Un 'Iris' inédito de Monet se subasta en París por 50 millones y marca un récord del impresionismo

La obra, pintada entre 1924 y 1925 en Giverny, permaneció casi un siglo en una colección privada y nunca se había mostrado al público. La puja superó con amplitud la estimación de entre 22 y 30 millones de euros.

Hay cuadros que pasan casi un siglo en un salón privado y, cuando por fin salen, lo hacen por todo lo alto. La obra se ha vendido en París por 50 millones de euros, comisiones incluidas, y se ha convertido en la pieza más cara subastada nunca en Francia.

Se trata de un Iris de Claude Monet que jamás se había mostrado al público. La puja se celebró el jueves 22 de octubre en la sala parisina de Sotheby's, y el precio final se quedó muy por encima de la horquilla con la que salía a la venta.

El récord anterior de un Iris de Monet era de 12,9 millones, alcanzado en una subasta de Christie's en Londres en 2015. Esta venta multiplica esa marca por cuatro y deja la operación entre las grandes del mercado del arte europeo.

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Un Iris que permaneció oculto casi un siglo

El cuadro pertenece a los herederos de Jeanne Schlumberger, esposa de Marcel Schlumberger, uno de los dos hermanos que fundaron la compañía de servicios petroleros que lleva su nombre. Jeanne Schlumberger reunió una colección excepcional gracias, en buena parte, a su amistad con la galerista Katia Granoff: entre sus piezas había obras de Paul Cézanne y de Gustave Moreau.

Nunca prestó el Iris para ninguna exposición. Colgado en su residencia privada de París, el lienzo se mantuvo al margen de los focos y de los viajes, y eso explica su estado: sin barnizar y sin reforzar, algo poco habitual en una pintura de este calibre.

Casi un siglo lejos de las vitrinas ha dejado al Iris de Monet con una frescura que hoy resulta casi imposible de encontrar.

Lo detalló a los periodistas el mes pasado Thomas Bompard, codirector de arte moderno y contemporáneo de Sotheby's Francia, que supervisó la subasta. La procedencia añade interés: la familia conservó el cuadro en su casa parisina durante décadas, sin cederlo a museos ni a muestras temporales.

De ahí que la obra llegue al mercado sin el desgaste de los traslados y con una historia que los coleccionistas valoran tanto como la pintura en sí. El detalle que no hay que perderse: el lienzo se ha vendido tal y como salió del taller de Giverny, sin intervenciones posteriores.

Por qué el último Monet se ha vuelto tan codiciado

Monet pintó este Iris entre 1924 y 1925 en Giverny, la casa al oeste de París donde cultivó su jardín y donde dio forma a la serie de nenúfares que hoy identifica su obra en todo el mundo. Claude Monet pintaba entonces sin la obsesión por el detalle de sus primeras décadas, con una pincelada cada vez más suelta y una paleta que roza la abstracción.

Ese giro explica el interés actual. A los herederos de Schlumberger les atraían precisamente los elementos contemporáneos y abstractos de su trabajo, más que los toques impresionistas —el movimiento que a finales del siglo XIX apostó por captar la luz y el instante— por los que se conoce al pintor. Los cuadros de esta última etapa están hoy entre los más buscados.

El techo absoluto del artista sigue muy arriba: 98,5 millones de euros por Meules, subastado en Sotheby's Nueva York en 2019. Y conviene tenerlo en cuenta al leer la cifra de París: hablamos de una obra sin el eco popular de los nenúfares y, aun así, colocada a la altura de las grandes ventas de su autor.

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Del Iris de 2015 a los 50 millones de hoy

Para medir lo que ha cambiado el mercado basta un dato: en 2015, otro Iris se vendió por 12,9 millones en Christie's Londres. Once años después, este ha multiplicado esa cifra por cuatro en una sola tarde parisina. Entre medias se ha consolidado la demanda internacional, las obras que nunca se han visto en sala, se han convertido en el gran trofeo de los coleccionistas y el pintor ha entrado en la categoría de los valores seguros.

El calendario también juega a favor. El mundo del arte conmemora estos meses el centenario de la muerte del artista con programaciones especiales, y el Musée de l'Orangerie de París, donde se conserva el conjunto de los Nymphéas, es la parada obligatoria para quien quiera ver de cerca esa última manera. Las conmemoraciones no crean valor por sí solas, pero sí devuelven al artista al centro de la conversación.

Lo más interesante de esta subasta, en cualquier caso, no es solo el precio. Es comprobar que el Monet tardío, el que en su día se miró con reservas, hoy se lee como pura modernidad. Ahí está la verdadera noticia: el gusto terminó dándole la razón.

Cómo ver a Monet en París este otoño

La obra vendida no podrá visitarse: pasa a una colección privada. Quien quiera acercarse al Monet de Giverny tiene, eso sí, alternativas cerca. El Musée de l'Orangerie conserva los Nymphéas en sus salas ovales, y en Giverny la casa y el jardín del pintor funcionan como espacio visitable por temporada. Horarios, entradas y programación cambian con frecuencia, así que lo más prudente es consultarlos en las webs oficiales de cada centro antes de organizar la visita.

Ficha técnica

  • Título: Iris
  • Autor o autora: Claude Monet
  • Qué puedes ver: Pintura de la última etapa del artista, realizada en Giverny y conservada sin barnizar y sin reforzar, nunca expuesta al público hasta su venta.
  • Recinto y ciudad: Subastada en Sotheby's, París (la obra pasa a una colección privada).