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¿Piensas que tus órganos no duermen? Este es el horario en que lo hacen

Dormir no es un simple capricho de nuestro cuerpo. Es una necesidad básica del organismo para reponer energías y garantizar nuestra supervivencia. Nuestros músculos y nuestros órganos necesitan dormir para funcionar de forma correcta. El sueño es, en definitiva, una de las funciones corporales más universales y cruciales para buena parte de los seres vivos.

El cuerpo entero está implicado en el desempeño de esta actividad. La sensación subjetiva de sueño y cansancio no es simplemente fruto de la actividad a lo largo del día. El cuerpo, lo habrás oído cientos de veces, funciona en parte como un reloj biológico que regula los ritmos y tiempos del organismo. El sueño es una de esas funciones al igual que, por ejemplo, la alimentación. No podemos dormir a capricho, cuando nos venga en gana, igual que no podemos comer cuando nos apetezca. El cuerpo y los órganos tienen un funcionamiento intrínseco al que conviene adaptarse por motivos de salud.

Los ritmos del cuerpo humano

Y, ¿para qué sirve dormir? Un grupo de investigadores de la Universidad de California, en Los Ángeles, aseguran en un reciente estudio que las cosas no son como pensamos. Las horas de sueño no son en absoluto ese tiempo de reposo y reparación que nos pensábamos. En cierto modo, es todo lo contrario. Estos neurocientíficos han descubierto que, mientras dormimos, los tejidos del cerebro trabajan a tope para reparar los sistemas y hacerlos crecer. 

“Dormir es tan importante como comer”, afirma Gina Poe, coautora del estudio citado. “Y es milagroso ver cómo, durante el sueño, se satisfacen las necesidades de nuestro sistema nervioso. Cuando dormimos, el cerebro no descansa”. Y es que el cerebro en particular, y los órganos del cuerpo humano en general, tienen una forma muy peculiar de descansar durante las horas de sueño.

La cuestión depende mucho de la fase del sueño en que nos encontremos. Hay fases en la que el ritmo del organismo desciende y otras en las que sucede todo lo contrario. También varía en función de a qué órganos nos estremos refiriendo. Buena parte de las siete u ocho horas que pasamos dormidos forman lo que se conoce como “sueño promedio”. 

Esta etapa es todo lo que esperamos que sea el sueño. Es decir, las ondas cerebrales tienden a ser más lentas que en la vigilia. Además, tanto el ritmo cardiaco como la presión arterial bajan su ritmo de forma considerable. De este modo es como el corazón y, en general, todo nuestro sistema vascular, están en reposo durante las horas que pasamos durmiendo. 

¿Y por qué dormimos de noche?

Como decíamos, no es capricho que el cuerpo quiera descansar a unas horas determinadas. El organismo está preparado para seguir unas pautas de vigilia, actividad y descanso. ¿Y por qué es precisamente por la noche cuando dormimos? La ciencia tiene una respuesta muy clara para esto.

La responsabilidad de que esto sea así la tiene la melatonina. Se trata de una hormona que nuestro cuerpo produce de forma natural. Son muchas las funciones y aplicaciones de esta sustancia, pero la más importante de todas es la relacionada con el sueño. La melatonina, por ejemplo, ayuda a ordenar los desequilibrios de estado de ánimo, defiende el sistema inmunológico y tiene capacidad antioxidante.

Pero, por encima de todo, es la hormona que nos ayuda a conciliar el sueño. Esta hormona únicamente se segrega por las noches, cuando los ojos empiezan a estar cansados y a percibir la oscuridad. A través de la melatonina se regula y organiza el llamado ritmo circadiano. Esto alude a la forma en que se desempeñan nuestras funciones vitales en la vigilia y durante el sueño.

Es, entonces, la melatonina, a través del ritmo circadiano, la que regula el funcionamiento de los órganos. Ella da las órdenes de activación y descanso según la hora del día que sea. Y es importante, pues no se trata de una hormona que aparezca de forma inesperada y caprichosa. Todo lo contrario. Su segregación está íntimamente relacionada con la oscuridad que perciben los conos y los bastones de nuestros ojos.

Como ves, el cuerpo humano es una máquina perfectamente engrasada, con sus horarios, ritmos y velocidades. No hay capricho ni improvisación en sus acciones, todo está regulado. Y nuestros órganos, la mayoría, también necesitan dormir a sus horas tras una dura jornada de trabajo. Como cualquiera. 

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