Rehabilitar una casa antigua puede salir más a cuenta que demolerla. En Galilea, en Mallorca, Miel Arquitectos ha recuperado una casa centenaria de 125 m² para que pueda usarse todo el año y no solo durante los meses de verano.
Una casa de 125 m² entre la montaña y el Mediterráneo
La vivienda, recogida por el medio especializado Diariodesign, se apoya en las faldas de la Sierra de Tramuntana. El terreno se organiza en tres franjas: abajo, el jardín con frutales, la piscina y el solárium; arriba, los bancales o marjades; y en medio, la casa, distribuida en dos niveles. La planta alta reúne los espacios de estar, con vistas al Mediterráneo.
El proyecto no amplía la casa. Ajusta la volumetría para diluir su impacto visual, limpia y recoloca las tejas y las vigas de madera del porche original y unifica los niveles de terraza. Los volúmenes técnicos se tamizan con celosías cerámicas de color natural y las fachadas recuperan el acabado de cal.
Dentro, la reforma saca partido a lo que ya existía. Las hornacinas del muro central se prolongan a través de sus 80 centímetros de espesor y generan nuevas conexiones de luz, ventilación y vistas entre el salón-comedor y el pasillo de los dormitorios. La cocina se abre al espacio social y se prolonga hacia fuera con una barbacoa y una terraza que funciona como mirador.
Y sin ampliar ni un metro de más.
Las estrategias bioclimáticas que puedes copiar en tu casa
Ganar confort en invierno sin depender solo de la calefacción se consigue actuando sobre la envolvente. El proyecto incorpora una solera nueva, drenante y aislada, aislamiento exterior transpirable en las fachadas y aislamiento bajo las tejas de la cubierta. El aislamiento de la envolvente es la partida más cara de cualquier rehabilitación y, a la vez, la que más rebaja la factura energética. Aquí no hay atajo.
En una casa antigua, el mayor ahorro no viene de un aparato nuevo, sino de la envolvente: aislar bien es lo que la hace habitable todo el año.
Las zonas sociales amplían sus aperturas hacia el sur y utilizan pavimentos de piedra natural, que aportan inercia térmica: el suelo acumula calor durante el día y lo libera cuando cae la temperatura. Es un recurso pasivo, es decir, funciona sin consumo eléctrico. Si ya tienes piedra o cerámica en casa, parte del camino está hecho.
Dos lucernarios practicables llevan luz y ventilación a los dormitorios del norte; unas pequeñas ventanas circulares y pivotantes activan la ventilación cruzada entre estancias opuestas; y una pérgola de parra y alambres protege del sol en verano sin cerrar la luz en invierno. Son medidas pasivas y fáciles de replicar, siempre que tu casa tenga fachadas a dos orientaciones distintas. La ventilación cruzada no cuesta nada y se nota todo el año.
Encima de eso están los sistemas activos: aerotermia para el agua caliente sanitaria y la calefacción por suelo radiante, más paneles fotovoltaicos para la producción eléctrica. La aerotermia y la fotovoltaica son la inversión más alta del proyecto, y su rentabilidad depende del uso de la casa y de las horas que pases en ella. Ojo con los números.
La estrategia energética se extiende también a la construcción: se reutilizan las vigas de madera del porche original, se emplea madera de pino europeo en las carpinterías y se recurre a lana de roca, rasilla cerámica fabricada en Mallorca y morteros de cal. Materiales de proximidad, menos transporte y menos huella.
¿Merece la pena rehabilitar en vez de construir?
En Baleares, buena parte del parque residencial de los municipios de interior es antiguo y se ha usado como segunda residencia. La mayoría de estas casas se usaba solo en verano y llega a la obra con humedades y cubiertas sin mantener. Recuperarlas para vivir todo el año no es un capricho estético: es dar uso a lo que ya está construido.
Rehabilitar parte con ventaja frente a la obra nueva. No consume suelo nuevo, aprovecha muros y estructura existentes y conserva el paisaje construido de la zona. Sus límites también son reales: exige mano de obra especializada, plazos más largos y un diagnóstico previo del estado de la estructura y la cubierta. Sin ese diagnóstico, cualquier presupuesto se queda corto.
Si te planteas algo parecido, conviene mirar antes de empezar la obra qué ayudas existen. Las ayudas a la rehabilitación las gestionan las comunidades autónomas, con convocatorias, requisitos y cuantías distintos según dónde vivas. Los detalles se publican en la web del Ministerio de Vivienda y en el portal de vivienda de tu comunidad.
Lo que enseña esta casa de Galilea es más modesto y más útil que cualquier catálogo de soluciones: antes de añadir sistemas, mira de dónde viene el sol, por dónde entra el aire y qué merece la pena conservar.
🏠 Las llaves de la noticia
- 🔑 Qué te importa: Una casa mallorquina de 125 m² rehabilitada para poder vivir en ella todo el año.
- 💡 Por qué te importa: Sus estrategias bioclimáticas se pueden copiar en casa, con presupuestos muy distintos.
- 📊 Apunta estas cifras: 125 m² de vivienda, dos niveles y un muro central de 80 cm. El estudio no publica el coste de la obra.



