5El té de cúrcuma de Okinawa (ukon-cha), la raíz antiinflamatoria que se bebe a diario
En Okinawa la cúrcuma no se toma como suplemento, sino como infusión: allí la llaman uchin y de ella sale el ukon-cha, una bebida de color amarillo intenso que se sirve caliente o fría y que forma parte de la rutina diaria de la isla con mayor concentración de centenarios registrada del planeta. Se prepara a partir del rizoma de la Curcuma longa, del que entre el 2% y el 12% son aceites esenciales según la variedad, y que contiene curcuminoides —el más estudiado, la curcumina—, los pigmentos responsables de su color y de buena parte de su actividad antioxidante y antiinflamatoria. Lo que la hace merecedora de estar en esta lista no es solo el compuesto, sino su encaje: nunca llega sola, sino dentro de una dieta baja en calorías y en carne roja y rica en verduras de temporada, pescado, cereales integrales y soja. La infusión no lleva cafeína, se puede beber a cualquier hora y en la isla se usa también como remedio casero para las digestiones pesadas.
La ciencia le atribuye a la curcumina una amplia capacidad para modular vías inflamatorias. Una revisión publicada en 2021 y recogida por el Centro Nacional de Información Biotecnológica de Estados Unidos le reconoce propiedades antiinflamatorias y antitumorales, y el interés no es casual: la inflamación crónica está detrás de buena parte de las enfermedades asociadas a la edad. Hay, sin embargo, un límite conocido: la curcumina se absorbe mal y es poco estable, como recordaba en 2022 un equipo de la Universidad de Kioto. Por eso gana peso la versión fermentada surgida de la investigación de la Universidad de Ryukyu, que suaviza el sabor terroso y amargo y mejora la biodisponibilidad. En un trabajo con mayores de 80 años del hospital Katsuyama, dos gramos diarios de polvo de cúrcuma fermentada durante 12 semanas redujeron un marcador urinario de daño oxidativo en el ADN. Los propios autores piden más ensayos clínicos antes de extraer conclusiones terapéuticas.
