Hay una nueva especie de cocodrilo extinto en Egipto y llevaba casi un siglo confundida con otra. Parte de la culpa la tiene que al cráneo le faltara la punta del hocico.
Un cráneo sin nariz con nombre de dios egipcio
Los fósiles salieron de la Formación Mokattam, la misma cantera de piedra caliza que se usó para esculpir la Gran Esfinge de Guiza. Ahí se quedaron durante un siglo, sin más preguntas, etiquetados como Tomistoma schlegelii, el 'falso gavial' de toda la vida.
Nadie volvió a mirarlos en serio hasta que entraron en un escáner. Con tomografías computarizadas, el equipo encontró rasgos que no encajaban con el Tomistoma: una cresta elevada alrededor de los ojos, entre otras diferencias. Ahí ya no había vuelta atrás. Era otra especie.
La bautizaron como Herugavialis cairensis, en homenaje a Heru, el dios egipcio. Y aquí llega la coincidencia que nadie esperaba: el cráneo estaba bastante bien conservado, pero le faltaba la punta del hocico, el mismo defecto que luce la Gran Esfinge de Guiza. Ese guiño fue el que empujó a los autores a tirar por la vía mitológica, según apunta Philip Mannion, colíder del estudio e investigador del University College de Londres.
Por qué se pasó un siglo disfrazado de 'falso gavial'
Porque el Egipto de hace 45 millones de años no era un desierto. Aquello estaba cubierto por aguas marinas poco profundas del Mediterráneo, y en ese entorno no vivía solo este animal: había al menos otras dos especies de gaviales compartiendo zona.
Los gaviales son ese grupo de cocodrilos de hocico largo y fino que hoy solo sobreviven en aguas dulces de Asia, con dos especies contadas. Hace 45 millones de años, en cambio, campaban por medio mundo en mares someros.
Lo que llevaba un siglo en un cajón era una especie entera que nadie había sabido ver.
Durante gran parte de los últimos 50 millones de años, la región mediterránea albergó una diversidad enorme de cocodrilos. Esta diversidad subió y bajó al ritmo de la temperatura global y del nivel del mar, hasta que la desecación del Mediterráneo, hace 6 millones de años, se los llevó por delante a todos. Lo explica Paul Burke, autor principal del trabajo e investigador del Museo Sueco de Historia Natural.
Lo que este hallazgo dice de los museos y sus cajones
Aquí está la parte que me parece interesante de verdad. Reexaminar lo que ya duerme en los almacenes sale casi gratis y, con la tecnología adecuada, puede cambiar un catálogo entero. Es justo lo que ha pasado: nadie ha excavado nada nuevo, simplemente alguien volvió a hacer preguntas a un cráneo de hace un siglo.
Y ojo, no es la primera vez que un fósil viejo cambia de identidad. La paleontología avanza tanto en el campo como en el laboratorio, y a veces la noticia no está en la excavación, sino en la revisión. Si el 'falso gavial' del Mokattam ha terminado siendo el Herugavialis cairensis, queda por saber cuántas sorpresas más duermen en los almacenes de medio mundo.
🧠 Para soltarlo en la cena
Un cráneo roto ocultó una especie nueva durante un siglo.



