El 11 de noviembre está convocado el primer paro general por la vivienda de la historia de España. Lo organizan los sindicatos de inquilinas con el respaldo de UGT y CCOO, y la llamada es a parar la actividad durante 24 horas.
Vamos por partes. Quien firma la convocatoria es la Confederación de Sindicatos de Inquilinas (CSI), el paraguas que agrupa a los sindicatos de vivienda de todo el Estado. A su lado han anunciado apoyo UGT y CCOO, los dos sindicatos con más afiliación del país, además de CGT, CNT, Co.Bas, la Acción Social de Solidaridad Obrera y los principales sindicatos independentistas: LAB, ELA, CIG, la Intersindical Alternativa de Catalunya y la Intersindical Valenciana.
La portavoz del Sindicato de Inquilinas, Alicia del Río, lo resumió en rueda de prensa: 'Desde los sindicatos de inquilinas no vamos a dejar de trabajar para que haya una auténtica unidad popular de todas las trabajadoras de este país para conquistar nuestro derecho a la vivienda'.
Y ojo con el nombre, porque se presta a lío. El 11N no es un impago de alquileres al uso: es un paro general de 24 horas con la vivienda como bandera. Con los salarios actuales, argumentan los convocantes, es imposible acceder a un alquiler digno, así que el conflicto se traslada también a los centros de trabajo.
Qué se para el 11N y quién está detrás
El precedente más cercano no es de vivienda: es la última huelga general laboral del país, en noviembre de 2012, hace 14 años, cuando el seguimiento superó el 77% y acabó con cientos de encausados y heridos. Esta vez el detonante no es una reforma laboral, sino el precio del alquiler.
El paro llega, además, apenas dos semanas antes de que arranque la campaña de las elecciones anticipadas del 29N. Y ese detalle lo cambia todo: el movimiento ha dejado claro que no piensa poner su organización 'en pausa' durante la campaña. 'Nuestros derechos no pueden depender de sus cálculos electorales', escribieron desde el Sindicato de Inquilinas en redes.
El primer paro general por la vivienda de la historia de España no espera a las elecciones: se organiza barrio a barrio, asamblea a asamblea.
Las reivindicaciones que sostienen el parón son concretas: alquileres indefinidos, topes a los precios con bajadas del 50% expropiación de los inmuebles en manos de fondos buitre (fondos de inversión que compran vivienda barata para especular con ella), ampliación del parque público de vivienda social y el fin de la compra especulativa.
El trabajo de aquí al 11N es de hormigón y barrio. Las asambleas territoriales de vivienda están dinamizando talleres, piquetes informativos (grupos que reparten información en la calle sin bloquear el paso) y actos para movilizar a la ciudadanía municipio a municipio. Los comités de huelga, todavía en composición, los compartirán varios colectivos.
Qué cambia para ti como inquilino (y qué está en el aire)
Antes de la huelga, el movimiento ya ha logrado parte de lo que llevaba años pidiendo: dos reales decretos-ley aprobados después de que se disolvieran las Cortes. El primero está hoy en vigor. Incluye prórrogas de alquiler extraordinarias de dos años y la suspensión de los desahucios para personas en situación de vulnerabilidad social hasta el 31 de diciembre de 2030.
Ese primer decreto recoge también la tácita reconducción (la renovación automática del contrato cuando llega a su fin) para los alquileres que terminen antes del 31 de diciembre de 2028. El Sindicato de Inquilinas ha habilitado un portal web con el paso a paso para acceder a estos derechos.
El segundo decreto es otra cosa. Incluye los contratos de alquiler indefinidos, es decir, con renovación automática, pero todavía tiene que convalidarlo la Diputación Permanente. Traducido: está aprobado, pero no consolidado. Y hay un riesgo de fondo que sobrevuela todo: si el Partido Popular gana las elecciones de noviembre, buena parte del paquete podría derogarse.

Por qué esta vez puede ser distinto
Aquí conviene parar y mirar el precedente. El pasado 3 de octubre, una manifestación simultánea en varias ciudades reunió a cientos de miles de personas. Fue la cita más multitudinaria del movimiento por la vivienda en años, y el termómetro que animó a los sindicatos a dar el paso del paro general.
La duda que sobrevuela es a quién se le reclama. Sin un Gobierno de facto, con Sánchez en funciones tras el adelanto electoral, no hay un destinatario claro. Los sindicatos apuntan a un malestar generalizado: tanto por la inacción del Ejecutivo central como por los gobiernos autonómicos, con la Comunidad de Madrid señalada de forma especial.
Tampoco hay que idealizar el consenso. El Sindicato de Vivienda de Tetuán (SVT) marca distancia con algunas reivindicaciones y critica medidas que, a su juicio, 'no hacen más que blindar el negocio de la vivienda', como las bonificaciones fiscales a pequeños propietarios que anunció Moncloa. El SVT quiere que la huelga sirva además para exigir la derogación de la Ley Mordaza (la ley de seguridad ciudadana que sanciona las protestas).
Que pase o no no depende de un solo sindicato. Depende de cuánta gente entienda qué se para ese día. Si el 11N se queda en los barrios ya organizados, el paro se diluye; si llega a quien nunca ha pisado una asamblea, la foto cambia. Enrique Villalobos, presidente de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), lo dice sin rodeos: 'Nadie va a hacer una huelga que no entienda'.
En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)
- 💸 ¿Qué ha cambiado? El 11N está convocado el primer paro general por la vivienda de la historia de España.
- 👥 ¿A quién afecta exactamente? A cualquier inquilino que quiera sumarse y, sobre todo, a quien paga un alquiler que no puede sostener.
- ✅ ¿Qué puedes hacer al respecto? Informarte en las asambleas de tu barrio y decidir si secundas el paro de 24 horas.



