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Cheryl Grimmer desapareció en la década de los 70 en una playa abarrotada de gente mientras estaba en compañía de sus hermanos. La niña tenía tres años y nunca más se supo de ella. 

Esta es la historia de su desaparición, de la angustiosa búsqueda de una familia a lo largo del tiempo, de un misterio del que se cumplen 50 años y por el que ahora se ofrece un millón de dólares a cualquiera que aporte algo de luz para resolverlo.

Cheryl Grimmer el verano de su desaparición / NSW Police

Los Grimmer eran una familia de postal. Vivían en Bristol, en el Reino Unido, desde donde emigraron a Australia seducidos por las posibilidades que ofrecía su vasto territorio. Vice, el padre, encontró un trabajo en la Armada mientras que la madre se ocupó de criar a sus cuatro pequeños: tres varones y una preciosa niña. 

Los Grimmer: Vice (24), Paul (4), Ricki (7), Stephen (5), Carole (26) y Stephen (5) / 9news.com.au

A su llegada a la tierra de los canguros en 1969, la familia se instaló en una cabaña en la región de Illawarra, un lugar idílico ubicado en la costa a 70 kilómetros al sur de Sydney.

El sol, el mar, la playa y el surf ocupaban sus días, los Grimmer habían encontrado en Australia su particular paraíso en la tierra. Sin embargo, durante el verano de 1970, su sueño se transformó en una pesadilla para el resto de sus días.

Fairy Meadows Beach

El lunes 12 de enero de 1970 los termómetros alcanzaron los 38 grados centígrados. Carole Grimmer, de 26 años y sus cuatro hijos Ricki (7), Stephen (5), Paul (4) y Cheryl (3) llegaron a la playa de Fairy Meadows temprano por la mañana, sabían que se llenaría y querían asegurarse un buen sitio.

Se trataba de una playa de varios kilómetros de largo, rodeada de dunas de fina arena blanca, que contaba con una tienda de surf y con una zona de vestuarios acondicionada para que los turistas pudieran asearse y cambiarse tras una jornada al sol.

La madre disfrutaba despreocupada en su toalla y los hijos se bañaban en el mar y jugaban en la arena. Cheryl, la pequeña, vestía un traje de baño de color azul marino y su pelo era tan rubio que parecía albino. Sobre las dos de la tarde, el tiempo cambió. La agradable brisa marina se tornó en violentas ráfagas de viento, por lo que una Carol precavida pidió a su prole que se preparase para regresar.

Vestuarios de la playa donde desapareció la niña / 60 minutes

La madre ordenó a Ricky que acompañara al resto de sus hermanos a la zona de las duchas para quitarse la arena y ponerse de nuevo la ropa seca.

Los cuatro hermanos se dirigieron solos hacia los vestuarios, situados a unos 10 metros de la toalla de la madre. Stephen y Paul se metieron en el de hombres mientras que Ricki ayudó a su hermana a beber agua de una fuente y la esperó en la entrada de la zona de señoras.

Cheryl Grimmer/ Channel 9

Cuando los hermanos acabaron, el mayor apremió a gritos a la pequeña para que saliera de la ducha, a lo que Cheryl se negó con una pataleta.

Stephen, Ricki y Paul Grimmer / CATERS NEWS AGENCY

Al no poder acceder al vestuario, los tres chicos regresaron con su madre para contarle la situación. Habían pasado tan solo 10 minutos desde que se habían ido por primera vez.

Entrada al vestuario de mujeres / Daily Mail

Acostumbrada a los berrinches de su hija, Carole se encaramó resignada hacia las duchas. La niña ya no estaba allí. En un primer momento, la madre no se alarmó y pensó que se había cruzado con la pequeña en su camino a los vestuarios. Regresó a la toalla pero tampoco la encontró. Comenzó a preocuparse seriamente.

Carole Grimmer con sus tres hijos un día después de la desaparición de Cheryl / CATERS NEWS AGENCY

Buscaron a la niña entre la gente, por las dunas, gritaron su nombre, preguntaron al resto de bañistas y trataron de encontrarla en el agua, pero nada. Cheryl se había esfumado. Sobre las 4 de la tarde la madre denunció la desaparición a las autoridades australianas.

Dispositivo de búsqueda/ SWN Police

A las pocas horas la playa de Fairy Meadows se convirtió en la escena de un crimen. Hasta el lugar se desplazaron decenas de agentes y varios investigadores.

Algunos testigos afirmaron haber visto a un hombre con un traje de baño de color naranja coger a una niña y correr con ella envuelta en una toalla en dirección al aparcamiento. El incidente comenzó a investigarse como un secuestro. Los investigadores también buscaban una furgoneta Volkswagen de color azul que había sido vista cerca del estacionamiento al mediodía.

Aparcamiento junto a los vestuarios / SWN Police

Pasaron tres días sin tener noticias de Cheryl cuando los Grimmer recibieron una nota exigiendo el pago de 10.000 dólares a cambio de volver a ver a la pequeña con vida. En las instrucciones se indicaba el lugar donde se debía dejar el rescate. Nadie se presentó a recogerlo. Los investigadores atribuyeron la nota a alguien que quería aprovecharse del dolor de la familia y descartaron la pista.

Nota enviada a la familia / dailymail.co.uk

Dieciocho meses después un joven de 16 años, que debido a su condición de menor nunca ha sido identificado, se presentó en una comisaría local y confesó haber secuestrado y asesinado a la niña.

El adolescente describió a los agentes el lugar donde supuestamente había acabado con su vida tras haber intentado violarla como una granja abandonada. “Había una puerta tubular de acero, un establo para ganado, un camino y un pequeño arroyo”, dijo en su declaración.

SWN Police

Cuando el sospechoso condujo a los policías a una zona cercana a Balgownie, negó reconocer la supuesta escena del crimen, que con el paso del tiempo había cambiado y en lugar de la  granja había una casa contruída.

Casa de Balgownie donde supuestamente se deshicieron del cadáver de la niña / 60 Minutes

No podía indicar el sitio exacto donde había enterrado el cuerpo. La policía interrogó al dueño de la propiedad, quien sostuvo en todo momento que allí no había existido ni un establo ni una puerta tubular de acero. Las autoridades desestimaron la confesión y el caso pasó a enfriarse.

dailytelegraph.com.au

Durante años, Carole y Vice trataron de localizar a su hija y mantuvieron la esperanza de encontrarla con vida, pero ninguna pista hizo posible que la investigación avanzase. Cada año ofrecían inútiles recompensas a cambio de información, pero el silencio fue la única respuesta que obtuvieron. Vince Grimmer falleció en 2004 a la edad de 58 años tras haber dedicado la mayor parte de su vida a encontrar a su niña. Carole no se rindió y continuó luchando para esclarecer el caso, que en 2008 dio un giro inesperado.

‘The day my baby sister disappeared’ (Retrieved 12 December 2016) / justineford.net.

Una mujer con rasgos físicos similares a los de la desaparecida aseguró ser la mismísima Cheryl. Sin embargo los resultados de unas pruebas de ADN desmintieron su versión y la oscuridad se cernió de nuevo sobre el expediente.

A pesar de que en 2011 Cheryl Grimmer es declarada muerta ‘in absentia’, término que hace referencia a la presunción legal de la muerte a pesar de la ausencia de pruebas directas de la misma, se creó un grupo especial de investigación denominado `Strike Force Wessell’ para tratar de esclarecer en un último esfuerzo la desaparición de la niña. Sus resultados fueron irrelevantes.

En 2014 Ricki, Stephen y Paul se pusieron al frente de la investigación tras el fallecimiento de su madre a los 70 años de edad.

Stephen, Paul y Ricki Grimmer en la playa de Fairy Meadow en 2016 / Robert Peet

En 2016 los hermanos contrataron los servicios de Frank Sanvitale, un detective privado con el que revisaron el caso paso a paso. 

Sus pesquisas se centraron en el joven que en 1971 se declaró culpable del asesinato. En las declaraciones del adolescente, que nunca vieron la luz, el joven relató los hechos de la siguiente manera: “La agarré por detrás (…) había alguien sentado en la pared de enfrente, así que tuve que poner mi mano sobre su boca para evitar que gritara, si hubiera gritado, él la hubiera escuchado. Pasé la zona de duchas grandes y llegué hasta un pequeño arroyo cerca de la ruta principal. Puse un pañuelo sobre su boca para evitar que gritase y con unos cordones le até las manos”. También dijo que permaneció en las duchas durante 35 minutos y que después caminó con la niña tres kilómetros hasta un suburbio de Balgownie, donde intentó abusar de ella. “Quería tener relaciones sexuales, pero empezó a gritar apenas le saqué la mordaza. Puse mis manos sobre su garganta y le dije que se callara. Creo que la estrangulé. Ella dejó de respirar y paró de llorar. Yo pensé que estaba muerta. Entré en pánico y la cubrí con arbustos y me fui corriendo”. Tras los hechos afirmó haber regresado a la playa.

En su declaración detalló ciertos aspectos que los hermanos consideraron suficientes para que los agentes hubieran investigado más a fondo; el sospechoso sabía el color del traje de baño de la niña y había visto cómo alguien la ayudó a beber agua en una fuente de los vestuarios. Ricki no salía de su asombro.

Sanvitale se trasladó hasta Balgownie donde el hijo del antiguo propietario desmintió la declaración inicial de su padre. Efectivamente en la propiedad existió una puerta tubular y un sitio para guardar el ganado. Se desconoce porqué el hombre mintió en su declaración.

El detective localizó al supuesto asesino en Melbourne, entonces de unos 60 años, y estableció con él una conversación telefónica durante la cual, según Sanvitale, el hombre volvió a admitir su culpabilidad. “Es sobre algo que yo hice cuando era muy joven y de lo que me arrepiento cada día de mi vida… Es acerca de esa pequeña chica en Fairy Beach ¿no?”, contestó. El 23 de marzo de 2017 esta persona quedó detenida y acusada del secuestro y asesinato de Cheryl Grimmer. 

El acusado había nacido en Gran Bretaña, tenía 63 años y había llegado a Australia a finales de los años 60. Su perfil podría encajar. Por su parte, la defensa aseguró que su cliente padecía problemas mentales y que ya había confesado un falso crimen, por lo que su testimonio no tenía validez. En 2018 el acusado se declaró no culpable y negó haber estado jamás en Fairy Beach el día de los autos. Finalmente, un año después un juez desestimó el caso tras observar numerosos fallos en el procedimiento. El sospechoso volvió a quedar en libertad.

El pasado 12 de enero, tras 50 años desaparecida, la policía de Nueva Gales del Sur ha ofreció un millón de dólares a quien aporte pistas que conduzcan a la detención del culpable o a la localización del cuerpo de Cheryl Grimmer.