Reconócelo: lo primero que haces al levantarte es encender la cafetera. Y resulta que ese gesto automático tiene un horario ideal según la regla que el neurocientífico Andrew Huberman repite en Huberman Lab, su propio podcast: esperar unos 90 minutos antes del primer café. La idea se ha vuelto viral y promete algo muy goloso: evitar el bajón de la tarde. Pero ¿aguanta el truco un examen serio?
Vamos al lío.
Qué pasa en tu cuerpo en los primeros 90 minutos
Al despertar, tu organismo no está en modo ahorro. Pone en marcha lo que se conoce como cortisol awakening response (CAR), un pico natural de cortisol que aparece en los primeros minutos tras abrir los ojos y que forma parte de la transición del sueño a la vigilia. Traducido: tu cuerpo ya tiene su propio despertador químico y lo activa sin que tú hagas nada.
La propuesta de Huberman viene a decir que dejes trabajar a ese mecanismo antes de meterle cafeína encima. Si te tomas el café nada más levantarte, la taza aterriza justo cuando el cortisol está en su punto alto. Si esperas, la cafeína entra cuando ese pico empieza a bajar y suma en lugar de solaparse.
El cortisol ya te está despertando antes de que hiervas el agua. Eso no es magia ni una moda de podcast: es fisiología bastante asentada, y la tienes explicada en cualquier entrada seria sobre el cortisol.
Ahora bien, toca bajar el volumen. Que exista un pico matutino no convierte los 90 minutos en una cifra sagrada. Es un rango, no un cronómetro de cocina.
El truco no te da más energía de la que tienes: solo coloca la que ya había donde de verdad la necesitas.
Mito o realidad: ¿se evita de verdad el bajón de la tarde?
Aquí el truco se queda corto. Mientras estás despierto, tu cuerpo acumula adenosina, una molécula ligada a la sensación de sueño. La cafeína no elimina la adenosina, solo te tapa el sueño un rato: se limita a bloquear temporalmente sus receptores. Cuando el café pierde efecto, la adenosina sigue ahí y el cansancio reaparece con intereses.
La teoría de los 90 minutos sostiene que, si retrasas la primera taza, el empujón llega más tarde y acompaña mejor la jornada. Suena lógico. El problema es que no hay estudios que demuestren que esperar exactamente 90 minutos elimine el bajón de la tarde. Ni 90 ni 87.
Y ojo con otro detalle: la mayoría de los divulgadores que hablan del tema insiste en que el efecto depende más de la dosis total y de la hora a la que te acuestas que del minuto exacto en que te tomas la taza.
Nada de relojes.
Mi veredicto tras una semana jugando con la cafetera
Cada cierto tiempo aparece un ritual matutino con aura científica: el vaso de agua con limón en ayunas, el ayuno hasta las dos de la tarde, la caminata obligatoria antes de desayunar. La regla de los 90 minutos tiene algo a favor que los otros no tienen: se apoya en un mecanismo real. Pero también tiene una parte de fe.
Esperar 90 minutos no es una cifra mágica. Si madrugas mucho, arranca con 30 o 60 minutos y sube desde ahí. Y si tomas café nada más despertarte y te sientes bien, no cambies nada: el mejor protocolo es el que aguanta sin reloj.
Lo probé unos días con la primera taza a media mañana y el resultado fue discreto: menos acelerón al principio, jornada algo más plana y cero milagros a las seis de la tarde. Ya me contarás tú.
🧠 Para soltarlo en la cena
El cortisol ya te despierta; el café solo añade refuerzo.



