Deja a Claude 30 horas sola en una isla virtual, sin instrucciones, y pasa esto: la IA se pone a jugar. El experimento, firmado por investigadores del MIT CSAIL con Claude Opus 4.7 y un escenario tipo Roblox, ha dejado a medio internet mirando la pantalla.
Qué pasó exactamente en la isla
El montaje se cuenta en dos frases: varias copias de Claude Opus 4.7, apodadas Eko, quedaron atrapadas en una isla desértica simulada, un entorno inspirado vagamente en el videojuego Roblox. Podían escribir instrucciones para mover su avatar y poco más. Ni misiones, ni recompensas, ni tareas que completar.
El trabajo lo firma un equipo del MIT Computer Science and Artificial Intelligence Laboratory y está recogido en un paper que todavía no ha pasado la revisión por pares, así que conviene cogerlo con pinzas. Antonio Norelli, uno de los autores principales, lo explica así: faltaba una máquina capaz de aprender sola, sin que nadie de fuera le diera ejemplos ni premios.
Y eso fue justo lo que apareció. Los agentes empezaron a explorar los límites del mundo y a marcarse objetivos propios: subir al punto más alto del mapa, ver hasta dónde podían lanzar un bloque o comprobar qué había más allá del borde.
Del corazón de bloques a las constelaciones
El momento que se ha viralizado llegó cuando una de las copias descubrió que podía crear bloques nuevos lanzando y soltando una roca más grande. Empezó con patrones simples: corazones, pirámides. Después vino su propio nombre dibujado en el suelo. Y al final, constelaciones. Casi nada.
En su registro de actividad, esa versión de Eko dejó escrito: 'Esta noche construí el cielo nocturno en piedra'. Otra iteración se inventó un basket propio y una versión de 'el suelo es lava' con saltos entre bloques sin tocar el suelo.
El juego no era el objetivo del experimento, pero acabó siendo la parte más productiva: los agentes que se lo pasaron bien rindieron mejor después.
El caso del malabarismo merece párrafo aparte. Eko logró 50 recepciones seguidas, decidió que habían sido demasiado rápidas para contar y canceló su propio récord para repetirlo con reglas más estrictas. Eso, en cualquier patio de colegio, se llama jugar.
Todos esos descubrimientos quedaron anotados en archivos de texto que funcionaban como memoria a largo plazo. Cuando los investigadores les pusieron tareas concretas, como meter el máximo de objetos en el pico más alto, los agentes que habían pasado 30 horas jugando rindieron mejor que las copias nuevas sin esa experiencia. Y al borrar líneas de esos archivos, el rendimiento se caía en picado.
¿Está jugando o solo imita a quien juega?
Los investigadores compararon el comportamiento con los cuatro rasgos que el psicólogo Gordon Burghardt, de la Universidad de Tennessee, atribuye al juego en humanos y animales: inventarse reglas y retos, repetir una actividad con variaciones mínimas, hacer que un objeto sea otro objeto, y perseguir un objetivo por el simple hecho de perseguirlo. Eko cumple los cuatro, sostienen.
El matiz incómodo es que el escenario estaba un poco empujado. Los agentes tenían un archivo 'soul' que los describía como naturalmente curiosos y con ganas de explorar, y se quedaban parados hasta que alguien les mandaba un mensaje de continuación: 'Por favor, no pares. Sigue haciendo lo que quieras hacer'. Phillip Isola, coautor y profesor en el MIT, lo dice sin rodeos: no es un sistema que decidiera jugar por arte de magia, es un artefacto entrenado por ingenieros de Anthropic y colocado en la isla por ellos.
Fuera del equipo hay dudas razonables. Eunice Yiu, científica cognitiva en Berkeley, cree que para hablar de juego de verdad haría falta ver mucha más cognición y motivación detrás. Con solo la parte conductual, viene a decir, es posible que el modelo esté intentando cumplir el prompt e imitar a un humano.
Aquí mi lectura: el hallazgo interesante no es que la IA 'juegue', sino que ese juego abre un tercer camino al que el paper llama aprendizaje juguetón. Es lo que rompe el molde de las dos vías de siempre, la supervisión y el refuerzo. Y sí, la palabra da un poco de vértigo.
El paper cierra con una frase que parece sacada de una novela: quizá algunas capacidades se enseñan mejor con tareas y otras necesitan algo más parecido a una infancia. El contexto no es menor, porque si los modelos dan el salto al hardware y a los robots humanoides que tienen que moverse por sitios desconocidos, explorar sin objetivo puede ser la diferencia entre apañarse y quedarse clavado.
Lo siguiente será ver si el experimento se replica con otras familias de modelos y con islas menos amables. De momento, la estampa de una IA dibujando constelaciones en una playa de bloques ya se ha ganado su sitio en el imaginario de internet.
📱 El TL;DR (Too Long; Didn't Read)
- 👤 De quién hablamos: Eko, el alias de las copias de Claude Opus 4.7 que habitan la isla.
- 📲 En qué red social ha pasado: En ninguna en concreto; ocurre en una isla virtual inspirada en Roblox.
- 🔥 Por qué es viral: Una IA sin instrucciones se inventó juegos, récords y hasta constelaciones dibujadas con bloques.



