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Por qué vapear es casi igual de malo que fumar cigarrillos

Las modas son incomprensibles la mayoría de las veces, y mucho más si tienen que ver con fumar. De pronto, un producto o una costumbre empieza a extenderse y no sabemos muy bien por qué. Circulan mitos de todo tipo, afirmaciones sesgadas que nos confunden y la llamada deseabilidad social, que nos pierde. Y acabamos asumiendo como verdad cosas que son mentira y, un buen día, nos vemos adquiriendo un nuevo hábito o utilizando un producto que hasta entonces nos era totalmente prescindible. Esa es, más o menos, la historia de cómo el vapear entró en nuestras vidas y se instaló de lleno.

Ya no es nada raro ver a gente por la calle o en los bares con su vapeador, “fumando”. Hace tres o cuatro años, tal vez algo más, eran casi marcianos los que lo hacían. De pronto empezaron a abrir decenas de tiendas que vendían este tipo de vapeadores bajo la promesa de que eran mucho más sanos que fumar cigarrillos. Poco a poco, gracias a la ciencia y a las investigaciones independientes, esa mentira ha ido desmontándose  con el tiempo. Hasta el punto de que hoy sabemos de que los riesgos son más o menos los mismos.

Estudios para todos los gustos

fumar

Hay que decir que, en este ámbito, ha habido indicios que defendían la mayor salubridad de los cigarrillos electrónicos y otros que decían lo contrario. El pasado mes de enero, por ejemplo, se publicaba un experimento que aseguraba lo primero: “Sabemos que los cigarrillos electrónicos son sustancialmente más seguros que fumar, debido a que las sustancias tóxicas presentes en el vapor son un 95% menos dañinas y los niveles de toxicidad son muchísimo más bajos”.

Son palabras del doctor Nick Hopkinson, especialista en medicina respiratoria del Instituto Nacional de Corazón y Pulmón del Imperial College de Londres. Pero, eso sí, se aclaraba que el vapeo era positivo como vía para dejar de fumar, no como hábito sustitutivo. Dicho estudio pretendía desmentir las informaciones al respecto difundidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), tachadas por estos expertos de “desinformación”.