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El Gobierno da el visto bueno a generar nuestra propia energía y permite que varios edificios usen la misma instalación fotovoltaica para ahorrar

 

Estamos ante el nacimiento de una nueva era, nuevos tiempos marcados por el fin de las hegemonías eléctricas. El pasado mes de abril se aprobó el real decreto ley que daba carpetazo de manera definitiva al impuesto al sol y, de esa manera, permitir que los ciudadanos puedan generar su propia energía. Los trámites para instalar paneles fotovoltaicos se han vuelto mucho más sencillos; además, en el caso de que una persona quiera verter el excedente a la red se observa la posibilidad de compensarla económicamente y, se abre la puerta a que varios edificios se provean de la misma instalación fotovoltaica con el fin de ahorrar. No hay duda que nos acercamos, paso a paso, a los estándares que rigen Europa, alejándonos de un impuesto cuanto menos, paradójico, teniendo en cuenta la cantidad de insolación que recibimos en nuestro país.

 

José Donoso,  director general de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), ha señalado a este respecto: “Se puede buscar una empresa instaladora, que también en muchos casos se encarga de la financiación”. La compañía instaladora se encarga de realizar un análisis técnico, de manera que, si la instalación no supera los 15 kilovatios (kW), tan solo es necesario un permiso de obra de la que se hace cargo la propia compañía. En el caso de superar esa potencia, habrá que solicitar un punto de acceso a la distribuidora. Los plazos para llevar a cabo la construcción irán en consonancia con los requisitos de cada municipio, pero no suelen superar el mes, y la instalación, la semana.

 

Según Donoso, los precios que rondan llevar a cabo la instalación bailarían entre los 3.000 y 6.000 euros en el caso de una vivienda unifamiliar que no precisara más de 4,5 kW contratados. Una instalación de 1,5 o 3 kW y entre 6 y 12 placas es más que necesario para este caso y generará un tercio del total del consumo doméstico ya que no se puede aprovechar la energía solar las 24 horas del día. Según Solarplak “El precio de la tecnología en los últimos 10 años ha disminuido en un 90%, y seguirá bajando”. En cuanto a la vida útil de la instalación, cabe señalar que dura algo más de veinte años; así, una pyme amortizará la estructura en un periodo comprendido entre los cuatro y seis años y, en el caso de una vivienda, los tiempos de amortización superarán los diez años, explica Donoso.

 

Por otro lado, esta normativa -al contrario de lo que ocurría con la legislación anterior- prevé una compensación si algún usuario decide verter a la red la energía que le sobra. Esta compensación se basa en una deducción en el importe de la factura, es decir, no se trata de un balance neto como ocurre en otros países -en los que la energía sobrante se conserva como un excedente-. Se trata de una rebaja cuyo importe se calcula ateniéndose a los precios del mercado mayorista, inferiores a los que el usuario medio contrata la energía. Francisco Valverde, analista del mercado eléctrico, recomiendo acudir a diversas compañías especializadas para solicitar varios presupuestos. La energía contratada, que representa entre el 40 y el 50% de la factura, determinará el ahorro.

 

Numerosas empresas comienzan a ofrecer soluciones cada vez más competitivas con cuantiosos y variados productos y aportando facilidades de pago e instalación para hacer más sencilla la tarea del usuario medio de montar su propio proyecto de autoconsumo. “Vemos la curva histórica de consumo horario y dimensionamos los kilovatios que necesita el cliente; después nos encargamos de todo”, subraya Paula Román, directora de desarrollo comercial de Feníe Energía. Además, esta compañía da la posibilidad de apropiarse de la instalación en el caso de que el usuario no pueda hacerse cargo a nivel económico de la inversión. Tal y como explica Román: “El consumidor se asegura un precio de la energía por debajo del mercado y se ahorra el peaje”.

 

Siguiendo en esta misma línea, Joan Groizard, director de Energías Renovables en el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE), informa de la posibilidad de adquirir ayudas tanto en el plano institucional concretado en los edificios públicos como a nivel del pequeño consumidor: “Comunidades autónomas y Ayuntamientos ofrecen subvenciones y desgravaciones fiscales por poner placas, por ejemplo en la declaración de la renta o en el impuesto de bienes inmuebles”. Perteneciente al Ministerio para la Transición ecológica, el organismo ha hecho pública una guía  técnica en la que explica todos los pormenores de la nueva normativa y, afirma que se va a editar un vademécum para los usuarios medios en los próximos meses.

 

Las baterías son otro cantar. Sus precios son, todavía, demasiado altos. Según el director general de Powen, Remigio Abad:  “Se dobla el presupuesto; si es una casa aislada sin conexión a la red igual merece la pena”. La empresa Powen se encarga de la instalación y, además, ofrece un servicio de mantenimiento que va incluido en el proceso, algo a lo que el usuario debe prestar atención.

 

Compartir es Avanzar

 

La pionera en el campo de las empresas instaladoras en permitir la instalación de autoconsumo compartido fue Holaluz. Este primer avance tuvo lugar el verano pasado entre dos viviendas en Rubí (Barcelona). Carlota Pi, cofundadora de la empresa señala: “Nos encargamos de todo, incluso de tramitar las subvenciones”. Pi está convencida de que el hecho de que varios edificios puedan compartir una instalación representa un avance cualitativo necesario: “Si son varios edificios solo tenemos que asegurarnos que estén a menos de 500 metros o conectados al mismo centro de transformación y podemos compartir tejado”.

 

Para conseguir un acuerdo para compartir energía entre dos fincas será precisa la mayoría simple de los propietarios, tal y como explica Adolfo Calvo,  secretario técnico y asesor jurídico del Colegio Profesional de Administradores de Fincas de Madrid (CAFMadrid).

 

Además, Pablo García, asesor industrial de CAFMadrid, agrega: “se deberían colocar dos contadores, uno en cada edificio, para compensar según los consumos individuales que haya tenido cada comunidad”

El camino es lento, y todavía quedan algunas piedras que dificultan el camino. Según Salvador Díez, presidente del Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas, para compartir instalación entre fincas sería necesario erigir un complejo inmobiliario. Por otra parte, añade Díez: “Pero el mayor reto siempre es superar las pequeñas disputas entre vecinos”. En cuanto al aprovechamiento de la energía excedente, Manel Romero, socio fundador de la compañía instaladora Sud Renovables, explica: “La energía se reparte por coeficientes estáticos, así que si uno no consume nada la energía se pierde, no la puede aprovechar otro vecino que consume más”. Sin embargo, el camino siempre se comienza andando: “estamos contentos, es un punto de partida”, concluye Romero.