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Supervivientes: estos son los concursantes que se saltaron las normas

Hay que reconocer que, cualquier en esas circunstancias, se pasaría las normas por el mismísimo arco del triunfo. Pero tampoco eso es una justificación, pues al fin y al cabo Supervivientes es un juego, y quien no cumpla las reglas se va a la calle o recibe penalización. La tentación está siempre ahí porque, los humanos, al igual que estamos hechos para el juego estamos dotados para la trampa y la triquiñuela. No obstante, no es fácil conseguirlo en Supervivientes, cuando tienes decenas de cámaras atentas a todos tus movimientos y sabiendo que media España está a miles de kilómetros, en el sofá de casa, dispuesta a despellejarte si incumples las normas.

Pero eso no persuade a los tramposos de intentarlo. Al final, uno está en una isla desierta en el Caribe, durmiendo bajo palmeras, comiendo insectos y pasando días sin ducharse. El cerebro no funciona igual o, directamente, no funciona. Se pueden saltar las normas por picardía y mero afán competitivo. Por desesperación, por hambre o, en algunas ocasiones, por mero desconocimiento. Pero, como reza el famoso adagio, “el desconocimiento de una ley no exime de su cumplimiento”. Por lo tanto, quien incumple paga y es penalizado. Así son las normas de Supervivientes.

José Antonio Avilés no es más que nadie

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Carlos Sobera es todo un ejemplo de bonhomía y pachorra. Muy raro es verlo enfadado y fuera de sus casillas, y José Antonio Avilés consiguió que se pusiera así en la última edición de Supervivientes. “Rara vez me pongo serio en el programa, pero cuando me pongo serio lo hago de verdad“, empezó el presentador vasco. Y es que José Antonio Avilés se negó en redondo, y en repetidas ocasiones, a cumplir el castigo que se le había impuesto: permanecer atado a Elena Rodríguez hasta nuevo aviso.

‘Supervivientes’ es un concurso que tiene pruebas, ya lo sabías cuando entraste en el formato, y esas pruebas tiene reglas que nadie se puede saltar a la torera”, le espetó el presentador muy serio. “Nadie es más que nadie para tomar la decisión unilateral de no respetarlas y abandonar así un juego”, advertía Sobera. Juan Antonio Avilés, mientras tanto, lloriqueaba y no quería responsabilizarse de sus actos. El presentador le avisó de que, en caso de persistir en su actitud, podría ser expulsado de Supervivientes y “asumiendo las consecuencias que esto pueda implicar y que serán duras”. Al final, a la vista de que no le quedaba otra opción, Avilés aceptó y se ató a su compañera de programa. No había más remedio.