2Sus negocios empresariales: de la productora propia a las inversiones fuera del sector audiovisual
La producción propia fue durante años el centro de gravedad del imperio empresarial de Pepe Navarro. A mediados de los noventa, en pleno reinado de las madrugadas, tejió sociedades para no depender de las cadenas y controlar sus formatos: CEDIPE (Compañía Europea de Inversiones y Producciones Editoriales), responsable de Esta noche cruzamos el Mississippi, La sonrisa del pelícano y Ruffus & Navarro, y Andrea Producciones, fundada en 1995 con el nombre de su hija mayor y dedicada a la radiodifusión y transmisión de señales de televisión. Aquel andamiaje se ha ido apagando: CEDIPE cambió su objeto social hacia la explotación de casinos y zonas de ocio y no presenta cuentas desde 2010, mientras Andrea Producciones acumula activos de unos 1,7 millones de euros pero sin apenas actividad. Marcela Producciones, otra de sus mercantiles clásicas, está registrada incluso en el epígrafe inmobiliario pese a su teórica dedicación a viajes y representación de marcas.
Fuera del audiovisual, Navarro diversificó hacia terrenos dispares casi siempre con escaso recorrido: el reciclaje y la chatarra (Actuaciones Navales Las Palmas), la energía solar con Saucedilla Solar 21, con sede en Villarrobledo y sin cuentas desde 2014, o el ladrillo a través de Croloma 98 y KMK Media Investment. Su gran activo real es, en cambio, el patrimonio inmobiliario personal: la villa de Ibiza, de unos 512 metros construidos sobre 30 hectáreas y con vistas a Formentera, que lleva desde 2018 en venta por unos 10 millones sin comprador y que ahora rentabiliza alquilándola en Airbnb desde unos 2.300 euros la noche; un ático de 300 metros en el Paseo de la Castellana a la venta por 1,825 millones (aunque ha llegado a pedir 1,95); una vivienda en Alcobendas; y una parcela en La Moraleja.
