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Condenado el ciudadano búlgaro que abusó de una niña a la que cuidaba

La Audiencia de Valladolid ha condenado a cuatro años y un día de cárcel al ciudadano de origen búlgaro P.I.G. que fue acusado de abusar de una niña de seis años, de la misma nacionalidad y vecina de Medina del Campo (Valladolid), de cuyo cuidado se hacía cargo a determinadas horas del día debido a las ocupaciones laborales de su madre y el novio de ésta.

En su sentencia, la Sección Segunda de lo Penal de la Audiencia Provincial considera que de la prueba practicada queda probado que el encausado cometió un delito de abusos sobre la menor y resuelve imponer la referida pena privativa de libertad, junto con las preceptivas medidas de prohibición de aproximarse y comunicar con la víctima por espacio de cinco años e idéntico periodo de libertad vigilada una vez cumpla la pena, según informaron fuentes jurídicas.

El fallo, que incluye la obligación del condenado de indemnizar a la pequeña con 6.000 euros por daños morales, le absuelve, sin embargo, del segundo delito de abusos sexuales y de otro de lesiones por imprudencia que le imputaba la acusación particular.

El fiscal del caso y el letrado de la madre de la víctima habían pedido cinco y diez años de prisión, respectivamente, para el acusado, de 64 años, quien durante el juicio mantuvo su inocencia y aseguró que la denuncia de la niña, con cuya familia mantenía una estrecha amistad, obedecía a una «invención».

De hecho, el sexagenario, al que la niña llamaba «abuelo», negó haberle realizado tocamientos durante distintos juegos con ella. «No puedes cuidar niños sin tocarlos», llegó a declarar en referencia a distintos juegos, según él inocentes, practicados con la pequeña, tales como las cartas, los pañuelos o «chascar» los dedos, «algo que a ella le hacía mucha gracia», apostilló.

El ahora condenado explicó que conocía a la familia de la denunciante y tenía una gran amistad con ella, al punto de que la madre de la niña, temporera agraria, le encomendó su cuidado por las mañanas para llevarla al cole en determinados periodos del año cuando había vendimia o época de podas y debido también a la imposibilidad de que lo hiciera su pareja, camionero de profesión.

P.I.G. percibía cinco euros al día por el cuidado de la niña, que también se extendía a los sábados por la mañana a fin de que la madre pudiera descansar. «Mi relación con la niña ha sido siempre correcta. Pensé que ella y yo éramos amigos, pero ahora veo que no», declaró el sexagenario, quien negó haber sometido a la niña a tocamientos aprovechando los momentos en los que la madre se ausentaba del domicilio y él se quedaba a solas con ella a primera hora de la mañana para luego llevarla al colegio.

MASAJE DE PECHOS Y GENITALES

La niña, hoy de 14 años, no llegó a declarar en el juicio pero la sala sí pudo visualizar, como ‘prueba preconstituida’, un vídeo de su testimonio prestado en sede judicial el día 28 de agosto de 2018. En dicha prueba, de forma clara y rotunda, la pequeña ratificó hasta tres episodios registrados entre 2013 y 2015 y alegó que mantuvo silencio durante años porque el acusado la amenazó para que no dijera nada.

El primero de ellos se produjo en 2013 cuando la declarante tenía seis años y el acusado se ofreció a realizarle un masaje en cuyo transcurso el anciano le habría tocado los pechos y los genitales por debajo de la ropa, hechos por los que ha sido condenado finalmente.

La pequeña también hizo alusión a otros episodios en los que el anciano habría tratado de tocarla, como uno en el que jugaron a los pañuelos y se los pasó entre las piernas y otro en el que la tumbó en la cama de sus padres con el pretexto de jugar a las «luchas» y se echó sobre ella, si bien en esta ocasión la niña dice que logró zafarse y refugiarse en el baño, donde permaneció encerrada hasta la llegada de su progenitora.

CONFESIÓN A LA ABUELA

Por su parte, la madre de la niña y su pareja sentimental comparecieron en el juicio para asegurar que no descubrieron los hechos–ya entonces padecía la anorexia nerviosa–hasta que en una viaje de vacaciones a Bulgaria, su país de origen, la pequeña relató a la abuela lo sucedido, con lo que de regreso a España interpusieron la oportuna denuncia en agosto de 2018.

«Me dijo que no me lo había contado porque no le salían las palabras y le daba vergüenza. Cuando me relató lo ocurrido me quedé en shock, aterrada, porque utilizó un tono de voz que no era el suyo sino muy parecido al del acusado», manifestó la madre, que entonces empezó a atar cabos y a percatarse de ciertos detalles que habían pasado inadvertidos para ella y que ahora analiza como evidencias de que ya había algo raro en la relación entre su hija y su cuidador, «una persona que era de total confianza».

La defensa del procesado mantuvo su petición absolutoria y, con carácter subsidiario, solicitó una pena de dos años al entender que en caso de condena no cabía aplicar la agravante de abuso de superioridad.