Reconócelo: ibas a buen ritmo y ese pinchazo bajo las costillas te ha obligado a frenar. El flato al correr aparece sin avisar, se clava donde menos te lo esperas y se marcha casi tan rápido como llegó.
Hablamos de un dolor abdominal transitorio que casi todo el mundo ha sentido alguna vez. Tiene un patrón reconocible, varias explicaciones posibles y ningún culpable confirmado. Vamos con lo que se sabe de verdad.
Qué es el flato y por qué aparece justo cuando aprietas
Sobre el mecanismo hay varias hipótesis y ninguna está confirmada, según el repaso que firma Mejor con Salud. Una apunta a una irritación de la membrana que recubre el abdomen. Otra habla de tensión en los ligamentos que sujetan los órganos al diafragma, el músculo que separa el pecho de la barriga. Y una tercera señala directamente la fatiga de ese mismo diafragma.
Lo que sí está claro es cómo se presenta. Llega de golpe durante el esfuerzo, se localiza en un punto concreto del abdomen o bajo las costillas y se siente como un pinchazo, un tirón o un calambre. Es habitual al correr, al nadar y en cualquier deporte con movimientos repetitivos del tronco.
Y aquí va el primer mito que conviene derribar: no es cosa de principiantes. Le pasa a quien acaba de empezar y también a deportistas con años de kilómetros en las piernas.
El flato no distingue entre novatos y veteranos: aparece, te frena y se marcha solo cuando bajas el ritmo.
Qué hacer cuando el pinchazo te pilla a mitad de carrera
La evidencia científica sobre qué medida funciona mejor es limitada, así que esto va de probar y quedarte con lo que te sirva. Lo primero, bajar el ritmo o parar un par de minutos. Después, respirar con inspiraciones y espiraciones profundas y controladas. Y si te alivia, presiona con suavidad la zona dolorida con la mano mientras respiras.
Cuando la molestia afloje, retoma la actividad poco a poco. Volver de golpe al ritmo de antes solo alarga la faena.
Los trucos que de verdad reducen el flato (y el mito que sobra)
Ninguna medida garantiza que no vuelva, pero hay hábitos que bajan las probabilidades. El primero, evitar comidas y bebidas copiosas justo antes de entrenar. El segundo, un calentamiento progresivo que suba el ritmo poco a poco en lugar de arrancar a tope. Y el tercero, ajustar la intensidad a tu nivel real, sobre todo si empiezas o vuelves después de un parón.
El mito que sobra es el de la causa única. Cuando alguien asegura que el flato llega porque te falta oxígeno o porque respiraste mal, está simplificando algo que la ciencia todavía no ha cerrado. Lo útil es otra cosa: conocer cómo es tu flato de siempre para notar enseguida cuándo un dolor no se le parece.
Y hay señales que no se ignoran. Conviene consultar a un profesional sanitario si el dolor es intenso, si continúa después de parar, si aparece fuera del ejercicio, si se repite con frecuencia o si viene con fiebre o vómitos. Ahí ya no hablamos de un flato, hablamos de algo que necesita valoración médica.
Mi conclusión, después de repasar lo publicado: el flato es breve, se pasa reduciendo el esfuerzo y no indica por sí solo ningún problema grave. Lo que no compro es que se venda como falta de forma física, porque le da hasta al que corre maratones. Calienta bien, no te pegues un atracón antes de salir y aprende a reconocer tu patrón. Ya me contarás.
🧠 Para soltarlo en la cena
El flato no tiene causa demostrada y cede al frenar.



