En la era del streaming y las redes sociales, donde cada canasta se repite hasta la saciedad, parece imposible que la mayor hazaña estadística de la historia del baloncesto no tenga soporte visual. No existen imágenes de televisión de los 100 puntos de Wilt Chamberlain.
Solo nos queda un audio de radio borroso y una fotografía icónica de Wilt sosteniendo un trozo de papel con el número '100' escrito a mano. Aquella noche, el mito superó a la realidad en el escenario más inesperado.
Porque el 2 de marzo de 1962, Wilt Chamberlain anotó 100 puntos en un solo partido. Sin embargo, no hay imágenes de televisión de la hazaña, ni grandes crónicas en los periódicos nacionales del día siguiente. Lo que ocurrió aquella noche en Hershey (Pensilvania) fue el nacimiento del mayor mito del baloncesto moderno.
Un escenario impropio para la gloria de Wilt Chamberlain
Para entender la magnitud del absurdo, hay que mirar el escenario. Los Philadelphia Warriors no jugaron aquel partido en una gran metrópoli, sino en el Hershey Sports Arena, un pabellón gélido y pequeño situado en un pueblo conocido únicamente por sus fábricas de chocolate. La NBA, que en aquel entonces aún luchaba por no ser una liga marginal a la sombra del béisbol, organizaba partidos en localidades remotas para intentar captar aficionados. Aquella noche, solo 4.124 personas se sentaron en las gradas de madera. No había cámaras de televisión; el mundo no consideró que un Warriors contra Knicks fuera una cita imperdible.

Incluso la preparación de Chamberlain fue una oda a lo inverosímil. Wilt, un gigante de 2,16 metros con una vitalidad inagotable, no pasó la noche anterior concentrado. La pasó en Nueva York, disfrutando de la vida nocturna.
Según sus biógrafos, el pívot no durmió ni un solo minuto. Tomó un tren a primera hora de la mañana hacia Filadelfia, se reunió con sus compañeros y viajó en autobús hasta Hershey. Antes del partido, para matar el tiempo, se dedicó a jugar en una caseta de feria del pabellón, batiendo el récord de puntería con un rifle de aire comprimido. Esa fue su única práctica de tiro.
El milagro de la línea de personal
Desde el salto inicial, se notó que algo era diferente. Wilt Chamberlain anotó 23 puntos en el primer cuarto. Al descanso, sumaba 41. Hasta ahí, nada fuera de lo común para un hombre que promediaba 50 puntos por partido aquella temporada. Pero la clave residía en su mayor debilidad: los tiros libres.
Wilt era un lanzador nefasto, con un promedio que apenas rozaba el 50%. Sin embargo, aquella noche, el aro parecía un océano. Lanzando desde abajo, con su técnica de "cuchara", Chamberlain encestó 28 de sus 32 tiros libres. Esa efectividad inaudita fue la que permitió que la cifra final alcanzara las tres cifras.
Al entrar en el último cuarto con 69 puntos, el público y sus compañeros se dieron cuenta de que estaban ante algo histórico. El partido dejó de ser un enfrentamiento entre dos equipos para convertirse en un "todos contra Wilt". Sus compañeros le pasaban el balón incluso cuando estaba triplemente defendido; los jugadores de los Knicks, humillados, empezaron a cometer faltas intencionadas sobre otros jugadores de los Warriors para que el tiempo corriera y Wilt Chamberlain no recibiera la bola. Fue una guerra de guerrillas táctica que solo alimentó la leyenda.
El rugido de Hershey y el papel de la posteridad
A falta de 46 segundos, Chamberlain recibió un pase de Joe Ruklick y anotó un alley-oop (aunque los registros varían según el testigo) que elevó su cuenta a los 100 puntos. El pabellón estalló. Cientos de niños invadieron la pista, el partido se detuvo durante minutos y Wilt, exhausto y algo abrumado por el circo en el que se había convertido el encuentro, se sentó en el banquillo. Había completado un partido de 36 de 63 en tiros de campo y 25 rebotes.
La única prueba física que nos queda de aquel momento es la fotografía capturada por el periodista Harvey Pollack. En ella, un Chamberlain sudoroso sonríe tímidamente mientras sostiene un trozo de papel blanco donde alguien había garabateado el número '100'. Esa imagen es el 'Santo Grial' de la NBA.
Hoy, 64 años después, el récord de los 100 puntos de Wilt sigue siendo una anomalía estadística, una cima que ni Michael Jordan, ni Kobe Bryant (que se quedó en 81), ni LeBron James han podido amenazar. Hershey sigue siendo el lugar donde el baloncesto se volvió infinito, a pesar de que nadie, salvo unos pocos afortunados, estuviera allí para verlo.
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