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Los ‘ramoncitos’, la competencia de los ‘manolitos’ con una gran historia de traiciones

El mercado no se para nunca. Las personas que forman parte de él, es decir, todas, están constantemente pensando formas de sacar tajada. De innovar, de mejorar en algún aspecto y así sacarle algo de ventaja a tu competidor. Porque eso solo significa una cosa: más clientes y más dinero. No hay sector que se queda fuera de esta competición encarnizada por ganarse al cliente, ni siquiera uno tan amable como el de la repostería. 

Que les pregunten si no a los inventores de los “manolitos”. Estos bollos de masa tierna son casi una institución en Madrid, una tradición asentada que pasa de generación en generación. Estos pequeños cruasanes, con cobertura de chocolate, de cremas o de almendras, son un clásico de las meriendas y los desayunos madrileños. Pero, a partir de ahora, no lo tendrán tan fácil para ganarse su cuota de mercado.

Y es que acaban de salirles un duro competidor, casi como si un primo tuyo se volviese en tu contra. El producto es prácticamente el mismo, y su nombre es muy similar: estos nuevos son los “ramoncitos”. De algún modo, es como si el discípulo superase al maestro y empezase a competir contra él. La historia detrás de estos nuevos cruasanes tiene su miga.

Tomar su propio camino

El promotor de este nuevo producto es José Ramón Acosta. Este dominicano llegó hace dos décadas a nuestro país en busca de un futuro mejor. Al poco de llegar aquí, consiguió trabajo en el obrador de los manolitos “de verdad”, situado en la localidad madrileña de Colmenar. Tras muchos años de trabajo y aprendizaje, José Ramón decidió en 2017 que era el momento de emprender su propio camino. ¿Traicionó José Ramón a sus antiguos jefes, o simplemente está buscando progresar y prosperar en la vida?

El máximo responsable de la empresa es ahora Enmanuel, hijo de José Ramón. En declaraciones al diario El Mundo, el empresario ha contado las dificultades que están atravesando debido a la pandemia: “Antes vendíamos más de 200 kilos de cruasanes. Ahora las ventas se han reducido. Aunque la situación es difícil, la venta se mantiene”: 

Pese a todo, Enmanuel está dispuesto a seguir firme luchando por el negocio familiar. Su secreto, asegura, no va más allá de encontrar el punto de cocción idóneo y ponerle mucho amor al trabajo. La empresa de “ramoncitos” fue creciendo poco a poco, hasta que optaron por hacerse con su propio local. 

Alquilaron uno en la zona de Cuatro Caminos, aunque el negocio no dio de sí lo suficiente y se vieron obligados a bajar la persiana. “Pensamos que la zona era buena, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que no facturábamos lo que teníamos en mente”, lamenta Enmanuel.

Pese a todo, siguen los “ramoncitos” siguen vendiéndose en diferentes locales de Madrid. En Alcobendas está el obrador en el que lo elaboran, y de allí los envían a la capital. Pueden comprarse, por ejemplo en la Mantequería Andrés, en el Barrio de Embajadores. Allí cada cruasán cuesta solo 60 céntimos y pueden comprarse en cajas de 8, 16 o 32 piezas. 

También los “ramoncitos” pueden llegar a tu casa si los compras a través de Glovo o Uber Eats. Habrá que ver qué producto se gana a los clientes: si los clásicos “manolitos” o los nuevos “ramoncitos”. Es el mercado, amigos.

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