Los elefantes de Kenia buscan las mismas plantas medicinales que los humanos (y no es casualidad)

Un equipo internacional documenta en el Monte Elgon que el 87 % de los recursos que buscan los elefantes coincide con la medicina tradicional indígena. Ocho plantas superan el criterio más estricto.

Los elefantes salvajes de Kenia buscan las mismas plantas medicinales que sus vecinos humanos. Y no, no es casualidad: coinciden en el 87 %.

Lo documenta un equipo internacional liderado por el Bernhard Nocht Institute for Tropical Medicine, en Hamburgo, y publicado en Scientific Reports. En vez de perseguir elefantes por la sabana —peligrosos y difíciles de observar—, los investigadores tiraron de memoria local: entrevistaron a ocho expertos indígenas Sabaot, entre ellos dos guías, cuatro guardas comunitarios, un funcionario agrícola jubilado, y un exranger del parque. Todos llevan más de veinte años junto a los animales.

Qué han encontrado en el Monte Elgon

De los 39 recursos naturales que esos expertos señalaron como dieta medicinal de los elefantes, el 87 % también cura a las personas de la zona. Veinticinco fueron descritos explícitamente como 'medicina para los elefantes'. Y ocho especies superaron el filtro más exigente: consumo puntual, en poca cantidad y fuera de lo habitual. Entre ellas, el Aloe arborescens, la Bersama abyssinica y el Ficus natalensis.

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Los relatos son la parte jugosa. Varios informantes describieron elefantes capaces de recorrer kilómetros hasta un árbol concreto, sin detenerse a comer por el camino, solo para arrancarle la corteza o las hojas.

También se midió el consumo de arcilla en las 55 cuevas del Monte Elgon, el comportamiento que les ha valido el apodo de 'elefantes mineros'. Ahí los autores bajan el tono: responde sobre todo a una necesidad de sales minerales, no a un uso medicinal.

Un elefante no come siempre lo que pilla: a veces cruza medio monte para llegar a un árbol concreto y solo a ese.

Madres elefante que medican a sus crías

El hallazgo que más ha llamado la atención es el de las hembras que dan plantas concretas a sus pequeños. Los investigadores lo bautizaron como 'alomedicación maternal', un cuidado dirigido a otro individuo. Ni el modo de preparación ni el beneficio medicinal están confirmados, avisan los propios autores.

La hipótesis de fondo es que parte de este comportamiento se transmita socialmente de madres a crías, igual que ya se ha visto en chimpancés. Lo que abre una pregunta incómoda y bastante bonita: si los elefantes aprenden mirándose entre ellos, ¿aprendimos nosotros de ellos qué plantas usar?

Lo que Chausiku nos enseñó en 1987

La idea de que un animal se automedique no es nueva. Se llama zoofarmacognosia y arrancó con una chimpancé llamada Chausiku en Tanzania. Llevaba días aletargada y sin apetito cuando el primatólogo Michael Huffman la vio masticar una planta que no formaba parte de su dieta, la 'hoja amarga'. Un día después de comerla ya estaba recuperada. Años más tarde se confirmó que tenía propiedades antiparasitarias.

Desde entonces la lista no ha parado de crecer: hormigas, abejorros, mosquitos y orangutanes. En 2020, el etnobotánico Alex Greene calculó que en torno al 8 % del conocimiento veterinario de los mahouts del norte de Tailandia podría venir de observar a sus propios elefantes.

Huffman pide ahora el mismo método que usó con los chimpancés: analizar las heces antes y después para medir la carga parasitaria. Fabien Schultz ya tiene hoja de ruta: seguir a elefantes concretos, filmar la alimentación y probar las plantas en laboratorio. Los guardaparques del Monte Elgon ya tienen videocámaras.

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Y aquí está la parte que nos toca de cerca. Los elefantes africanos están amenazados por la pérdida de hábitat, y cada árbol talado no les quita solo comida: les desmonta también la farmacia. Hasta la mitad de los medicamentos modernos derivan de alguna planta o material natural, y solo se ha investigado una fracción de la flora del planeta.

🧠 Para soltarlo en la cena

Elefantes y humanos de Kenia comparten la misma farmacia natural.

Por eso merece la pena mirar hacia donde miran ellos. Como resume Huffman, 'necesitamos a la naturaleza, la naturaleza no nos necesita a nosotros'.