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Esto es lo que dice el color de tu lengua sobre tu salud

La lengua es uno de esos músculos que pueden adquirir distintos colores y todos significan algo. Cuando vas al médico, lo primero que hace es abrirte la boca y mirarte la garganta y la lengua. No toma demasiado tiempo y puede ser un factor que le de pistas acerca de lo que te pasa. A simple vista quizás tú no notes nada, pero el doctor puede averiguar bastantes cosas, es una información vital.

La lengua, al estar dentro de la boca, pasa desapercibida si no nos fijamos. Y para el resto de los que nos rodean también pasa desapercibida ya que apenas se ve cuando hablamos. Pero este es uno de los músculos más funcionales para nuestro cuerpo. Con ella podemos beber, saborear, tragar, masticar, comer y hablar. Como curiosidad, la lengua no tiene piel, está cubierta con una mucosa rosácea. En su interior hay un gran flujo de sangre. Ambos elementos le dan su color rojo y rosado. Te vamos a contar qué colores pueden considerarse anormales y qué puede pasarte.

Lengua blanca

La lengua blanquecina es una de las decoloraciones más comunes. Si nos pasa algo, lo más normal es que pierda su tonalidad rosácea y se ponga algo más blanquecina. Puede ocurrirte por tener una mala higiene bucal.

Pero otras causas que pueden hacer que nuestra lengua se torne blanquecina son úlceras bucales. Son llagas visibles que contienen lesiones de color blanco e incluso amarillento. Son dolorosas pero inofensivas. En caso de que sean muy repetitivas, habría que acudir al médico.

También la leucoplasia es una enfermedad que nos pone la lengua blanca. Se da al tomar tabaco de mascar y crea una irritación en las células mucosas. Es una decoloración evidente cuando la parte interna de la boca se ve con manchas de color gris blanquecino.

Una enfermedad que también hace que nuestra lengua se ponga blanca es la candidiasis oral. Está causada por un hongo llamado Candida albicans. Hace que se generen manchas blancas con textura cremosa en la superficie. Puede pasarle a cualquiera, aunque las personas con un débil sistema inmunológico, los niños y los ancianos están más en riesgo.