La rehabilitación de barrios del grupo Rafalafena Tarongers, en Castellón, ha terminado sin ascensores. Son 300 familias las que se quedan sin el elevador prometido, aunque las fachadas luzcan nuevas. El proyecto europeo salva la eficiencia energética. La accesibilidad, no.
¿Qué se ha hecho con los 7,4 millones del barrio?
El grupo Rafalafena Tarongers nació a mediados de los 70 al amparo de la Obra Sindical del Hogar y acogió a buena parte de la migración interior que llegó a Castellón en el tardofranquismo. Hoy son 20 bloques con 320 viviendas y 40 escaleras, de planta baja y tres alturas, con espacios peatonales y zonas verdes.
La regeneración urbana arrancó en 2022 con la Generalitat y el Ayuntamiento, y 17 millones de euros financiados en un 90% con fondos europeos. Rafalafena quedó primero entre 85 barrios solicitantes; cinco pasaron el corte. A este barrio le tocaron 7,4 millones. Ni uno más.
El documento enviado a Bruselas tenía cinco pilares: aislamiento de fachadas con SATE (un revestimiento exterior que envuelve el edificio para reducir la pérdida de calor), cambio de ventanas y cubiertas, retirada del amianto de los depósitos y un ascensor en cada bloque. Todo para alcanzar el 60% de eficiencia energética.
En 2023 cambió el gobierno municipal y el nuevo equipo prometió en asamblea mantener el proyecto tal cual y asumir el 10% que Europa no cubría. La decepción llegó un año después: el proyecto definitivo, redactado por una UTE por 1,7 millones para los cinco barrios, dejó claro que los 7,4 millones no llegaban a todo.
Se mantuvieron el SATE, las cubiertas y la retirada del amianto, y entró la aerotermia. Cayeron dos piezas: el cambio de ventanas y, sobre todo, los ascensores. Ahí está el nudo: para llegar al 60% sin tocar las ventanas se metió aerotermia, pero se dejó fuera lo que sostiene el día a día.
Renovar un barrio no es solo envolver fachadas: si la obra no te deja salir de casa, la mejora energética se queda a medias.
Qué significa no tener ascensor a los 86 años
Sin elevadores se abre la disyuntiva que ya conocen muchos barrios antiguos de España: mudarse o confinarse. Lo resume Gloria, que a sus 85 años se mueve con andador. 'Ya no tengo edad de mudanza', dice.
Magdalena tiene 86 años, una cardiopatía obstructiva hipertrófica y oxígeno las 24 horas. Desde octubre de 2025 no sale sola a la calle, salvo para citas médicas. 'Me han encerrado en casa', lamenta.
Alberto, de 47 años, vive en un tercero con el brazo izquierdo inmovilizado y una discapacidad reconocida del 73%. El pasamanos está fijado justo en ese lado. Cada subida es una gymkana, y el problema también lo sufren los carros de bebé.
Manolo, de 77, y Josefa, de 70, resisten desde 1977 con barandillas auxiliares en casa tras la hemiplejía de ella. El barrio tiene farmacia, tienda, zonas peatonales, y los niños juegan en la calle. Falta lo básico.
Qué dice Europa y en qué orden se pone la accesibilidad
El programa europeo que canaliza el Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana está volcado en la eficiencia energética de los edificios, y ese requisito condiciona las prioridades de cada obra. Aquí lo ocurrido lo ilustra: el objetivo del 60% de eficiencia energética se alcanzó con aerotermia, mientras la accesibilidad quedó esperando.
La salida pasa por las ayudas de accesibilidad de la Generalitat, a las que apeló el Ayuntamiento durante la visita a las obras. Convocatoria y cuantía dependen de la comunidad autónoma y suelen obligar a adelantar el dinero, algo inasumible en muchas economías domésticas.
Todo esto tiene lectura política. La concejala de Vivienda, Ester Giner, sostiene que los ascensores figuraban en 'una memoria, no en el proyecto final'. La asociación de vecinos, presidida por José Gómez, responde que la documentación enviada a Bruselas iba desglosada hasta el último ladrillo.
Queda una paradoja difícil de digerir: el barrio que mejor puntuó no puede pagar la factura completa de su propia mejora. Mientras las obras energéticas tocan a su fin, las tardes a la fresca y las partidas de guiñote en el bar Alfonso dependen de que alguien vuelva a meter los ascensores en el presupuesto.
🏠 Las llaves de la noticia
- 🔑 Qué te importa: La rehabilitación del Rafalafena Tarongers, en Castellón, se queda sin los ascensores prometidos.
- 💡 Por qué te importa: Sin elevador, vecinos con movilidad reducida quedan encerrados en pisos altos de barrios antiguos.
- 📊 Apunta estas cifras: 300 familias afectadas, 320 viviendas en 20 bloques y 7,4 millones asignados de una inversión de 17 millones, con un 90% de fondos europeos.



