Hay una violencia en las redes sociales entre los jóvenes que no deja moratones. Y por eso cuesta tanto reconocerla. Un informe respaldado por YSL Beauty pone cifras a un fenómeno que crece con la IA: las peticiones de ayuda por abuso digital subieron más de un 62% en 2025, según la ONG británica Refuge.
El control que no deja huella y por eso se cuela
La marca ha ampliado su programa El Abuso No Es Amor, que desde 2020 combate la violencia de pareja, para adaptarlo al terreno digital. Detrás hay una investigación con ONG de diez países liderada por la psicóloga Nina Jane Patel, que radiografía cómo la IA golpea a los jóvenes de 16 a 24 años.
El dato más incómodo lo firma la organización británica Refuge: un 62% más de peticiones de ayuda por abuso digital en 2025. Y esa cifra, avisa el informe, es solo la punta del iceberg.
Según el análisis, cuatro barreras impiden a los jóvenes ponerle nombre a lo que viven. La primera es la normalización: compartir la ubicación o dar las contraseñas se ha vuelto tan habitual que nadie lo cuestiona. Sin moratón, no parece violencia.
La segunda es lo que aprendemos en casa. El rastreo parental, aunque sea bienintencionado, enseña desde pequeño que quien te quiere no tiene nada que ocultar. Años después, la pareja exige lo mismo como prueba de amor.
En internet, el control ya no necesita estar presente: le basta con saber dónde estás, a quién sigues y a qué hora has leído el mensaje.
Y llegamos a la tercera: la brecha lingüística. Los jóvenes sienten la ansiedad de la vigilancia constante, pero no tienen palabras para nombrarla, así que la rebautizan como 'intensidad', 'protección' o 'celos'. Spoiler: ninguna de las tres suena a abuso.
La cuarta son los fallos al aplicar la ley. Aunque existan marcos legales, el consejo de 'bloquéalo y desconecta' llega tarde, aísla a la víctima y la culpa de lo que le pasa.
Las nueve señales que conviene llamar por su nombre
El programa adapta sus nueve señales de alerta al entorno digital para dar a los jóvenes el vocabulario que les falta. Sin nombres, no hay denuncia. Estas son, y conviene leerlas dos veces:
- Ignorar: retirar la palabra o desactivar notificaciones como castigo silencioso.
- Chantaje: amenazar con difundir imágenes, capturas o deepfakes para exigir obediencia.
- Humillación: publicar contenido vergonzoso o descalificar a la pareja en redes públicas.
- Manipulación: provocar culpa para conseguir algo ('si me quisieras, me darías tu contraseña').
- Celos: cuestionar cada 'me gusta', cada interacción y cada cuenta que sigue la pareja.
- Control: dictar a quién seguir, a quién bloquear o qué se puede publicar.
- Intrusión: exigir claves, revisar mensajes privados y rastrear la ubicación en tiempo real.
- Aislamiento: obligar a borrar redes, bloquear amigos o abandonar chats grupales.
- Intimidación: inundar de mensajes o usar el 'visto' para castigar las demoras.
La IA no inventa el abuso, solo le pone un turbo
Esto no es nuevo, pero va a peor a una velocidad que asusta. Antes, el control se ejercía con un mensaje de WhatsApp del tipo '¿con quién estás?'. Ahora se apoya en herramientas de IA que redactan la amenaza por ti o en apps que crean deepfakes para chantajear. El agresor ya no necesita estar presente para vigilar.
El acierto del programa es poner el foco en lo que no se ve, porque sin lenguaje no hay denuncia. La trampa es creer que una campaña de marca arregla lo que se cuece en cada chat privado, entre dos personas y sin testigos.
Ahí está la pregunta incómoda que queda en el aire: ¿cuántos jóvenes de tu entorno sabrían ponerle nombre a lo que están viviendo? Porque ahí, y no en las campañas, empieza todo.
📱 El TL;DR (Too Long; Didn't Read)
- 👤 De quién hablamos: Del informe sobre violencia digital que respalda YSL Beauty junto a ONG de diez países.
- 📲 En qué red social ha pasado: En las redes sociales y las apps de mensajería donde ocurre el control diario.
- 🔥 Por qué es viral: Porque la IA multiplica un abuso que no deja marcas y que casi nadie sabe nombrar.



