, las rosas que corta Willie en el jardín. Willie, que es completamente alérgico a las flores, sale todas las mañanas y se traga la alergia; me corta rosas de su jardín, las cultiva él para mí. Todas estas pequeñas cosas hacen que la vida sea digna de vivirse y de celebrarse”.



