En la cueva de Abauntz, en Navarra, han aparecido seis fósiles de un neandertal que vivió hace 46.000 años.
La cavidad está en Arraitz-Orkin, en pleno valle de Ultzama, y lleva campañas de excavación dando material arqueológico. Los huesos salieron en una de las últimas y desde entonces no han parado de dar sorpresas. Vamos con lo que hay, sin adornos.
Seis trozos de una mano derecha que valen su peso en oro
El conjunto no es un esqueleto completo ni mucho menos. Son tres metacarpianos y una falange intermedia de la mano derecha de un individuo adulto, más dos fragmentos que solo se pudieron identificar como humanos gracias al análisis de proteínas. Seis fósiles pequeños con una historia enorme detrás.
Los estudios genéticos confirmaron que los restos son de un varón neandertal. Y aquí llega el detalle que más me ha llamado la atención: algunos de esos huesos tienen marcas de mordeduras de carnívoros. Eso no es un problema, es información. Cuenta qué pasó con el cuerpo después de la muerte y cómo acabó acumulado dentro de la cavidad.
Lo más valioso, sin embargo, es lo que llevan dentro. La conservación excepcional de los fósiles ha permitido recuperar ADN antiguo y obtener una datación directa por carbono-14. El material genético se degrada con el paso del tiempo y su preservación depende de las condiciones ambientales, así que sacar información genética de restos de decenas de miles de años atrás es un pequeño milagro de laboratorio.
Los análisis se desarrollan junto a la Universidad de Viena y el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig. No es un equipo cualquiera: es de los que marcan la diferencia en paleogenética.
Cuarenta y seis mil años después, la mano derecha de un neandertal sigue contando quién pisó el Pirineo antes que nadie.
Por qué este hallazgo llena un hueco que llevaba décadas vacío
Había montones de evidencias arqueológicas de presencia neandertal en el Pirineo occidental. Herramientas, fauna procesada, ocupaciones. Lo que no había eran restos humanos atribuidos directamente a la especie. Nunca se habían identificado restos humanos neandertales en Navarra y eso, en el registro paleoantropológico, es un antes y un después.
Andion Arteaga, investigadora del Centre of New Technologies de la Universidad de Varsovia y asociada al IPHES-CERCA, lo resume así: por primera vez hay restos humanos que permiten identificar directamente la presencia de los neandertales en Navarra. Antes, esa presencia se deducía de las piedras talladas y de los animales consumidos. Ahora hay hueso humano con nombre y apellidos genéticos.
Y no está solo en el yacimiento. Junto a los fósiles aparecieron herramientas de piedra y restos de fauna con marcas de procesamiento y consumo. Es decir, un grupo humano comiendo y trabajando allí. Abauntz era un punto de paso natural entre la península y el resto de Europa, así que el interés va más allá de Navarra: habla de movilidad y de posibles contactos entre grupos a ambos lados de los Pirineos.
Lo que aún no sabemos (y por qué conviene no correr)
Aviso importante: el trabajo está pendiente de publicación y de revisión por pares. Lo que hay son los resultados de un proyecto del IPHES-CERCA en el que también participan el CENIEH y el Instituto de Arqueología de Mérida. Los estudios genéticos siguen en marcha, así que vendrán más datos sobre su historia evolutiva y las dinámicas de población.
El precedente que invita a esperar sentados es El Sidrón, en Asturias, donde la genética permitió reconstruir parentescos e incluso organización social. Si Abauntz da la mitad de eso, el Pirineo occidental entra en el mapa con mayúsculas. Ahora mismo tenemos una mano derecha de hace 46.000 años que demuestra que allí vivió alguien de esta especie. Poco, en huesos. Muchísimo, en lo que significa.
Para ponerlo en contexto: hace 46.000 años los neandertales todavía ocupaban buena parte de Europa. Unos 6.000 años después, hace unos 40.000, desaparecieron del continente en un escenario marcado también por la expansión del Homo sapiens. Este individuo vivió, por tanto, en las etapas finales de la historia neandertal. Un testigo directo del último capítulo. Y todo gracias a seis trocitos de mano que han aguantado lo indecible.
🧠 Para soltarlo en la cena
El resumen: Mano derecha neandertal de Navarra: 46.000 años y ADN antiguo.




