Novelas de la Segunda Guerra Mundial que te meten en las trincheras desde la primera página

Hay novelas de la Segunda Guerra Mundial escritas desde la distancia y otras escritas desde dentro. Esta lista reúne cinco del segundo tipo: libros firmados por hombres que estuvieron en el frente y que, desde las primeras páginas, meten al lector en el barro, el frío y el ruido de la primera línea. Stalingrado aparece dos veces, desde experiencias muy distintas. También el Pacífico, el frente oriental de la Wehrmacht y un frente finlandés que casi nunca entra en los recuentos habituales del género.

El criterio es la inmediatez: autores que combatieron y que escribieron sobre lo que vieron, no sobre lo que leyeron. Grossman pasó cinco meses en el frente del Volga como enviado de Estrella Roja; Nekrásov fue teniente de zapadores en Stalingrado; Mailer publicó a los veintiséis años lo que había vivido en el Pacífico; Heinrich sirvió en la Wehrmacht y fue herido cinco veces; Linna noveló la Guerra de Continuación finlandesa. No todas están en el canon habitual, pero ninguna deja al lector en la retaguardia.

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«Los desnudos y los muertos», de Norman Mailer: el Pacífico sin épica

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Norman Mailer tenía veintiséis años cuando publicó en mayo de 1948 su primera novela, escrita a partir de lo que había vivido como soldado en la campaña del Pacífico y, después, entre las tropas de ocupación en Japón. El escenario no son las trincheras de Europa, sino Anopopei, un islote ficticio en forma de ocarina, y el vehículo para meter al lector en el barro no es la gran batalla, sino una patrulla de reconocimiento: una marcha agotadora por una selva minada, con calor, insectos y muerte. El lenguaje soez de los soldados era tan crudo que la editorial obligó a Mailer a sustituir la palabra más gruesa por un «fug» inventado. Es ese detalle cotidiano —el cuerpo cansado, el miedo sordo, la jerarquía que aplasta— lo que te deja pegado al terreno.

Lo que aparta a esta novela de la épica es su mirada corrosiva. Mailer no construye héroes: pone a un pelotón de catorce hombres —un intelectual que lee a Rilke, un minero anarcosindicalista, un campesino sureño, un irlandés católico de Boston— bajo las órdenes brutales del sargento Croft y la sombra del general Cummings, que dirige la operación desde lejos, ajeno a la guerra real. La misión acaba en un episodio gratuito y sádico, tan absurdo como la propia contienda. El resultado: 200.000 ejemplares vendidos en tres meses, un puesto 51 en la lista de las cien mejores novelas en inglés del siglo XX de Modern Library y una adaptación al cine en 1958 firmada por Raoul Walsh.