La Cova Dones de Valencia esconde el mayor conjunto de inscripciones romanas del Imperio

Un equipo internacional documenta 120 inscripciones votivas de los siglos I y II en un santuario subterráneo dedicado a una diosa llamada Domina. Las mujeres tuvieron un papel activo en su culto.

Hay una cueva en Valencia donde los romanos escribieron sobre la piedra hace dos mil años. Y allí las mujeres dejaron constancia de su fe con nombre propio. La Cova Dones acaba de revelar el mayor conjunto de inscripciones romanas del Imperio: al menos 120 textos latinos que obligan a revisar el papel de la mujer en la religiosidad de la Antigua Roma.

La cavidad se abre en Millares, en la provincia de Valencia, a más de 200 metros de profundidad. Allí funcionó un santuario de época romana en el que se veneraba a una deidad femenina con rituales donde las mujeres tenían un papel muy destacado, algo poco habitual en la sociedad del momento. Las inscripciones datan, en su mayoría, de los siglos I y II después de Cristo.

Hasta hace poco se conocían apenas quince. Ahora son al menos 120, documentadas por un equipo que durante mayo y junio de este año ha peinado la pared y el techo de una cámara descubierta en 2024. La concentración de los textos apunta a un culto organizado y estructurado, según los investigadores.

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Una diosa llamada Domina y el papel activo de las mujeres

El análisis de cinco inscripciones votivas, es decir, las que se dedican a una divinidad a cambio de un favor o en agradecimiento, permite afirmar con certeza que dentro de la cueva se celebraba culto a una diosa a la que los fieles se referían con reverencia como Domina, 'la Señora'. Lo explica Silvia Alfayé, catedrática de Historia Antigua de la Universidad de Zaragoza, entre las firmas de la investigación.

Más interesante si cabe: ellas participaban de forma activa en ese culto. La deidad poseía además un epíteto específico, una fórmula que subraya una cualidad concreta, posiblemente relacionada con el agua. 'No se trataba simplemente de una cueva visitada con fines religiosos generales', señala Sergio García-Dils; era el lugar de culto de una advocación particular.

inscripciones rupestres latinas

Lo que hace extraordinario este rincón de Valencia no es solo la cantidad de textos, sino quién los escribió y a quién rezaban.

Los estudios preliminares indican, además, que algunas mujeres inscribieron sus propios votos en lugar de recurrir a un mediador que los escribiera por ellas. Un detalle pequeño en apariencia y enorme en sus consecuencias: apunta a una autonomía ritual poco frecuente en el mundo romano.

Por qué este santuario cambia el mapa de la epigrafía latina

El santuario romano en cueva con el mayor corpus epigráfico conocido hasta la fecha era La Griega, en Segovia, con 107 inscripciones. De todas ellas, solo una menciona un nombre femenino. Los nombres de mujeres aparecen en otros yacimientos rupestres, pero son raros frente a la abrumadora mayoría de consagrantes masculinos. Con 120 textos y una presencia femenina sostenida, la Cova Dones se coloca a la cabeza del registro.

Conviene glosar el término: la epigrafía rupestre es la disciplina que estudia los textos grabados en la roca, y aquí hablamos de inscripciones latinas talladas con un instrumento sobre paredes y techo. Su valor no es solo arqueológico. También es artístico: cada trazo conserva la huella de una mano, de una manera de escribir y de un gesto ritual repetido durante generaciones.

El lugar ya era conocido por otro motivo. La cavidad había atraído la atención científica tras el descubrimiento del mayor conjunto de arte rupestre paleolítico del este peninsular. 'Cada nuevo descubrimiento refuerza la idea de que Cova Dones sirvió como punto de referencia para las comunidades de esta región durante miles de años', señala Aitor Ruiz-Redondo, de la Universidad de Southampton, que alude al suministro permanente de agua, al paisaje subterráneo y al fácil acceso como razones de ese magnetismo.

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Pocas veces un yacimiento permite leer dos capas tan distintas de la historia en un mismo espacio: el arte de los cazadores paleolíticos y la escritura de los devotos romanos. Merece el viaje. Y buena parte del conjunto sigue bajo estudio, así que lo que viene promete.

Cómo se leen unas inscripciones que apenas se ven

Las letras son extremadamente difíciles de ver a simple vista. Por eso el equipo recurrió a un sistema de fotogrametría de alta resolución, una técnica que reconstruye el relieve de la piedra a partir de cientos de fotografías y permite distinguir trazos que el ojo confunde con vetas o grietas. Gracias a ella se han identificado inscripciones inadvertidas y se han separado textos que antes se consideraban parte de un mismo grabado.

Tampoco faltan las ofrendas. Los arqueólogos han documentado en el lugar dos anillos, un brazalete, vasijas con forma de cáliz, husos para hilar, cerámica y restos de fauna, junto a la moneda romana del reinado de Claudio hallada en la campaña de 2024. Las pozas naturales retienen el agua del sistema de cuevas y habrían servido como punto de depósito de esos objetos rituales.

'Los husos (una herramienta para trabajar la tela tradicionalmente asociada a las mujeres) encajan muy bien con los datos epigráficos', explica Virginia Barciela, de la Universidad de Alicante. La conservación conjunta de materiales arqueológicos e inscripciones dentro de un santuario subterráneo es, según el equipo, algo excepcionalmente raro.

La mayoría de las inscripciones procede de un único sector y muchas siguen pendientes de un estudio detallado. Por ahora no constan datos de visita pública del santuario; cualquier consulta debe dirigirse a las instituciones científicas responsables del proyecto.

Ficha técnica

  • Título: Santuario romano de la Cova Dones
  • Autor o autora: Equipo investigador de las universidades de Southampton, Zaragoza y Alicante
  • Qué puedes ver: 120 inscripciones votivas latinas en paredes y techo, ofrendas rituales y una moneda del emperador Claudio
  • Recinto y ciudad: Cova Dones, Millares (Valencia)