Los cacahuetes son ese aperitivo que se acaba solo y del que nadie espera gran cosa. Pues va a ser que no: un estudio acaba de relacionar los cacahuetes con un cerebro que responde mejor a la insulina.
La clave está en la cantidad y en el tipo de cacahuete. Y aquí empieza lo bueno, porque no vale cualquier bolsa del bar.
Qué encontró el estudio (y cuántos cacahuetes hacen falta)
El trabajo lo firma el NUTRIM, el Instituto de Nutrición e Investigación Traslacional en Metabolismo del Centro Médico de la Universidad de Maastricht, en Países Bajos. Sus autores lo publicaron en la revista Food & Function.
La cantidad que manejan no es ningún secreto de laboratorio. Son 60 gramos de cacahuetes al día, unas dos porciones, y siempre tostados, sin sal y con piel. Nada de bolsas con exceso de sal ni de aperitivos fritos.
El ensayo siguió a 31 adultos sanos de entre 60 y 75 años durante 16 semanas. Un diseño cruzado, aleatorizado y controlado, que en lenguaje de barrio viene a decir: se prueba con cacahuetes, se prueba sin ellos y luego se comparan los dos periodos.
No es magia ni dieta milagro: es un puñado de cacahuetes al día y un cerebro que, con la edad, agradece cualquier ayuda.
¿Y qué pasó? Que tras cuatro meses la respuesta del cerebro a la insulina mejoró en una zona concreta del hemisferio derecho. Hablamos del giro lingual, el hipocampo y los giros parahipocampal y cingulado posterior. Suena a trabalenguas, pero todas esas regiones tienen que ver con la memoria.
La insulina, explican los autores, no solo regula el azúcar. En el cerebro actúa como una señal que ayuda a que las neuronas crezcan, sobrevivan y se comuniquen entre ellas. Con la edad, esa señal se apaga un poco, y ahí está el problema.
La letra pequeña que nadie te cuenta antes de arrasar la tienda
Antes de correr al supermercado, dos apuntes que conviene tener claros. El primero: la muestra eran solo 31 personas. El estudio es sólido, sí, pero pequeño, y hay que leerlo con esa prudencia.
El segundo es el que siempre se escapa en los titulares. La investigación la financió la Fundación del Instituto del Cacahuete, aunque la propia entidad no participó en el diseño, la ejecución ni el análisis de los datos. Que te lo paguen no invalida el resultado, pero es información que el lector tiene derecho a saber. Y ojo, la mayoría de los participantes tiene entre 60 y 75 años.
Mi veredicto: chollo de aperitivo, milagro ninguno
Esto no sale de la nada. En 2025, el mismo equipo ya publicó en Clinical Nutrition que 16 semanas comiendo cacahuetes subían el flujo sanguíneo cerebral un 3,6 % y la memoria verbal un 5,8 %. Dos trabajos que apuntan en la misma dirección empiezan a sonar a algo.
Ahora bien, tomemos perspectiva. Un 3,6 % no te convierte en un genio. Es un empujoncito, no un atajo. Lo que sí me parece un puntazo es que hablamos de un aperitivo barato que ya tienes en el armario y que, con piel y sin sal, suma grasas insaturadas, fibra, proteína vegetal y L-arginina.
¿Merece la pena cambiar el snack de la tarde por un puñado de 60 gramos? Sabiendo que no hay milagros inmediatos, yo lo probaría. Eso sí, sin sal y tostados, como en el estudio. No digo más.
🧠 Para soltarlo en la cena
Cacahuetes tostados sin sal afinan la insulina de tu memoria.



