Lo que tu forma de dormir dice de tu salud después de los 50 (y no es lo que crees)

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Dormir boca arriba: la postura que multiplica las apneas (y el reflujo) a partir de los 50

Una pareja en la cama, un compañero durmiendo y roncando, el otro frustrado y despierto.

Dormir boca arriba no es una postura neutra para la vía aérea. En decúbito supino la gravedad empuja la lengua, el paladar blando y la úvula hacia la pared posterior de la faringe, que se estrecha; además, el volumen pulmonar cae en torno a un 10% respecto al decúbito lateral, lo que reduce la tracción que contribuye a mantener abierta la garganta. El resultado es la llamada apnea posicional: un índice de apnea-hipopnea (IAH) en supino que duplica o más el de otras posturas. En la cohorte poblacional HypnoLaus, con 1.719 personas de 40 a 85 años, ese patrón aparecía en el 53% de la población general y en el 75% de quienes tenían apnea, y hasta un 36% de los pacientes normalizaban su IAH con solo dejar de dormir boca arriba. En mayores de 65 años, el IAH en supino llega a ser casi el doble que en posición lateral.

Ese peso de la postura se agrava con la edad y se suma a otro problema clásico del decúbito supino: el reflujo. Con los años disminuye el tono de los músculos que mantienen permeable la vía aérea, y la proporción de personas con apnea posicional aumenta; a partir de los 50, la diferencia de riesgo entre hombres y mujeres se estrecha. En el reflujo nocturno, un estudio con 57 pacientes monitorizados con pH e impedancia midió un tiempo de exposición ácida mayor en supino que en decúbito lateral izquierdo (0,6% de mediana frente a 0,0%) y un aclaramiento esofágico más lento (76 segundos frente a 35). Son datos que explican por qué evitar dormir boca arriba y elevar la cabecera de la cama figuran entre las medidas más simples para reducir los episodios nocturnos. Por eso esta postura ocupa un lugar propio en la lista: no siempre da síntomas llamativos, pero es la que más eventos respiratorios y más ácido acumula en el esófago.

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