Pocas mujeres reunieron tanto poder y tanta pintura como Cristina de Suecia. El Prado acaba de devolverla al centro de sus salas. Desde comienzos de octubre, la Sala 74 del edificio Villanueva está dedicada en exclusiva a la pasión de la soberana por la escultura, dentro de un programa que conmemora el cuarto centenario de su nacimiento.
No se trata de una exposición temporal al uso, sino de una sala de colección permanente reordenada para contar una historia muy concreta: la de una reina que gobernó apenas una década, abdicó con 27 años y dedicó el resto de su vida a comprar, encargar y pensar el arte. El recorrido incluye un ejemplar del tratado de pintura de Leonardo da Vinci dedicado a la soberana, una pieza que dice más de su curiosidad que cualquier corona.
Qué se puede ver en la Sala 74 del Prado
El invitado principal es un retrato. Se trata de Cristina de Suecia, reina, firmado por el pintor de cámara Sébastien Bourdon, que ha pasado de los almacenes a la colección permanente tras la renovación de la sala. Un óleo sobrio en el que la reina aparece sentada y sin apenas atributos de poder: un anillo con camafeo, un cetro que casi no se ve y una silla de terciopelo rojo que ejerce de trono.
Junto a la pintura, la sala propone una lectura de su relación con la escultura y con el saber clásico, dos territorios que la reina entendía como uno solo. El tratado de Leonardo funciona aquí como hilo conductor. No es un objeto decorativo: es la prueba de una mujer que leía, encargaba, y discutía de arte con la misma naturalidad con la que firmaba decretos.
Por qué Cristina de Suecia importa tanto al Prado
La conexión no es simbólica, es material. Al abdicar en 1654, Cristina hizo las maletas con su biblioteca y 104 pinturas, cerca del 10% de todo lo que poseía, y casi la mitad de esos cuadros procedían del botín de Praga, la colección del emperador Rodolfo II saqueada por las tropas suecas al final de la guerra de los Treinta Años. Entre ellos había obras de Tiziano, Veronese y Correggio.
A la reina le interesaba sobre todo la pintura italiana. Amaba a Rafael y a los venecianos y, salvo Rubens, del que llegó a tener nueve lienzos de gran formato, los maestros del norte la dejaban bastante fría. Esa jerarquía de gustos explica buena parte de lo que hoy cuelga en las paredes del museo. Cristina de Suecia coleccionó con criterio propio, no por inercia dinástica.
Reinar fue solo una etapa de su vida; leer, comprar y rodearse de belleza ocuparon el resto.
El intercambio con Felipe IV merece un apartado propio. Para ganarse el apoyo del monarca español, Cristina le envió las tablas de Adán y Eva de Durero, que a ella no le decían gran cosa, y él respondió con la Madonna del Passeggio de Rafael, que la volvía loca.
Las dos tablas de Durero acabaron en las Bóvedas de Tiziano del Alcázar de Madrid y hoy se exhiben en el Prado casi de milagro. Carlos III ordenó destruir varias pinturas consideradas indecentes en 1762 y se salvaron porque Anton Raphael Mengs convenció al rey de que servían para el estudio de la anatomía.

Cómo el Prado en femenino rescata a las mecenas de la colección
La reordenación de la Sala 74 se entiende mejor dentro de una línea de trabajo más amplia. El Prado en femenino, dirigido por Noelia García Pérez, catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Murcia, investiga desde hace años el papel de las mujeres de las casas reales en la formación de las colecciones del museo.
Figuras como Isabel de Farnesio encajan en ese relato: reinas que compraron, encargaron y condicionaron el gusto de su época mucho antes de que existiera el concepto moderno de mecenazgo.
El otro pilar es editorial. La monografía Cristina de Suecia, firmada por Manuel Arias Martínez, jefe de Colección de Escultura hasta 1700 del museo, y publicada por el Prado junto a Sílex Ediciones en 2026, abre la serie Creadoras del Prado: artistas y promotoras. La idea de fondo es sencilla y poderosa: las mujeres no solo posaron en los cuadros, también decidieron qué se pintaba y qué se conservaba.
Para quien no conozca a la reina, el retrato de Bourdon es la mejor puerta de entrada. Arias describe su ambigüedad sexual como un modo de ejercer una libertad inconcebible para su tiempo.
Esa misma independencia explica por qué eligió la cultura clásica, a Rafael y a Venecia por encima de cualquier imposición. No es casualidad que se identificara con la diosa Minerva, patrona de la sabiduría y de las artes. Cuatro siglos después, la sala invita a mirarla sin prisa.
Cuándo y cómo visitar la sala
La Sala 74 se encuentra en el edificio Villanueva, en Madrid, y forma parte del recorrido permanente, así que se visita con la entrada general del Museo del Prado. Los horarios y las condiciones de acceso varían según la temporada, de modo que lo más práctico es consultar la web oficial del museo antes de organizar la visita.
Las actividades organizadas junto a la embajada de Suecia se extenderán hasta febrero de 2027 y abordarán el legado de la reina desde distintos ámbitos del conocimiento. Una razón más para no dejarlo para el final: la conmemoración del cuarto centenario ofrece una visita con historia propia.
Ficha técnica
- Título: Sala 74, dedicada a Cristina de Suecia y su pasión por la escultura.
- Autor o autora: Cristina de Suecia como promotora; retrato de Sébastien Bourdon.
- Qué puedes ver: El óleo Cristina de Suecia, reina, un ejemplar del tratado de pintura de Leonardo da Vinci dedicado a la reina y piezas en torno a su gusto escultórico.
- Recinto y ciudad: Museo Nacional del Prado, Madrid.



