Horario de invierno y salud: esto es lo que ganas y lo que pierdes cuando oscurece a las seis

El 25 de octubre los relojes se retrasan y las mañanas recuperan luz, que es justo lo que tu reloj biológico necesita para sincronizarse. El lado bueno del horario de invierno y lo que se pierde con él, según la evidencia científica.

El horario de invierno vuelve la madrugada del 25 de octubre y, con él, esa sensación de que anochece a media tarde. Lo he mirado con calma y hay más matices de los que parece.

Los relojes se retrasan una hora en la noche del sábado 24 al domingo 25 de octubre de 2026. Pasamos de un horario de verano con tardes luminosas a otro que nos deja algo de luz al salir hacia el trabajo.

Y ahí está el debate de siempre, con media España mirando el reloj con cara de fastidio. La pregunta interesante no es si cambiamos la hora, sino qué horario nos quedaríamos si decidiéramos no volver a cambiarla nunca.

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Qué gana tu cuerpo cuando amanece con luz

Un equipo de investigadores canadienses ha comparado los dos escenarios en un análisis publicado en el Canadian Medical Association Journal. Su conclusión va en una dirección bastante clara: la luz de la mañana es la que manda para el reloj biológico.

El razonamiento es sencillo. La luz matinal sincroniza el reloj circadiano del cerebro, ese mecanismo interno que decide cuándo tenemos sueño y cuándo estamos despejados. La luz de la tarde, en cambio, lo retrasa, y ahí empieza el lío.

Raymon Lam, primer autor del trabajo e investigador en la Universidad de Columbia Británica, lo resume así: 'Las pruebas científicas en materia de salud apuntan al horario estándar, el de invierno. La razón es que la luz matinal importa para los relojes biológicos, el sueño y el estado de ánimo.

La luz que entra por la ventana a primera hora no es un detalle estético: es la señal que pone en hora todo tu cuerpo.

El coautor Ralph Mistlberger, catedrático de psicología en la Universidad Simon Fraser, insiste en lo mismo: el horario de verano retrasa esa luz una hora justo cuando las mañanas de invierno ya son oscuras de por sí.

El lado oscuro de las mañanas sin luz

Aquí llegan los números que duelen. Entre el 1 y el 3 % de la población canadiense padece trastorno afectivo estacional, esa bajada de ánimo que llega con los días cortos, y un 15 % nota cambios leves en su estado de ánimo, en el sueño, y en los niveles de energía.

Los niños y los adolescentes salen peor parados. La pubertad retrasa de forma natural la hora de acostarse y el colegio sigue empezando temprano, así que, si además amanece más tarde, el cóctel se complica. Los trabajadores a turnos tampoco lo tienen fácil.

Y ojo con el mapa: quienes viven más al oeste dentro del mismo huso horario, donde el sol tarda más en salir, notan estos efectos con más fuerza.

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Lo que pasó en Estados Unidos en 1974 y en Rusia en 2011

No hace falta imaginar el escenario, porque ya se ha probado. Estados Unidos adoptó el horario de verano en la crisis energética de 1974 y lo revirtió en menos de un año. Rusia lo implantó en 2011 y lo revocó tres años después, con más somnolencia y más desplazamientos a oscuras.

Patrick Baylis, profesor asociado en la Columbia Británica, admite que el atractivo del horario de verano es fácil de entender: a la gente le gusta tener luz después del trabajo. Eso sí, hay que pesarlo contra menos sueño y peores resultados educativos.

Mi conclusión después de leer todo esto: el horario de invierno gana en salud y el de verano gana en terrazas y en recados. Si hay que quedarse con uno para siempre, me quedo con la luz de la mañana. Que luego anochezca a las seis, vale, pero duermo mejor.

Alexandra Choi, investigadora en Vancouver Coastal Health, lo deja claro: la política horaria es una cuestión de salud pública. Si un gobierno apuesta por el horario de verano, más le vale planificar los efectos antes de que llegue el primer invierno.

🧠 Para soltarlo en la cena

La luz matinal pone en hora tu reloj biológico interno.