4Por qué precisamente en otoño: de octubre a marzo la piel deja de fabricarla
Lo que cambia con el otoño no es la temperatura ni las horas de luz, sino el ángulo con el que llega el sol. La síntesis cutánea de vitamina D exige radiación ultravioleta B (en torno a 290-315 nm) capaz de transformar el 7-dehidrocolesterol de la piel en previtamina D3, y esa franja del espectro es la más frágil: cuando el sol va bajo, los rayos recorren más atmósfera y el ozono los absorbe casi por completo. El umbral suele situarse en los 35° de latitud norte, de modo que prácticamente toda España queda por encima. Los modelos clásicos mostraron que en Boston (42°N) la piel no produce previtamina D3 de noviembre a febrero, y en Edmonton (52°N) el parón se alarga de octubre a marzo. En Málaga (36,7°N), el índice UV medio cae a 1,5-2 en enero frente a 9-10 en junio y julio.
Las consecuencias son medibles. Un trabajo del grupo de Radiación Solar de la Universitat Politècnica de València calculó que, para lograr el equivalente a 1.000 UI diarias con un 10% del cuerpo expuesto al mediodía, en enero hacen falta unos 130 minutos, frente a los 30 minutos de octubre y los 10 de abril o julio con un 25% de piel al sol. Ni siquiera un día despejado lo arregla: el cristal de una ventana bloquea los UVB y la nubosidad recorta la conversión alrededor de un 20%. La huella en sangre es nítida, con máximos de 25(OH)D en septiembre y mínimos en febrero. Por eso la SEIOMM limita sus recomendaciones de exposición solar a los meses de marzo a octubre.
