El agua que inunda las galerías abandonadas de las minas de uranio puede conservar radiactividad durante siglos. Frente a los tratamientos químicos convencionales, un equipo del Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR), la Universidad de Granada y la empresa Wismut GmbH ha caracterizado una bacteria autóctona que transforma el uranio disuelto en un mineral sólido e insoluble. El trabajo, publicado en Nature Communications el 4 de mayo de 2026, se basa en muestras tomadas en la mina Schlema-Alberoda, en Sajonia, y abre la puerta a una biorremediación in situ.
Para elaborar esta lista hemos revisado el artículo original y las notas institucionales, y hemos priorizado los resultados que pueden tener impacto práctico: la capacidad de la bacteria para atrapar otros radionucleidos como estroncio y cesio, la identificación de la enzima implicada y el ensayo en biorreactores con agua real de la mina. También hemos contrastado las cifras que circulan en algunos titulares: el estudio no cuantifica una eliminación del 99% en 24 horas, y así lo señalamos. El lector encontrará cinco hallazgos verificables, ordenados de menor a mayor proximidad a una aplicación.
En las galerías inundadas de la mina Schlema-Alberoda, en los Montes Metálicos de Sajonia (este de Alemania), un equipo del Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR) y la Universidad de Granada ha encontrado una bacteria que precipita el uranio disuelto en forma de fosfato, un compuesto sólido que no vuelve a disolverse en el agua. La cepa, autóctona del medio subterráneo, transforma así el contaminante en un material estable y menos móvil, lo que facilita su extracción o confinamiento. El hallazgo forma parte de un proyecto de remediación de antiguas minas de uranio en la región.
El dato que suele atribuirse a este hallazgo, que las bacterias eliminan más del 99% del uranio en menos de 24 horas, no figura en el estudio publicado en Nature Communications por el Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR) y la Universidad de Granada. En los experimentos descritos, los autores observan una reducción sustancial de la concentración de uranio, pero no dan un porcentaje exacto ni un tiempo de reacción tan corto. Esta matización importa porque la biorremediación depende de factores como la temperatura, el pH o la presencia de otros iones, y trasladar el resultado a escala real exige más pruebas.
4Los autores identifican la enzima responsable de inmovilizar el uranio, un paso hacia la ingeniería genética
Publicado en Nature Communications el 4 de mayo de 2026 por equipos del Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR), la Universidad de Granada y Wismut GmbH, el estudio parte del agua anegada de la mina de uranio Schlema-Alberoda, en los Montes Metálicos alemanes, clausurada en 1990 y desde entonces sometida a un tratamiento físico-químico caro y sin fecha de fin. Al alimentar con glicerol —subproducto de bajo coste de la producción de biodiésel— a la comunidad bacteriana autóctona, que vive a unos 2.000 metros de profundidad sin oxígeno, los investigadores lograron reducir el uranio disuelto (U(VI)) un 96% en 130 días, de 1 a 0,04 miligramos por litro. La mayor parte del metal acabó acumulada en las paredes celulares de los microorganismos, un resultado que refuerza la biorremediación como alternativa viable a los métodos convencionales de depuración.
Lo valioso no es solo la cantidad retirada, sino el mecanismo: la espectroscopia de sincrotrón de la línea Rossendorf (ESRF, Grenoble) mostró que las bacterias estabilizan una forma pentavalente del uranio, U(V), considerada hasta ahora transitoria e inestable. Ese estado se combina con hierro y oxígeno para dar FeU(V)O₄, un compuesto que, como se comprobó en suelos contaminados de Croacia, permanece estable más de 25 años incluso en contacto con el oxígeno. El análisis metatranscriptómico señaló como responsables a bacterias fermentativas y reductoras de sulfato, como Desulfobulbus y Desulfovibrio. Al identificar el proceso biológico y a las especies que lo ejecutan, el trabajo sienta las bases para aislar las enzimas implicadas y, a la larga, diseñar microorganismos modificados genéticamente que inmovilicen uranio en otros acuíferos contaminados del planeta.
