La salud mental de los jóvenes españoles vuelve al foco. La demanda de atención psicológica y psiquiátrica crece en la sanidad pública, pero el número de especialistas apenas se mueve. Mañana, 10 de octubre, se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, dedicado este año al bienestar emocional de los adolescentes.
¿Qué está pasando con la salud mental de los jóvenes?
Los números ayudan a entender el problema. España cuenta con unos 12 psiquiatras por cada 100.000 habitantes, mientras la media europea se sitúa entre 18 y 20. A ese desfase se suma otro factor de futuro: buena parte de los psiquiatras españoles supera los 60 años, por lo que se esperan numerosas jubilaciones, según la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM). El dato no es nuevo.
La presidenta de la SEPSM, la doctora Marina Díaz Marsá, sostiene que la demanda asistencial creciente no puede asumirse con los medios actuales y reclama más recursos humanos y materiales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que más de 1.000 millones de personas padecen algún trastorno mental. En España, el 29 % de la población tiene alguno, con la ansiedad y la depresión como los cuadros más frecuentes.
Entre los jóvenes, el Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025, que Fad Juventud elabora cada dos años, reflejaba que el 54,7 % había tenido algún problema de salud mental en el último año. La cifra baja respecto a 2021 y 2023, pero sigue muy por encima de la de 2017. El 42,8 % había recibido un diagnóstico alguna vez, sobre todo de ansiedad (17,9 %) y depresión (15,7 %).
El informe también retrata el lado más delicado: un 6,8 % de los jóvenes se autolesiona con frecuencia o de forma continua, y un 34,7 % reconoce haberse autolesionado alguna vez. Más del 87 % ha sentido soledad no deseada en el último año, una de las principales fuentes de malestar emocional.
La ideación suicida (los pensamientos relacionados con quitarse la vida) desciende: un 43 % de los jóvenes los ha tenido alguna vez, frente al 48,9 % de 2023, aunque un 7,6 % los experimenta con frecuencia. Los expertos piden cautela. Ante cualquier situación de riesgo, están disponibles la línea 024 de atención a la conducta suicida, gratuita y confidencial, y el 112 para emergencias.
El desfase entre una demanda que no deja de crecer y una plantilla que apenas cambia es hoy uno de los mayores retos de la atención pública.
¿A quién afecta y cómo?
Quienes primero notan ese desfase son los adolescentes y los jóvenes adultos con ansiedad, depresión o trastornos del comportamiento. Los adolescentes son un colectivo especialmente vulnerable a la exclusión social, la discriminación y la estigmatización, algo que, según la OMS, puede reducir su disposición a pedir ayuda. Las familias asumen buena parte del acompañamiento en casa.
La SEPSM alerta de la influencia de las redes sociales, que considera incontestable. El vicepresidente de la sociedad científica, el doctor Josep Antoni Ramos Quiroga, advierte de que los mensajes que presentan el cannabis como una sustancia natural, inocua o terapéutica no responden a la realidad médica. La evidencia asocia su consumo en la adolescencia a más riesgo de depresión y de conductas suicidas en etapas posteriores. El aviso es serio.
Las plataformas tienen otra característica que preocupa: funcionan como un entorno que nunca se apaga. El cerebro adolescente busca estatus y refuerzo social, y las redes ofrecen un flujo constante de me gusta, comentarios y comparaciones. Eso puede derivar en rechazo, ciberacoso o sensación de no estar a la altura. La comparación constante puede favorecer trastornos alimentarios (TCA) en jóvenes vulnerables.
El contexto: más conciencia social y menos profesionales disponibles
La situación no es nueva, pero el punto de partida ha cambiado. El Barómetro de Fad Juventud muestra que el malestar declarado por los jóvenes sigue muy por encima de los niveles de 2017, aunque se ha moderado respecto a los peores años de la serie.
En paralelo, las muertes por suicidio acumulan tres años consecutivos de descenso, según los datos provisionales publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE): 18 fallecimientos entre menores de 0 a 14 años y en torno a 216 entre los 15 y los 24. La SEPSM pide confirmar si esa tendencia se mantiene. El reto es doble.
Por un lado, existe una conciencia social mucho mayor sobre el impacto de los trastornos mentales en la vida diaria, y ahora toca distinguir el malestar psicológico cotidiano de los trastornos que requieren atención sanitaria. Por otro, la ciencia avanza en neurociencia, psicofarmacología, psicoterapia, genética y tecnologías digitales. Desde la SEPSM lo resumen así: la salud mental forma parte indisoluble de la salud general.
📌 El foco social: las claves
- 🔎 Qué es lo importante: La demanda de atención en salud mental crece mientras España mantiene unos 12 psiquiatras por cada 100.000 habitantes.
- 👥 Quiénes son los afectados: Adolescentes y jóvenes con ansiedad, depresión o autolesiones, y también sus familias.
- ➡️ Qué consecuencias puede traer: Más presión sobre una red pública con menos especialistas de los que exige la demanda actual.



