La dirección de los Teatros del Canal han decidido convertir este mes de enero la íntima Sala Negra del citado escenario madrileño en el epicentro de una interrogante existencial que ha perseguido a la humanidad desde sus albores, quizás la duda y la pregunta más universal que se hace la especie humana. Para ello, bajo el título "¿De dónde venimos?", los directores Hassane Kouyaté y Santiago Sánchez presentan una propuesta escénica que desafía las convenciones del teatro tradicional para transformarse en un rito de paso, un viaje sensorial que atraviesa fronteras geográficas y temporales.
La obra, que permanecerá en cartel hasta el 25 de enero de 2026, nace de una colaboración internacional entre el Centro Internacional de Teatro Actual y la compañía L’Om Imprebís, consolidando un puente cultural entre Europa, África y América. Datos esenciales y que a nivel periodístico hay que señalar para cumplir con las 5ws que requiere una entradilla de este tipo.
Pero la obra va más allá. Y más si la vas a ver en una de esas tardes invernales con las que te regala Madrid, a veces bullicioso y asfixiante, pero que siempre da tregua con su cielo, sus calles y como no, con su oferta teatral. Una circunstancia esta última que nos brinda un espectáculo que no se articula como una narrativa lineal, sino como un tapiz de voces donde convergen la locura y la genialidad.
Allí, es donde encontramos a Santiago Sánchez, y sus 40 años sobre las tablas, quien asume el peso interpretativo sobre el escenario, actuando como un maestro de ceremonias que guía al espectador por un laberinto de reflexiones, sin caer en la ñoñería, pero con una delicadeza y un intimismo digno de un poema de Machado. Y es que el texto se nutre de una selección exquisita de autores universales que han diseccionado la condición humana desde distintos prismas. Las palabras de Eduardo Galeano y la sencillez profunda de José Mujica se entrelazan con el verso eterno de Miguel de Cervantes y la tragedia lírica de Federico García Lorca, toque iberoamericano que enlaza con los pensamientos más universales de los humanos.
Y es en este crisol de pensamientos también resuenan las voces de Calderón de la Barca, Chéjov y la mística oral de Amadou Hampâté Bâ, creando un diálogo fluido entre la literatura académica y la sabiduría popular, donde se nota la mano de la dirección de Hassane Kouyaté y la influencia de los griots africanos y su capacidad de trasmisión oral, que imprime al montaje un carácter transcontinental, donde la tradición africana del relato se fusiona con la vanguardia teatral europea, capacitando ver al ser humano como uno, si división de razas.

ESCENOGRAFÍA QUE ENVUELVE ONÍRICAMENTE AL ESPECTADOR
La puesta en escena destaca por su capacidad para conectar las inquietudes contemporáneas, como la crisis ecológica, la paz y el ejercicio del poder, con los detonantes esenciales de la vida. Según explican sus creadores, la urgencia de este proyecto radica en la necesidad de encontrar momentos de pausa y encuentro en una sociedad acelerada. La música, ejecutada en directo por Victor Lucas, no funciona como un mero acompañamiento, sino como una estructura viva que aporta una capa sensorial indispensable para alcanzar ese estado de introspección que la obra busca provocar en el público. Entras en un sueño reflexivo para despertar con calma meditativa al final de la obra, tranquilamente, con buen sabor de boca.
La obra es, en esencia, una invitación a construir una experiencia compartida donde el espectador no es un sujeto pasivo, sino un cómplice que debe completar el sentido de las preguntas lanzadas al aire. A través de este recorrido por las emociones, "¿De dónde venimos?" logra que el pensamiento universal se sienta íntimo y cercano.
Con el objetivo final de la representación, de que los espectadores de la Sala Negra no solo hayan sido testigos de un despliegue de talento actoral y musical, sino que se ha transformado en un espacio de reflexión colectiva. El montaje demuestra que, a pesar de las distancias kilométricas o los siglos que separan a un autor de otro, las preguntas fundamentales siguen siendo las mismas. Madrid y sus Teatros del Canal reciben así una obra poética y necesaria que utiliza la belleza de la palabra para recordarnos que, en el fondo, todos compartimos las mismas raíces humanas. Un consejo, si van a verla, vayan acompañados de una persona que les llene, entenderán todo mejor.








