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La fiesta del nuevo estadio de la Real Sociedad, antes Anoeta, ahora Reale Arena, fue completa al desarbolar los donostiarras con buen juego y tantos de Martin Odegaard y Nacho Monreal a un Atlético desconocido, que sólo despertó en el tramo final cuando todo estaba perdido.

El equipo local pareció despistado en su nueva casa, nervioso, sin la presencia de jugadores vitales en su esquema, como el lesionado Illarramendi o el delantero brasileño Willian José, y se dedicó a pelear el medio campo a un Atlético que no tenía prisa.