Una periodista 'hackeó' su cerebro en 6 semanas: así funciona la plasticidad cerebral

Melissa Hogenboom, periodista de la BBC, se sometió a dos escáneres cerebrales y a 30 minutos diarios de meditación. El resultado: menos volumen en la amígdala derecha y más control emocional en la corteza cingulada.

Melissa Hogenboom meditó 30 minutos al día durante seis semanas seguidas. Después se hizo un escáner y algo había cambiado ahí dentro.

Qué es la plasticidad cerebral y por qué no se apaga a los 30

Vamos con la definición, que es más sencilla de lo que parece. La plasticidad cerebral es la capacidad del sistema nervioso de reorganizarse a partir de lo que le va pasando: cada cosa que aprendes y cada entorno nuevo deja una huella física. Sí, física. El cerebro genera conexiones interneuronales nuevas a cualquier edad.

Es cierto que de niños, tenemos más margen. Se nace con más conexiones y eso permite aprender idiomas a una velocidad que después cuesta más. Pero la puerta no se cierra. Tu cerebro sigue siendo moldeable a los 40 y a los 70, y eso es justo lo que interesa de todo este asunto.

Publicidad

El experimento: 30 minutos al día y dos escáneres

Melissa Hogenboom, periodista de la BBC, quiso comprobar si la atención plena tenía un efecto real en su cabeza. Se apuntó a un curso de mindfulness: 30 minutos diarios, repartidos en una o dos sesiones de meditación guiada. El encargado de medir los resultados fue Thorsten Barnhofer, profesor de psicología clínica de la Universidad de Surrey, con un escáner antes y otro después.

El mindfulness no es nada esotérico, aunque lo parezca. Jon Kabat-Zinn, profesor emérito de Medicina, lo definió en los 90 como prestar atención con propósito al momento presente y sin juicios. Lo que ella tenía que hacer, además de meditar, era detectar cuándo su mente se largaba a otro sitio: en el deporte, cocinando, comiendo. Simple de decir y complicadísimo de sostener.

La clave de todo está en el estrés. La neuroplasticidad se frena cuando el cortisol se queda alto demasiado tiempo. Barnhofer lo explicó así: lo que hace la atención plena es amortiguar el estrés. Y añadió el matiz importante, que la distracción mental puede ayudarte con la creatividad, pero se vuelve un problema cuando entra en bucle y se convierte en preocupación.

El mindfulness no te vuelve más listo: le baja el volumen al estrés que te impide aprender.

Los resultados del escáner fueron concretos. La mitad derecha de su amígdala redujo su volumen, algo que encaja con los estudios que relacionan la atención plena con una amígdala más pequeña. La corteza cingulada, implicada en las respuestas emocionales, creció ligeramente. Traducido: menos alarma y algo más de control emocional.

Ori Ossmy, profesor de desarrollo cerebral en Birkbeck, añade la pieza que casi nadie cuenta. La actividad física facilita la plasticidad y, si la combinas con una tarea cognitiva, el efecto se multiplica. Por eso meditar concentrado en una postura de yoga cunde más que meditar repantingado en el sofá.

Lo que puedes esperar (y lo que no) si te pones a meditar

Ojo con los atajos, que aquí hay mucho vendedor de humo. El mindfulness no sustituye a un tratamiento psicológico. La psicóloga Iria Reguera lo avisa: la meditación no causa depresión ni ansiedad, pero en trastornos latentes puede hacer que afloren. Si estás en esa situación, esto se consulta con un profesional y no con un vídeo suelto de internet.

Mi lectura tras leer el experimento entero es que merece la pena probarlo, pero por el motivo correcto. No para hackear nada, sino para bajar el ruido. 30 minutos al día durante seis semanas es el precio de entrada, y no hay garantía de que tu escáner salga tan bonito como el suyo.

Publicidad

🧠 Para soltarlo en la cena

La meditación reduce tu amígdala y engorda tu corteza cingulada.