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Estos han sido los grandes hallazgos de la ciencia en 2020 (aparte de la vacuna)

2020, tal vez más que cualquier otro año anterior, ha sido el año de la ciencia. Hemos sido conscientes de la importancia de desarrollar la ciencia, de destinar dinero a la investigación y de fomentar las vocaciones de científicos. Y si nos preguntasen por el gran descubrimiento científico del año todos diríamos, sin duda alguna, el rápido desarrollo de la vacuna contra el covid. Y tendríamos razón, por supuesto, pues se trata de un avance que va a salvar la vida a miles de personas y nos va a permitir, poco a poco, volver a nuestra vida normal. Pero no todo son vacunas en la ciencia, y ha habido este año otro tipo de descubrimientos y de hallazgos igualmente apasionantes e importantes para la humanidad.

La investigación científica, pese a todo, no se ha parado en estos meses. En todos los campos imaginables, la gran aventura humana del conocimiento no se detiene. En los ámbitos más diversos se sigue indagando e investigando, pues la ciencia no tiene únicamente finalidades prácticas. Conocer por conocer, simplemente por saber algo e intentar así desentrañar por qué estamos aquí, cómo hemos llegado hasta este, por qué somos como somos…Forma parte de nuestra naturaleza hacer preguntas, y no íbamos a dejar de lado esa faceta por mucho que estuviésemos confinados en nuestra casa.

Así era el cerebro de un dinosaurio

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Este año, un grupo de investigadores brasileños consiguió por primera vez en la historia reconstruir la estructura del cerebro de un dinosaurio. Dicho dinosaurio, bautizado como “el padrino” del Tyrannosaurus rex vivió hace unos 230 millones de años. Su nombre es Erythrovenator jacuiensis y se estima que medía unos dos metros de largo. El fósil, hallado en una zona remota del país americano, pertenece a un animal que vivió en las primeras épocas en las que los dinosaurios poblaban la tierra. Pertenece a la familia de los terópodos, cuyos fósiles son muy difíciles de encontrar. Un gran paso para la ciencia.

Los investigadores, como encontraron todo el esqueleto perfectamente conservado gracias a las peculiares propiedades ambientales del lugar, fueron capaces de reconstruir la estructura del cerebro (que pesaba menos que un guisante) a partir del cráneo del animal. Gracias a una serie de imágenes hechas por ordenador, el equipo fue capaz de revelar la estructura de las regiones que controlan la vista, el olfato, la inteligencia e incluso la reproducción.