El 'Chernóbil asturiano': el pueblo abandonado de Asturias que aún tiene cine, escuela y consultorio

Soto de la Barca nació en 1965 al calor de la térmica de Narcea y llegó a tener 500 vecinos. La central cerró en 2020, el Ayuntamiento devolvió los 3,5 millones en 2025 y hoy solo quedan 24 censados.

Hay un pueblo abandonado en Asturias que todavía conserva cine, escuela y consultorio médico. Y ni una sola razón para volver.

Se llama Soto de la Barca, está en Tineo y hay quien lo llama el 'Chernóbil asturiano'. El apodo es resultón y algo tramposo: aquí nunca hubo reactor. Prípiat tuvo plazos, sirena y 49.000 evacuados. Soto se vació a cámara lenta, nómina a nómina, sin que nadie grabara el segundo exacto en que dejó de ser un pueblo.

Cincuenta años de carbón y un poblado de 500 vecinos

La idea fue de Higinio González, un empresario que murió en 1960, cinco años antes de que la planta arrancara. Su plan: una térmica para quemar el carbón del suroccidente asturiano y del norte de León. Naturgy fija el estreno comercial en 1965 y, como era costumbre entonces, levanta un pueblo entero pegado a la central.

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Ahí estaban la escuela, el club social con bar, la parroquia, el economato, la piscina, las zonas deportivas, el cine, y el consultorio de antes. El diseño del poblado lleva la firma de Ramón Vázquez Molezún, que por entonces firmaba promesas con ladrillo. La plantilla llegó a los 250 empleos y el pueblo a los 500 vecinos.

La planta creció en 1969 y 1984 hasta sumar tres grupos, y desde los ochenta pasó por distintas manos con recortes de plantilla incluidos. En 2000 marcó su récord: 3.855 GWh en un año, electricidad para cientos de miles de personas. Sus dos parques almacenaban 120.000 toneladas de carbón. En 2014 la producción se había quedado en 916 GWh.

En 2016 se autorizó cerrar el grupo 1, el más pequeño. En diciembre de 2018 Naturgy pidió cerrar el resto. En junio de 2020 la central salió de la red, el mismo mes que otras seis térmicas españolas. Entonces quedaban 81 empleados propios y 48 de empresas auxiliares; la plataforma 'Somos Tineo' contó 180 empleos destruidos.

Un pueblo no se muere cuando apagan la última turbina, sino cuando el último sueldo deja de llegar el día 30.

Los 3,5 millones que volvieron por donde vinieron

Naturgy obtuvo los permisos de desmantelamiento en marzo de 2022 y en agosto firmó el convenio que cedía el poblado al Ayuntamiento. En abril de 2023 el Instituto para la Transición Justa concedió 3,5 millones de euros del Plan de Recuperación, la nota más alta de España. El proyecto: rehabilitar 14 viviendas unifamiliares y montar el primer cohousing del país impulsado por un ayuntamiento.

En 2025, Tineo devolvió el dinero. La alcaldesa, Montse Fernández, explicó que el gobierno que aterrizó en junio de 2023 se topó con plazos incumplidos y que los proyectos no se contrataron hasta septiembre.

Hacían falta dos: uno para reformar las 14 viviendas y otro para urbanizar el poblado. El segundo no llegó nunca, la adjudicataria no lo presentó y el concurso quedó desierto. El concejal de Urbanismo, Pablo Fernández, lo resume como un 'regalo envenenado': el poblado es patrimonio de interés cultural y conservarlo exige mucho presupuesto.

Lo que queda: 24 censados, un busto robado y una subasta

Hoy hay 24 vecinos censados. Los chalets y bloques siguen en pie con humedad, grietas y maleza trepando por las paredes. Dentro, locales y casas conservan material médico, ropa, pupitres, libros y recuerdos personales, todo revuelto, como de salida precipitada. Desde que empezó el desmantelamiento, los robos y destrozos no han parado.

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En 2024 desapareció el busto de bronce de Higinio González que presidía la entrada. Los vecinos retiraron las campanas de cobre de la iglesia por miedo a que volaran. En junio de 2026 apareció rota una de las hojas de la puerta y, tras dos robos de cable eléctrico, el párroco dejó el templo sin luz. El pueblo es patrimonio protegido y no hay un solo proyecto aprobado.

Rubén Domínguez, de la Universidad de Oviedo, pide una rehabilitación integral y respetuosa con el diseño original. Su argumento es sencillo: habitado, el conjunto se pondría en valor solo. La prensa local ya lo llama 'la Perlora del Suroccidente', y no es casualidad.

Perlora, en Carreño, nació en 1954 como ciudad de vacaciones sobre 20 hectáreas y 274 edificaciones, y cerró en noviembre de 2006. A Paicega alojó a los obreros de la presa de Salime con escuela, cantina, peluquería y policía propia; hoy está completamente deshabitada.

El caso extremo es Hashima: 5.259 vecinos en 1959 y 15,7 millones de toneladas de carbón extraídas hasta que Mitsubishi cerró la mina en enero de 1974. La isla se vació en poco más de tres meses y en 2015 entró en la lista de la Unesco. La Robla, también de Naturgy, llegó a 300 empleos y paró en julio de 2020.

Y hay un último giro. El 29 de julio de 2026 el Ministerio para la Transición Ecológica adjudicó el nudo de red Narcea 400 kV a La Barca Energía: una central hidroeléctrica de bombeo de 320 MW, más de 400 millones de inversión y hasta 289 empleos durante doce años. Suena a salvación y no lo es del todo: es un uso para la capacidad de conexión que dejó libre la térmica, no un plan para el pueblo.

Mientras tanto, Naturgy contabiliza 30 personas trabajando en la obra de desmantelamiento de Narcea. Ocho salieron de la lista del Instituto para la Transición Justa, pero solo una residía en Tineo. Ese es el resumen real de la transición justa: papeles que se devuelven, concursos que se caen y un pueblo que sigue en pie por pura inercia.

El resumen para vagos (TL;DR)

  • 🎯 ¿Qué ha pasado? Soto de la Barca, en Tineo, lleva vacío desde el cierre de la térmica de Narcea en 2020.
  • 🔥 ¿Por qué importa? Tenía 500 vecinos, cine y consultorio, y devolvió 3,5 millones de euros de ayudas en 2025.
  • 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Es el retrato de una transición energética que llega tarde y mal.