Mercadona, Carrefour y Lidl afrontan un problema inesperado en octubre: los clientes acuden un 10% más a las tiendas, pero compran menos productos en cada visita

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El impacto en las cuentas: más costes operativos y presión sobre el margen

A person holding a bunch of money next to a calculator

Cada acto de compra arrastra una estructura de coste que no se reduce porque la cesta sea más pequeña. Reponer el lineal, abrir caja, atender al cliente, mantener la refrigeración y mover el producto por la logística cuesta prácticamente lo mismo si el ticket ronda los 18 euros de media que si apenas alcanza los 6 o 13 euros de las cestas más pequeñas. El cambio de hábito que mide Worldpanel by Numerator —los hogares españoles superan ya los 2.200 millones de actos de compra al año— golpea así la cuenta de explotación: las visitas a supermercados y a las cadenas de descuento crecen en torno al 9,5% y al 10%, respectivamente, pero las cestas pequeñas concentran el 90% del aumento del tráfico. Más transacciones que servir con una facturación por operación cada vez más baja equivale, en la práctica, a encarecer el coste por cada euro vendido.

A ese mayor coste operativo se suma una competencia feroz que impide trasladar la presión al precio. La marca de distribuidor ya supone el 45,9% del gasto en alimentación envasada, y el consumidor reparte su compra entre unas seis cadenas distintas, de modo que retener cada acto de compra obliga a invertir en promociones y fidelización. El margen queda así en un filo muy estrecho: el margen neto medio de los grandes minoristas de alimentación se situó en el 2% en 2024, y Carrefour lo vio caer del 1,9% al 0,9% en un solo ejercicio, con el margen operativo estancado en el 2,1%. Bloomberg Intelligence advierte, además, de que los costes operativos, sobre todo los salariales, no bajan al ritmo de la inflación alimentaria, lo que prolonga la presión sobre la rentabilidad del sector.

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