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Jorge Javier Vázquez: las veces que le han ‘cazado’ con más alcohol de la cuenta

La vida de una estrella de la televisión es dura también en ocasiones, sino que se lo digan a Jorge Javier Vázquez. Estar constantemente en el foco de la atención pública, por mucho que te guste, tiene que ser agotador por momentos. Porque siendo una estrella sales en la televisión en tus momentos de gloria, pero también se amplifican tus momentos más bajos y le llegan a medio país. Y cuando a uno le gusta la marcha y beber algo de alcohol de cuando en cuando, es posible que acaban trascendiendo imágenes que prefería que no se hubiesen visto nunca. Y Jorge Javier Vázquez sabe muy bien de qué va eso.

El famoso presentador de Telecinco nunca ha ocultado su gusto por la vida disoluta, por la noche y la juerga. Como a cualquiera, al catalán le gusta irse de parranda, tomarse dos o tres copas y desmelenarse un poco de cuando en cuando. Y más de una vez y más de dos ha tenido la desgracia de ser cazado en pleno lío, o de que se le haya ido de las manos la situación cuando hay más testigos de la cuenta. Al menos, Jorge Javier Vázquez tiene la suerte de que no le importe mucho lo que digan y piensen de él los demás.

“Problemas con el alcohol”

El presentador de Telecinco ha reconocido en alguna que otra ocasión que lo suyo con el alcohol ha ido más allá de lo razonable y mesurado. En los últimos años se ha comedido en este aspecto, pero su primera época en televisión fue bastante etílica. Todo empezó cuando el presentador se animó a frecuentar los bares de ambiente gay, que era una cosa que le generaba mucha ansiedad. “Me daba ansiedad entrar a un bar gay y, nada más traspasar el umbral, me dirigía a la barra y me pedía una copa. Solo así lograba calmar el nerviosismo que me producía estar rodeado de homosexuales como yo”.

Un nerviosismo inicial que, después de dos o tres copas, se convertía en aburrimiento “porque no me gustaba la música, porque no encontraba con quién ligar o porque el que me gustaba pasaba de mí”. Y el remedio en esos casos era darle al frasco, una copa tras otra y acababa “solo, desamparado y borracho”. Lo preocupante es que al día siguiente, una vez pasada la resaca, volvía a las andadas: “Volvía a salir y a beber. Usé al alcohol como ansiolítico. Fue una época divertida, no nos vamos a engañar”.