Reformar piso antiguo: un arquitecto desaconseja empezar por los azulejos y explica qué va primero

El arquitecto Edu Saz sitúa la seguridad y el aislamiento por delante de la estética en las viviendas de los años sesenta y setenta. Cambiar el orden de las obras altera por completo el presupuesto final.

Si vas a reformar un piso antiguo, el orden importa: antes de elegir azulejos, revisa la instalación eléctrica y las ventanas.

Es la advertencia de Edu Saz, arquitecto e inversor, en el pódcast Libertad Inmobiliaria, presentado por Carlos Galán. Su tesis es sencilla: en una vivienda de los años sesenta o setenta, lo que no se ve pesa más que lo que se exhibe. Y con el presupuesto justo, conviene empezar por ahí.

Por qué el cuadro eléctrico va antes que los azulejos

Piensa en cómo vivía una familia cuando se levantó el edificio y en cómo vives tú ahora. Aquella instalación se dimensionó para unas pocas bombillas, una nevera y quizá una lavadora. Hoy la cocina concentra horno, vitrocerámica, lavavajillas y robot, y el salón suma televisión, ordenador y consola. El cableado no cambió. La demanda, sí.

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Por eso la instalación eléctrica de un piso de los sesenta merece una revisión antes de cualquier obra estética. Un electricista cualificado debe valorar el estado del cableado, el cuadro, y las protecciones, y decidir si basta con adaptar el cuadro o toca sustituir líneas enteras. Ojo con esto: no es solo comodidad. Una instalación deteriorada compromete la seguridad de quien vive dentro.

La intervención concreta varía según cada inmueble, así que no hay presupuesto único ni solución universal. Lo que sí comparten casi todos estos pisos es el punto de partida: instalaciones pensadas para una vida doméstica que ya no existe.

En una casa antigua, el dinero mejor gastado es el que evita sustos y no el que se ve en las fotos del salón.

Cambiar la cocina cuando los muebles todavía funcionan puede esperar un año. Rehacer el cableado, no tanto. Y hay un detalle que se pasa por alto: si reformas primero la estética y dejas las instalaciones para después, acabarás abriendo paredes y levantando lo que acabas de pagar.

Ventanas y aislamiento: la segunda inversión que no se ve

Muchas de estas viviendas se construyeron con soluciones térmicas muy distintas de las actuales. El resultado es el de siempre: el calor se escapa en invierno por los cerramientos y en agosto no hay quien refresque una habitación sin encender el aire a tope. Cambiar las ventanas antes que los muebles de la cocina es, para Saz, la otra gran prioridad.

Si los cerramientos tienen holguras, cierran mal o no aíslan, sustituirlos por otros con mejores prestaciones térmicas mejora el confort y reduce la energía necesaria para climatizar. El resultado depende de la orientación, la exposición al sol y la ventilación, así que no es un cálculo automático.

En fachadas y cubiertas conviene estudiar el aislamiento cuando el edificio lo permita. El trasdosado interior es una opción, aunque resta metros y obliga a vigilar los puentes térmicos (los puntos donde el frío se cuela sin barrera) y el riesgo de condensaciones.

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Aquí entra la eficiencia energética, un terreno con programas públicos de rehabilitación que cambian según la convocatoria y la comunidad. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) publica guías y programas que merecen un repaso antes de pedir presupuesto a nadie.

Qué revaloriza de verdad un piso de los sesenta (y qué no)

Los pisos de los cincuenta, sesenta y setenta no responden a un molde único, pero comparten rasgos: superficies ajustadas, habitaciones compartimentadas y distribuciones que hoy chirrían. También comparten limitaciones. No siempre se pueden tirar tabiques, mover bajantes o abrir huecos de fachada, y tocar elementos estructurales exige proyecto técnico y el visto bueno de la comunidad de propietarios en muchos casos.

Ahí está la letra pequeña que casi nadie mira al comprar: el precio de entrada de un piso antiguo suele ser más amable, pero la reforma real rara vez es cosmética. En un parque residencial envejecido, la diferencia entre una vivienda actualizada por dentro y otra solo maquillada se nota en la tasación y en el certificado de eficiencia energética, que ya se pide en cualquier compraventa o alquiler.

La lectura útil es esta: una instalación segura, unas ventanas decentes y un aislamiento razonable aportan durante décadas, aunque no se vean al entrar en casa. Los acabados, en cambio, se renuevan por fases y sin prisa. Quien invierte el orden acaba pagando dos veces.

El gotelé y los azulejos: lo que sí puede esperar

Nada de esto significa renunciar a que la casa te guste. Significa aplazarlo con criterio. Si los muebles de la cocina están enteros, pintar los muebles y cambiar los tiradores transforma el ambiente por una fracción de lo que cuesta una cocina nueva. Cambiar la encimera o el frente de los armarios también da un aire distinto sin obra.

El gotelé, los suelos de terrazo y las puertas oscuras pueden esperar al segundo o tercer año. Antes de levantar un suelo o retirar un revestimiento, estudia si hay una alternativa más barata que mejore el resultado. A veces el cambio está en la iluminación o en una mano de pintura clara.

Lo importante viene ahora: si estás mirando pisos antiguos para comprar, pregunta por la última revisión del cuadro y del cableado antes de firmar. Es la duda que separa una oportunidad de un problema caro. Y si ya vives en uno, empieza por ahí. El resto puede ir llegando.

🏠 Las llaves de la noticia

  • 🔑 Qué te importa: En un piso de los sesenta o setenta, la instalación eléctrica y las ventanas van antes que los azulejos.
  • 💡 Por qué te importa: Una instalación obsoleta afecta a tu seguridad, y una reforma estética previa obliga a romper después lo ya pagado.
  • 📊 Apunta estas cifras: Viviendas de referencia: décadas de los 60 y 70. Sin importes cerrados: el coste depende del estado de cableado, cuadro y cerramientos de cada inmueble.