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Lo que ganamos en el aislamiento

Las medidas de distancia social podrán incomodarnos, pero no todos sus efectos se pueden lamentar.

Es una postura cómoda criticar lo fastidiosas que pueden resultar las medidas de prevención necesarias en el mundo post-coronavirus. En el forzado cambio de hábitos no todo ha sido malo y ni los mejores casinos online habrían pronosticado la cadena de efectos positivos que la inesperada situación también ocasionó en la vida de varias personas.

Estas son historias reales de un público que día a día descubre la dirección de su camino personal hacia la tan llevada y traída “nueva normalidad”.

¿Tengo familia? ¡No me acordaba!

En una época que demanda estar conectado al mundo descuidamos los vínculos más cercanos. Las aplicaciones como casinos online o aplicaciones de citas y redes sociales habían puesto una pantalla entre muchos seres queridos. El freno a la actividad laboral obligó a una revaloración de la convivencia familiar e incluso rescató matrimonios. Es cierto que en otros casos el encierro hogareño solo reveló una relación desgastada y fue necesario organizar mudanzas cuando la recomendación era no salir a la calle. Recibimos particularmente mensajes de padres varones hablando sobre cómo creció su participación en las labores domésticas; para ellos ha sido nada más doblar y guardar la ropa de los críos. Tenerlos todo el día en casa, por cierto, ha sido un pequeño calvario, especialmente si ambos padres trabajan, mientras atendían Zoom o Google Meets había que cuidar que los bodoques no inundaran el piso.

Alta cocina con sazón casero

Al principio del aislamiento parece haber reinado un cierto descontrol alimenticio quizá hasta como una manera de lidiar con la angustia. No obstante, a largo plazo, la mayoría de los comentarios refieren haberse vuelto más conscientes de sus hábitos alimenticios en general. El cierre de restaurantes obligó a cocinar en casa y a elegir ingredientes más sanos. El menú se amplió con el tiempo libre adicional para aprender recetas novedosas. La cocina fue un espacio de encuentro familiar al distribuirse las labores en la preparación de los platillos y los solteros exploraron sus habilidades culinarias… a veces con dudoso éxito, como la tarta de mariscos que un caballero afirma haber obtenido en su intento de paella negra.

El jardín interior

La imposibilidad de salir llevó a que muchas personas buscaran la terapia verde. El cultivo de plantas en el hogar fue una manera de traer el exterior al interior, pero también respondía a la preocupación por los alimentos en tiempo de escasez. Hubo quien halló una fuente de ingresos alternativa en el comercio de semillas, tierras y demás aditamentos de jardinería. Aprender los cuidados propios de cada ejemplar botánico, a cuáles les viene bien el sol, a cuáles la sombra, y sobre todo la medida de riego exacta se cuentan entre las principales dificultades enfrentadas por los floricultores novatos, que abundan en tristes relatos de plantas fenecidas por el exceso o la falta de agua.

Crecimiento espiritual

La pandemia nos devolvió el aprecio por los placeres sencillos de la vida, por el mero hecho de respirar. Las restricciones físicas propiciaron el enriquecimiento espiritual. Desde cursos de meditación en YouTube, a sesiones de yoga por Facebook y encuentros por otras aplicaciones, cada cual buscó el denominador común que nos une como humanidad. Esperemos que esa inquietud sea duradera.

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