¿Volver al teletrabajo para ahorrar gasolina? ¿Transporte público gratis para que la gente deje el coche en casa? Lo que parecía una medida puntual en pandemia vuelve a estar sobre la mesa, pero esta vez por una razón muy distinta, el petróleo.
La guerra en Irán ha provocado un terremoto en el mercado energético mundial y el precio del crudo se ha disparado por encima de los 100 dólares el barril. El problema no es solo el precio de la gasolina, es que una parte clave del suministro mundial depende de una ruta que ahora mismo está en riesgo.
Por eso, la Agencia Internacional de la Energía ha lanzado un mensaje claro a gobiernos, empresas y trabajadores, hay que consumir menos petróleo de forma inmediata. Y eso pasa, directamente, por cambiar la forma en la que trabajamos y nos movemos.
El teletrabajo vuelve como solución energética a la crisis generada por la guerra

Durante años, el teletrabajo fue visto como una medida de conciliación o de modernización laboral. Ahora empieza a verse también como una herramienta energética. Menos desplazamientos diarios significan menos coches en la carretera y, por tanto, menos consumo de combustible.
La Agencia Internacional de la Energía calcula que añadir tres días más de teletrabajo a la semana podría reducir el consumo de petróleo de los coches entre un 2% y un 6% a nivel nacional. Puede parecer poco, pero en un mercado global esa reducción supone millones de barriles menos al día. Por eso, muchos países ya están recomendando o ampliando el trabajo a distancia en el sector público y en grandes empresas.
Teletrabajar: menos aviones y más transporte público

Otra de las medidas más llamativas tiene que ver con los viajes en avión, especialmente los de negocios. La agencia calcula que solo reduciendo este tipo de vuelos un 40% se podría recortar de forma importante el consumo de queroseno en todo el mundo.
Al mismo tiempo, se está planteando algo que ya se probó en otras crisis energéticas, incentivar el transporte público e incluso hacerlo gratuito en algunas ciudades para que la gente deje el coche en casa. El transporte por carretera representa aproximadamente el 45% de la demanda mundial de petróleo, y la mayor parte viene de los coches privados, no de la industria.
Guerra de Irán: el miedo a que la energía dispare de nuevo la inflación

Detrás de todas estas medidas no solo está el petróleo, sino el miedo a que la energía vuelva a provocar una subida general de precios. Cuando sube el petróleo, sube el transporte, sube la electricidad en algunos mercados y suben muchos productos básicos, porque casi todo depende del transporte en algún punto de la cadena.
Por eso, organismos como la Agencia Internacional de la Energía están insistiendo tanto en reducir la demanda y no solo en aumentar la oferta. La experiencia de otras crisis energéticas demuestra que esperar a que baje el precio del petróleo puede ser un error si el problema es de suministro y no solo de mercado.
Si la energía se mantiene cara durante mucho tiempo, el impacto no se nota solo en la gasolina, sino en la cesta de la compra, en los vuelos, en la calefacción y en la economía en general. Por eso, lo que parece una recomendación sobre teletrabajo o transporte público en realidad es una medida económica mucho más grande de lo que parece a simple vista.
Guerra de Irán: una crisis que puede cambiar hábitos durante años

Las crisis energéticas tienen una característica, cambian hábitos que luego muchas veces se quedan. Pasó con la crisis del petróleo de los años 70 y pasó también con la crisis energética tras la guerra de Ucrania, cuando muchos países empezaron a apostar más fuerte por el ahorro energético y las energías alternativas.
Lo que está pasando ahora puede volver a provocar un cambio similar, más teletrabajo, más transporte público, menos viajes de empresa y una forma distinta de moverse en las ciudades. No es solo una medida temporal para cuando sube la gasolina, sino un cambio de mentalidad que los gobiernos llevan tiempo intentando impulsar.
Al final, la clave no es solo producir más petróleo, sino depender menos de él. Y eso, más que en los pozos petrolíferos, se decide cada mañana cuando millones de personas deciden si van al trabajo en coche, en transporte público o si directamente encienden el ordenador y trabajan desde casa.



