María Gimeno llega al Museo Reina Sofía con un cuchillo y noventa mujeres artistas dispuestas a reescribir el relato. La performer presenta en Madrid una acción que cuestiona el canon y devuelve nombre y obra a quienes la historia del arte dejó fuera.
No es una metáfora. El cuchillo corta papel, y el papel es el de los manuales que durante décadas nos enseñaron a mirar. Conviene saberlo antes de entrar: aquí no hay conferencia ni lección magistral, sino una acción en vivo en la que el gesto hace el trabajo del argumento.
Qué ocurre exactamente en el Reina Sofía
La propuesta se presenta estos días en Madrid. El Museo Reina Sofía acoge una acción que reúne a noventa mujeres artistas. La cifra no es decorativa: funciona como contrapeso histórico, como una lista que corrige otra lista.
El mecanismo es sencillo de explicar y poderoso de ver. La performer —término que designa a quien crea con su cuerpo y su presencia, no solo con un pincel— trabaja sobre un ejemplar de un manual clásico de historia del arte, de esos que han formado a varias generaciones, y lo interviene físicamente. Abre, corta, inserta.
Lo que entra por esas grietas son artistas que el relato había dejado en el margen. Pintoras, escultoras, fotógrafas, autoras de obra gráfica y de instalaciones, nombres que muchas veces se estudian aparte, como si fueran un apéndice en lugar de parte del cuerpo principal.
Corregir un libro con un cuchillo es una manera extraña y muy eficaz de decir que la historia del arte siempre estuvo incompleta.
El Reina Sofía acoge así una pieza que solo existe mientras se hace. Es la lógica de la performance: no queda un objeto que comprar ni una vitrina que fotografiar, sino el recuerdo de haber asistido a un gesto. De ahí que convenga consultar fechas y horarios en la web oficial del museo antes de organizar la visita: este tipo de acciones suele concentrarse en sesiones concretas y con aforo limitado.
Queridas viejas: el proyecto que empezó con un libro
Queridas viejas es el nombre del proyecto de María Gimeno en el que se inscribe esta acción, un trabajo de largo recorrido que ha ido creciendo por capas. La artista no improvisa: lleva años investigando, seleccionando nombres y construyendo un relato paralelo que después irrumpe en el original con las herramientas de la encuadernación.
El detalle que no hay que perderse es material: el grosor del papel, las páginas que sobresalen, el desorden controlado del volumen intervenido. Ahí se ve el trabajo manual, la artesanía del gesto. Y también la idea de fondo: si un libro puede rehacerse, también puede rehacerse la memoria que transmite.

Hay algo de taller y algo de escenario en todo esto. María Gimeno lleva años abriendo ese hueco con paciencia de investigadora y una pizca de travesura, y el resultado no pide erudición: pide curiosidad. Se entiende sin explicaciones, aunque se disfruta más sabiendo de dónde viene.
Por qué esta acción importa más allá del gesto
La historia del arte se escribió con ausencias. En 1971, la historiadora Linda Nochlin publicó un ensayo que sigue funcionando como brújula: ¿por qué no ha habido grandes mujeres artistas? La respuesta no estaba en la falta de talento, sino en las condiciones de acceso, en quién firmaba, quién financiaba y quién decidía qué merecía colgar en una pared.
Aquel texto abrió una conversación que llegó a los museos por vías distintas. A finales de los ochenta, el colectivo Guerrilla Girls señaló con carteles la desproporción entre artistas hombres y mujeres en las colecciones permanentes de los grandes museos. El Reina Sofía, como institución pública volcada en el arte contemporáneo, ha ido incorporando esa mirada a su programación y a la lectura de su propia colección.
Lo interesante aquí es que la artista no pide permiso al panteón: entra en él y lo edita. Su gesto es didáctico y algo travieso, porque no se queda en la denuncia, construye una alternativa visible, con nombres y obras concretas que el espectador puede anotar y buscar después.
Para quien no lo conozca, el proyecto tiene la virtud de convertir una discusión académica en una experiencia física. Se sale de la sala con una lista de nombres en la cabeza. Eso, en un museo, es mucho.
Cómo acercarse a la cita
Una cita para mirar de otra manera el museo. La sede madrileña del Reina Sofía está en el eje de Atocha, y la acción se enmarca en su programación de artes en vivo. Antes de ir, conviene confirmar en la web oficial del museo el día, la hora y el acceso, porque las performances rara vez funcionan con la lógica de una exposición de sala.
Merece el viaje. Y merece quedarse un rato más: la colección del museo permite alargar la visita por otras salas y comprobar hasta qué punto el relato del arte del siglo XX sigue siendo una conversación abierta. La acción de Gimeno no cierra nada; deja una pregunta incómoda y fértil sobre la mesa.
Ficha técnica
- Título: Queridas viejas (acción performativa)
- Autor o autora: María Gimeno
- Qué puedes ver: Una acción en vivo en la que la artista interviene con un cuchillo un manual clásico de historia del arte para incorporar a noventa mujeres artistas.
- Recinto y ciudad: Museo Reina Sofía, Madrid



